Chrysta Bell

Chrysta Bell, una verdadera femme fatale

Texto: Arno Raffeiner Fotografía: Aaron Feaver

Chrysta Bell es una misteriosa 
mujer de fama internacional. 
Una presencia hipnótica la acompaña donde quiera que vaya y en sus conciertos habita el espíritu del extraño rey de Hollywood

Chrysta Bell tiene el pelo del mismo color rojo rubí que la sangre recién derramada. Su mirada es hipnótica. Toda ella es un misterio. Su más estrecho colaborador es David Lynch, el director de cine y músico estadounidense que siempre permaneció envuelto en un aire similar de intriga. Lynch produce la música de Bell y una grabación con su voz la presenta en el escenario: “¡Guau! ¡Canta como un pájaro! ¿No es increíble?”.

La cortina de terciopelo púrpura, sobre la que proyectan imágenes en blanco y negro, se infla detrás de ella. Luego, la proyección se detiene y el show es solo de Bell: su voz, sus movimientos de manos teatrales, sus lágrimas. Hay una sensación maravillosamente inquietante donde sea que ella actúe. Su álbum, This Train, es el resultado de trabajar con Lynch por más de una década que incluyó guitarras revestidas con paisajes de nubes, reminiscencias de la época de oro de las divas del jazz, trip hop y blues. La dirección musical de Lynch marca el ritmo: cámara lenta, cámara súper lenta, parada de emergencia.

En el estudio de Lynch en Los Ángeles, como en todos los aspectos de su trabajo, la meditación trascendental crea el ambiente. Toca el bosquejo de una canción, saca de un estuche negro unos papeles con letras y le pide a Bell que se acerque al micrófono. Da instrucciones, del tipo: “¡Imagina que eres un coche deportivo!”. “Él básicamente me nutre”, dice ella. “Ya sea con anécdotas sobre otros temas que no tienen nada que ver, o haciendo -asociaciones con Elvis Presley o Elizabeth Taylor o con un auto clásico o con cierta manera de sentir el aire de la noche. Todo eso es alimento para mi proceso”.

Cuando tuvo lugar la primera de estas sesiones, en 2000, Lynch todavía estaba por lanzarse como músico solista (tras varias colaboraciones, su primer disco en solitario, Crazy Clown, salió en 2011; y el segundo, The Big Dream, siguió en 2013).

Bell era la vocalista de una banda de swing que tocaba en el Continental Club de Austin, en Texas. De niña pasaba mucho tiempo en el estudio de su padrastro y más tarde, en su adolescencia, se convirtió en cantante de sesión.

Trabajó de modelo y después le dio una oportunidad a la actuación, desempeñando un pequeño papel en una película de kung-fu de Jet Li. En 1998 tenía 20 años y su primer contrato discográfico; su agente había organizado una reunión con Lynch para que él pudiera escuchar sus demos. La carrera que Bell siempre había soñado estaba en marcha. “Vivo para estar en el escenario”, dice, “el intercambio con el público, la incertidumbre de si te vas a dar la cara contra el suelo o te elevarás por los cielos, todo eso es muy atractivo para mí”.

“Yo vivo para estar en el escenario. El intercambio con el público, la incertidumbre de no saber si te vas a dar la cara contra el suelo o te elevarás por los cielos, todo es muy atractivo”
Chrysta Bell

Bell tiene la personalidad para llevar esa apariencia y esa voz, dándole a todo lo que hace un toque elegante de oscuridad. Su -bebida favorita es el sake sin filtrar, a su álbum debut de 2010 lo bautizó Bitter Pills & Delicacies y su compañía discográfica, La Rose Noire, tiene una lágrima en su logotipo.

¿Qué es para ella lo que convierte en dulce lo amargo? “He estado con muchas personas a través de su proceso de muerte”, explica Bell, y su mirada no deja lugar a dudas. “Soy buena con la muerte. Para mí, las lágrimas no son necesariamente un signo de tristeza. Yo creo en la reencarnación. Creo que hay ciclos”.

El ciclo actual de Bell se trata de giras. En los últimos dos años se presentó en 27 países. Lo que más le gustaría hacer es dar un concierto semanal en el mismo lugar, de ser posible, en Berlín. El lugar perfecto para alguien a quien se le vienen a la mente las imágenes de esta ciudad en la salvaje década de 1920, una época en la cual las mujeres eran mucho más femmes fatales que cualquier bola de demolición de las que se ven hoy en día.

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05 2014 The Red Bulletin

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