Eréndira Ibarra más sexy y segura que nunca

Eréndira Ibarra, más allá de los límites  

Texto: Rocío Estrada 
Fotografías: Ramona Rosales

Creada y criada por guerreras. Así se define Eréndira Ibarra, la niña terremoto que trepaba árboles e inventaba historias. Ahora, la mujer a quien las etiquetas le quedan chicas. Por eso y más la amamos 

En su infancia sí hubo cámaras, luces, fierros y actores a su alrededor. Su padre, director, productor y corresponsal de guerra, aderezó sus veranos con visitas a los Estudios Churubusco, pero también lo hizo el mar y la vida californiana, al lado de su madre, una mujer libre, de quien aprendió que en la vida se va con las convicciones por delante y que se está para servir al otro.

Así lo vimos cuando la entrevistamos en un cafecito de la colonia Roma en la Ciudad de México, una tarde que fue interrumpida por un chico extranjero que se acercó para decirle que era fan de la serie de Netflix, Sense8, y tímidamente le pidió una foto; y otro que pasaba por ahí, que se detuvo y le mostró un texto sobre la transmutación. “Mi vida está llena de magia”, nos dijo emocionada. Días después en el Hotel Carlota de la Ciudad de México, en el corazón de la colonia Cuauhtémoc, nuestra locación para la sesión de fotos con la actriz, vimos a la Eréndira de sensualidad impactante y nos dejó mudos. Fue entonces ahí que comprendimos su dualidad y su endiablada capacidad de transmutación.

QUÉ DESCUBRIRÁS: 

  • La importancia de chambear recio
  • Por qué al final debemos dedicarnos a lo que siempre amamos
  • El CrossFit puede ser un gran descubrimiento para ver de qué eres capaz y creer en ti
  • Qué enseña la directora Lana Wachowski
  • Lo bonito de que te reconozcan por tu trabajo y no tu apellido
  • Increíble sesión de fotos de la actriz y mucho más
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“Pero los que han trabajado conmigo desde que soy muy pequeña saben que estoy ahí porque me la han puesto difícil, porque he chambeado recio”
Eréndira Ibarra en entrevista y photo shooting para The Red Bulletin

En el Hotel Carlota de la Ciudad de México deja claro sus lados sexy y atlético. Y cómo ninguno parece costarle esfuerzo.

THE RED BULLETIN: ¿Cómo era tu vida antes de las portadas, las series de televisión y todo lo que estás viviendo en este momento?

ERÉNDIRA IBARRA: Crecí con un nombre muy claro que era La niña terremoto. Siempre fui superhiperactiva, me decían La niña arborícola, porque para mí no era importante andar en bicicleta, pero sí lo era treparme a los árboles, ensuciarme y llenarme de lodo. Tuve la oportunidad de vivir en un lugar donde eso se podía hacer. En San José, California, tuve una infancia muy bonita y muy en contacto con la naturaleza, y en mi primaria había un árbol gigante, que era mi castillo. 

¿Cuándo fue que ya no hubo vuelta atrás en la actuación?

¡Perdí un libro de Historia! En la prepa me estaba yendo fatal y no me llevaba con ninguno de mis maestros, excepto con la de Historia. Era una época donde me sentía perdida. Siempre tuve claro que sería actriz, pero el problema era: “¿Quién quiere ser actriz, siendo hija de alguien con un peso tan grande como el de mi papá (Epigmenio Ibarra, productor de Argos Comunicación)?”. Hasta que de repente pierdo mi libro. Llegué llorando con la socia de mi papá y le dije: “¡Perdí mi libro; nunca voy a terminar la prepa!”. Ella me respondió: “¡Ya basta! Si no acabas la prepa ¿qué va a pasar? ¿Por qué no haces lo que siempre has hecho y dejas de ser infeliz?”.

Es fácil pensar que entraste al mundo de la televisión por tu papá. ¿Fue así? 

Para mi papá lo más importante era que yo estudiara antes de poder trabajar y no dijeran que entré por puras “palancas”. Formo parte de la cuarta generación de CasAzul y no fue hasta finales del primer año que se enteraron de quién era. Cuando comencé a trabajar, la exigencia que se me pedía en todas las series, por todos los directores y que sabían quién era, me daba la seguridad de estar ahí porque me estaba ganando terreno. Hice casting para la serie Capadocia y no me quedé con el personaje que buscaba… Nunca han sido personajes dados o regalados.

Siempre te los has ganado…

Y eso es algo que siempre agradeceré y ahora que llego a un lugar y me dicen: “¿A poco eres hija de Epigmenio Ibarra?”. ¡A huevo!, ¡eso es lo bonito!: que después de diez años de carrera la gente se sorprenda de quién soy, pero los que me conocen, los que han trabajado conmigo desde que soy muy pequeña, saben que estoy ahí porque me la han puesto difícil y porque he chambeado recio y las tablas me las gané yo. 

Eréndira Ibarra en entrevista y photo shooting para The Red Bulletin

El ejercicio había estado siempre presente en su vida, pero fue con el CrossFit donde encontró un verdadero sentido.

Ha sido en los últimos años que se te ha notado un cambio radical. ¿Qué motivó esa transformación?

Suena raro, pero fue un momento en el cual me llegó una seguridad que nunca tuve, y fue a partir de que conocí a mi pareja. Esto fue en la segunda temporada de Capadocia. Antes yo me decía: “Nunca voy a ser la protagonista de nada, soy la gordita, la mejor amiga de la protagonista y esa va a ser mi vida”, porque era la forma en la que yo me veía. Siempre he sido muy autocrítica, pero sobre todo muy insegura. A pesar de no parecerlo, fui una niña muy bulleada y lo sufría, porque me hacía ideas en mi cabeza… Gracias a Dios viví una época donde el bullying se acababa: sonaba la campana de la escuela y yo me iba a mi casa, con mi mamá, y estaba en un lugar protegido y amoroso. 

¿Qué te ayudó a sanar?

Al conocer a Fredd Londoño (el entrenador de artes marciales) fue como si llegara de nuevo paz a mi mundo. Esta chamba es muy difícil y muy pesada en cuanto a la cuestión estética, entonces cuando eres forzado a cambiar porque los demás lo quieren, te peleas contigo mismo y es imposible ser la mejor versión de lo que quieres ser. En cuanto me empecé a querer un poco, empecé a sanar cosas y curiosamente mi cuerpo empezó a cambiar, porque yo había creado resistencias al ejercicio, resistencias a comer bien, porque ya me había dado por vencida

  
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“Quizá puede que le miente la madre a mi coach, pero lo hago con gratitud. Si me cuesta trabajo es porque algo en mí se está destrabando”
Eréndira Ibarra más sexy y segura que nunca

La seguridad en sí misma le provocó nuevas oportunidades. Estar abierta a ellas fue necesario para encontrarlas.   

Te conectas con el ejercicio, ¿qué encontraste que te transformó?

Eréndira Ibarra practica CrossFit

Eréndira Ibarra ha sabido encontrar su lugar entre México y Hollywood. Hace unos años hubiera preferido estar simplemente sobre un árbol.  

 Yo me conecté con el ejercicio a través del CrosssFit, porque cambió toda mi forma de ver las cosas. Antes iba y me encerraba cuatro horas en un gimnasio tradicional a ver la tele y a cotorrear, entraba al baño a decir: “Mierda cuatro horas aquí por nada”, y surgía el enojo. Con el CrossFit es estar una hora, me la paso de huevos, tengo una comunidad increíble, además veo resultados casi inmediatos, y como estoy entrenando puedo comer lo que quiera. No la paso mal. Quizá puede que le miente la madre a mi coach de vez en cuando, pero lo hago con gratitud.

Conectas espíritu, mente y cuerpo…

Y eso sucede porque te das cuenta de que puedes, porque no es esta mentalidad que nos persigue toda la vida, la del “yo no puedo”. Pensé que nunca sería capaz y de una hago un Karen, 150 lanzamientos de balón contra la pared, en 15 minutos; se trata de respirar y claro que puedo.

¿Esto fue lo que abrió la puerta en tu carrera como actriz?

Sí, totalmente. Si yo no hubiera entrado a una comunidad no hubiera podido concretar los personajes que logré y no hubiera obtenido muchas cosas, porque no creía en mi capacidad de hacer algo. En cambio, en el momento en que empecé a romper barreras, empecé a romper mis límites y también a darme cuenta de que puedo hacer más, mucho más.

¿Como quedarte con el papel de Daniela en Sense8?

Curiosamente el papel para Sense8 no lo conseguí en Los Ángeles, sino en México. Lo único que sucedió fue lo natural: llegó una oportunidad mayor porque yo ya estaba lista, estaba disciplinada y preparada para recibirla.

Portada The Red Bulletin: Eréndira Ibarra

Vestuario: body de Eva Urias, sudadera y botines de Fenty Puma, traje de baño plateado de Ocelote.
Estilismo: Tino Portillo – Maquillaje: Betty Cisneros – Peluquería: Erick Moreno.

¿Cómo fue el encuentro con Lana Wachowski?

Fue en México donde me dijeron que iba a estar ella y James McTeigue, director de V de Vendetta y Noviembre, películas que marcaron mi vida. Cuando eso pasó, me dije: “Me voy a enfrentar a estas personas y puede que no me quede, porque así es esta chamba. Sueño con lo mejor, pero me preparo para lo peor”. Llegué un poco tarde, estaba nerviosa. Hice la escena, me la corrigieron y me dieron las gracias. Pensé que la había cagado. Me enteré que me quedé un mes más tarde, pero antes, nadie me había dicho que me lo habían dado. Ya en San Francisco, con las pruebas de vestuario, le pregunté a la vestuarista, quien a su vez le dijo a Lana que nadie me había informado, así que ella llegó y me dijo: “Tú eres Daniela, mi Daniela”. Nos abrazamos y lloré, porque fue una de esas experiencias que nunca voy a olvidar.

¿Qué te enseñó Lana?

Lo que me enseñó fue una tremenda lección de profunda empatía, de que sí se puede tener un éxito, de trabajo, manteniéndote fiel a tus ideales, aunque cueste un huevo y medio. Ella lo demuestra, lo ha hecho y si ella es capaz, yo también lo puedo hacer, porque rompió con todo en toda su vida y Sense8 es eso. Me encanta la historia, porque con Las Aparicio intentamos hacer algo parecido, lo logramos dentro del contexto mexicano. En todas las series en las que he participado lo mejor es romper esquemas.

Eréndira Ibarra en entrevista y photo shooting para The Red Bulletin

¡La actriz dejó a todos boquiabiertos con su fuerza!

“Los actores vivimos al límite de la locura. Es algo tan fuerte para alguien muy sensible, pero eso hacemos: aprendemos a buscar en la oscuridad más profunda y en la felicidad más brillante”

Tu personaje de Daniela parece sólo una chica sensual, superficial…

A simple vista, en el primer capítulo dices: “¡Ah! Es una más”, y después te das cuenta de la complejidad del personaje y del amor por la libertad, que siempre ha sido un águila encerrada en una jaula de canario, que lo único que ha buscado toda su vida es ser amada y dar amor; no le importa el género, ella sólo quería que la dejaran de juzgar. Para mí es una Eréndira, y cuando veo al resto de los personajes, digo que nos castearon, porque parece que Lana creó los personajes para nosotros, hechos con el corazón. 

Con ese tipo de personajes corres el riesgo de encasillarte, ¿cómo no hacerlo?

Eso es lo delicado y hermoso de este trabajo. Todos los personajes tienen una parte de nosotros mismos, los construimos a partir de nuestra propia historia, de nuestras vivencias. El trabajo más difícil de un actor es encontrar los diferentes matices que hacen a sus personajes diferentes. Por ejemplo, en papeles anteriores, Eréndira construyó a Mariana, luego Casilda destruyó a Eréndira, pero a través de ella descubrí a mi femme fatale. Yo no me sentía como tal, fue romperme para descubrirla y después ella me sirvió para hacer a Daniela en Sense8

Gemita Samarra, lobo solitario

Y estoy totalmente en paz con mi propia compañía. Hay gente que lucha contra esto, le da terror estar sola. A mí no me pasa". La actitud inquieta de Samarra significa que cualquier cosa que se interponga en su camino -obstáculos, hábitos, incluso personas- la quita rápidamente del medio.

¿Qué esperas alcanzar?

Espero sentirme en paz con todas mis decisiones. Los personajes te dejan cosas que a veces son buenas y, a veces, malas. A mí me gusta pensar que he logrado rescatar lo mejor de mis personajes, pero tengo muy claro que hay algunos que me han dejado cicatrices. Los actores siempre vivimos al límite de la locura y es algo tan fuerte para alguien muy sensible. Aprendemos a buscar en la oscuridad más profunda y en la felicidad más brillante. Así que prepárense, que Eréndira Ibarra hay para mucho tiempo.

  
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01 2017 The Red Bulletin

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