Smithe

Smithe, arte desmenuzado

Texto: Evaristo Corona
Fotografías: Carlos Álvarez Montero

Smithe no es un artista cualquiera. Su obra está en galerías neoyorquinas y en las calles de México. Atención: apenas está empezando  

Es jueves y hay, por primera vez en dos semanas, un poco de sol en la Ciudad de México. Esos 14 días previos fueron de lluvia e incluso frío. El cambio climático. El artista mexicano Smithe dice que no se enteró. Que él va llegando de Glastonbury en Inglaterra donde formó parte de la avanzada del crew de Mercadorama para quienes diseña carteles de grupos de rock y festivales que lo llevan a dar la vuelta al mundo.

El estudio de Smithe es un espacio muy amplio en la calle 5 de mayo del Centro Histórico. Piso de madera y ventanales que dejan pasar el calor del día. Es oficina, centro de inspiración y showroom de la compañía de ropa Tony Delfino que fundó junto a su camarada Dhear. Dice que es su casa, aunque duerma en otro lado. Apenas estará ahí unos días durante los siguientes meses. La agenda es apretada. Después del Caribe, donde pintará un mural buscando concientizar a los lugareños de que donde viven son sus playas y su cuidado tiene que empezar por los de casa, irá a NY para exhibir en conjunto con el diseñador, también mexicano, Kraken, en Cotton Candy Machine, la galería de la famosa Tara McPherson. De ahí irá a Hamburgo para mostrar su trabajo en Flatstock, la convención de carteles de conciertos más importantes del mundo y, finalmente, a Barcelona, donde también montará una exhibición. “Soy un workaholic y tengo que estar trabajando siempre. Cuando estoy afuera, estoy pensando en esto. En México tengo que hacer Meeting of Styles y participar en Offf, donde voy a dar un taller y estará Tony Delfino. Soy malísimo dando clases. A veces, siento que nadie está entendiendo lo que digo, pero trato de hacerlo didáctico. Como aprendí yo”.

“Siempre estoy buscando cosas nuevas. Trato de evitar fórmulas. Yo me canso y siempre trato de cambiar algo”  
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A sus 26 años, Smithe ha descifrado algunos misterios de la vida y se ha enseñado todo lo que se propuso. Es un autodidacta irrefrenable que ha preguntado, leído, apretado botones y echado a perder. Hoy él es un artista y empresario de tiempo completo, pero su primer trabajo formal fue en una agencia de publicidad, donde trabajaba Kraken, quien fue su reclutador: “En ese entonces, todo lo hacía en vectores y flash. Le enseñé un día mi portafolio a Kraken y el wey pensaba que había estudiado en algún lado… o no se qué pensaba, pero me llevó a DDB. Nunca había agarrado una Wacom, una Mac, ni Illustrator o Photoshop. No llegué como trainee, sino a que me pagaran y esa fue mi universidad. Donde aprendí a golpes. Lo chido es que me hizo hígado. El carácter de defender mis buenas ideas y entender cuáles no llegan a más y poder tomar otro camino. Fueron dos años de aprender, de desilusión y de éxitos”. 

Para ese entonces, Smithe ya era un grafitero conocido en las calles mexicanas: “Por mi hermano, que es dos años mayor, empecé con la pintura. Íbamos a la misma secundaria y él por querer agarrar modita empezó y yo al ver que él lo hacía me pareció políticamente correcto. Él sólo lo hizo durante cuatro meses, pero a mí se me quedó. También tuvieron mucho que ver mis amigos. En la secundaria armamos un grupo en el que todos pintábamos. Empezamos siendo como 15 del salón y luego fuimos cinco, luego cuatro y al final nada más que uno… yo”.

No se necesita tener un ojo entrenado para reconocer su obra. Se puede asociar con la paleta de colores vivos y sólidos que utiliza. También por su tendencia a contar historias a través de la defragmentación de los elementos que usa en cada pieza. Por imposible que suene, completa a sus personajes separándolos. Es parte del nuevo surrealismo de los muralistas mexicanos como él. “Yo siempre trato de apartarme del “kitsch mexa”, aunque en algún momento caiga y no es que quiera pero traes un chip mexicano. Yo no me siento identificado con nadie más, pero sí hay un código visual mexicano en esta onda del círculo neomuralista donde hay cosas como la máscara y los colores vivos. O la técnica, no somos muy precisos, sino más del ‘como sale, así quedó’”.

Entre él y el resto, la principal diferencia yace en el trato de los temas. “Siempre estoy en la búsqueda de cosas nuevas. Trato de evitar la fórmula. Yo me canso y siempre trato de cambiar algo. Un día me pidieron una chamba con esta onda y me gustó. Tengo gusto por la defragmentación y una cosa llevó a la otra. Visualmente a mí me gusta contrastar estructuras que no sirven de nada con rasgos humanos. Si lo ve un ingeniero me dirá que nada tiene sentido. El chiste es que la gente se imagina que un tubo llevará a algo o se preguntará para qué sirve un engrane. Son imágenes para que la gente invente ideas”.

Los intereses de Smithe van mucho más allá del esténcil, el graffiti y el diseño gráfico. En 2006 levantó la compañía Goma Grossa con la que hacía playeras para él y sus amigos. Al lado de Dhear comenzó a generar bullicio, pero el socio capitalista les quiso jugar chueco y prefirieron dar por terminado el proyecto. Dos años después, sin dinero, pero con ganas de tener ropa única y hecha por sus manos, le dieron vida a Tony Delfino, quien a pesar de las leyendas urbanas y las creencias populares no es un sujeto salido del barrio, sino sólo la invención de las mentes de estos artistas. Dentro de poco veremos la colección de invierno y verano para hombre y mujer. Colaboraciones con gente como Ana Victoria Calderón o los nuevos talentos que encuentran a través del internet, una herramienta que usan para comunicarse y aprender, pero poco para difundirse. “Yo creo que si algo es bueno en algún momento va a salir a la luz. Es el resultado del boca en boca”. 

 

Smithe es autodidacta en todo: ha preguntado, leído, picado botones y echado a perder…

La cosa no para ahí, Smithe también aprendió por sí solo a hacer música. Toca los teclados y en el estudio de Manuel Mendoza, vocalista del grupo Camilo VII, ha estado grabando el disco debut de STENDAL, su proyecto más temerario. Es una banda de new wave en español. No es su primer grupo, ya antes había hecho música con Sonido YeYe, bajo el seudónimo (otro más) de Polígono y con el cual incursionó en el house y el techno. Pero la repetición le aburrió y la búsqueda de nuevos horizontes le puede alejar de lo que le ha hecho no sólo famoso, sino una de las grandes promesas artísticas mexicanas. “A mí me gusta y me late cómo suena la banda y me gustaría que pegara pero no sé… me da cosa pensar en eso porque si llegase a ser así debería de darme un año sabático de pintar y dedicarme a Tony Delfino, que es mi miscelanea, lo que me va a dar de comer y a la música que es mucho más sentimental. Es mi bebé. Como mi chamaco. No quiero mezclar cosas”. Smithe tiene que desmenuzar todo para poder entenderlo.

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Desde Tony Delfino a su estudio, Smithe lleva su arte a todos lados.

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10 2014 the red bulletin

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