jason clarke

Top Gear

Texto: Andreas Tzortzis
Fotografía: Michael Muller

Jason Clarke ha sido el intérprete de una serie de notables actuaciones en películas, que culmina este mes con Everest. Pero si el estrellato lo llama, no tiene ninguna prisa por ir a su encuentro. ¡Clarke es de estos tipo que disfrutan del viaje!   

El gutural poc poc poc del holgazán motor de 860 hp suena como el hijo de una Harley y un helicóptero Apache, y deja silenciada cualquier cosa que Jason Clarke pueda decir. 

Esta camioneta es diferente a todo lo que el actor –más conocido por sus papeles en Terminator Génesis y La noche más oscura haya conducido antes. Esta máquina hecha completamente de carbono, equipada con un motor de NASCAR y con un estilo onda Mad Max, es diferente a los Porsche y los descapotables Radicals que Clarke suele conducir en su tiempo libre. Sujetado de forma segura con un arnés, aprieta el acelerador y sale hacia una colina polvorienta en el Hungry Valley Recreation Area, al norte de Los Ángeles.

En la cima, Clarke, de 46 años, frena de golpe y hace un trompo. Desciende con la cara blanca como una hoja.

“Me asusté”, dice. “Me quedé como: ‘¡Ohhhh, pisa el freno!’. No veo nada, mucho menos dónde está el camino”. 

¿Alcanzó la velocidad máxima de 254 km/h? Clarke no lo sabe.

“Iba lo suficientemente rápido”, dice, “como para contraer los glúteos”.

jason clarke

Conducir la camioneta Trophy de carbono tuneada estaba destinado a ser todo un desafío. Pero el entusiasta piloto se subió rápidamente.  

En una ciudad que destaca la apuesta segura, el riesgo y la recompensa son la moneda corriente en la carrera de Clarke. El enfoque se adapta bien al afable australiano. Su destino ha sido viajar desde el inicio. El atractivo papel en el drama Generación robada, del director Phillip Noyce, y la exaltada y escalofriante actuación como agente de la CIA en La noche más oscura sólo fueron paradas a lo largo del viaje. Ya ha demostrado su buen aura taquillera con Malcolm, el simpatizante de los simios en El planeta de los simios: Confrontación, y con John Connor en Terminator Génesis, pero es su delicada actuación como el condenado guía de montaña, Rob Hall, en la película Everest, que se estrena este mes, la que podría catapultar a Clarke a la corriente principal y dejarlo en el umbral.

“¿En el umbral de qué? ¿De ocupar el lugar de Robert Downey Jr.?”. Clarke se ríe. “Esa sería una gran actuación, por cierto”.

Está sentado en un banco del parque bajo la luz mortecina de la tarde. La camioneta Trophy está aparcada cerca. Le pertenece a Robert Acer, un misterio de la comunidad del automovilismo, quien ha mantenido su verdadero nombre e identidad encubiertos detrás de un personaje vestido de negro, que nunca se quita su casco al estilo Daft Punk. Un hombre de medios de Malibú, según dicen. No le importaría si Clarke le destrozara su camioneta, siempre y cuando el actor hubiera salido ileso. “No quise decirle esto a Jason”, dice Acer, “pero cuanto más rápido vas, más suave se siente”. 

Everest se estrena el ​18 de septiembre.  

© YouTube / Universal Pictures

Clarke nació en la pequeña Winton, en Queensland. Es hijo de un esquilador de ovejas y de una secretaria de la corte. Como el mayor de los cuatro hermanos, Clarke era el líder en aventuras a través de la impresionante naturaleza del Outback. Pero la atracción de la gran ciudad fue demasiado fuerte.

Comenzó en Sídney, donde se enamoró de la vida de los mochileros que conoció en la cafetería donde trabajaba. Cuando se imaginó que la actuación podría ofrecerle lo mismo, fue a inscribirse en la escuela de teatro.

Luego de años de lucha y callejones sin salida, en la ruina, buscó apoyo en sus amigos. Se preguntaba si esa era realmente una buena manera de vivir.

“Si eso no me hubiera sucedido”, dice Clarke ahora, “me habría ido y hubiese hecho otra cosa. No creo que haya un punto en el que uno se queda rascándose la panza y siendo un actor deprimido o frustrado”.

Entonces, cuando estaba a punto de abandonar a la edad de 33 años, llegó su gran oportunidad con Noyce y Generación robada. Brilló como el agente de policía en el desgarrador drama de aborígenes y su compatriota Noyce, que ya había hecho con éxito el salto a EU, le dijo al oído: “No tengas miedo”. Y Clarke hizo lo que mejor hace. Planeó todo, se imaginó cuánto le costaría y se preparó para la posibilidad de tener que volver sin nada.

“Venir a EU fue algo importante para mí”, dice. “Lo tiene todo. Creo que puse todo en juego. ¿Qué iba a hacer si no me salía bien? No tenía otro plan”.

“Venir a Estados Unidos fue algo importante para mí. Puse todo en juego. No tenía un plan alternativo” 
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Cuando los roles no llegaban, subía al Ford Thunderbird 1989 que se había comprado y se iba al desierto a escalar o de mochilero al norte de California.

Tenía diez mil dólares en el bolsillo cuando aterrizó en LA, estaba dispuesto a seguir hasta que el dinero se agotara.

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“Además de su salud, la posesión más valiosa de un hombre es su palabra”.  

Cuando los roles no llegaban, subía al Ford Thunderbird 1989 que se había comprado y se iba al desierto a escalar o de mochilero al norte de California. “Sentía que al menos estaba haciendo algo… Si no funcionaba, por lo menos había conocido EU”, dice. “El deseo necesita una oportunidad para lograr un impulso. Y hay un periodo en el que intentas encontrar ese impulso, sigues golpeando puertas que nadie contesta. Hasta que finalmente consigues poner el pie en la puerta, asomas la cabeza, haces lo tuyo y te dicen: ‘Es para ti’”.

Ese pie en la puerta llegó con Brotherhood, la serie de Showtime en la que su creador, Blake Masters, eligió a Clarke –un desconocido actor de 37 años– como protagonista. “Esa suerte la tuve un par de veces en mi carrera”, dice. “Con [el director] Michael Mann en Enemigos públicos, con Kathryn Bigelow en La noche más oscura y con Baltasar (Kormakur) en Everest. Hubo mucha presión para lanzar nombres mucho más importantes que yo. Por ejemplo, Christian Bale”. Pero Bale lo dejó y el resto de los nombres, en realidad, nunca existieron, dice Kormakur. “Estaba interesado en alguien que estuviera en ascenso”, dice el director islandés, a quien le gustó la “gravedad” de Clarke en La noche más oscura. “Alguien que tuviera hambre y estuviera dispuesto a acompañarme”. Y Clarke se afirmó a la oportunidad y dio lo mejor de sí.

“Aprendes en la escuela de teatro, pero también aprendes viajando con una mochila”, dice Clarke. “Tienes que lanzarte a la aventura. Yo viajé mucho de mochilero. Si viajas por China y no comprendes dónde tienes que cambiar tu dinero, ¿qué vas a hacer? Tienes que ir y encontrar dónde está el lugar o la persona que te puede ayudar. Igual que hace un actor en su trabajo”.

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No todos los saltos fueron intencionales. El par y la potencia de la camioneta Trophy tomaron a Clarke por sorpresa un par de veces.  

Hace unos años, en Navidad, el elenco del Everest estaba filmando escenas en los estudios Pinewood, cerca de Londres, cuando una tormenta azotó a Irlanda y Escocia. Clarke, el guía del Everest en la vida real y el consultor Guy Cotter subieron a un avión y se dirigieron al norte hasta Ben Nevis, a 1,300 m, en las Tierras Altas de Escocia.

“Esa noche, y esos dos días en los que estuvimos escalando y haciendo rappel bajo la tormenta, sirvieron para experimentarlo todo”, dice Clarke. Quería entender cómo los pequeños detalles –como la pérdida de un guante o un comienzo tardío– podían condenar a una expedición, como le pasó a Rob Hall en 1996, en el famoso ensayo de Jon Krakauer, Into Thin Air.

“No hubo nadie como Jason”, dice Cotter. “Pasábamos horas revisando libros, comparando informes y discutiendo hasta los detalles mínimos”.

Para Cotter, que en 1992 era sólo un joven que se incorporó a la compañía de Rob Hall, Adventure Consultants, la idea de hacer una película sobre su buen amigo era algo preocupante. La tragedia de 1996 en la que ocho escaladores –incluido Hall– perdieron la vida al ser sorprendidos por una tormenta, fue un hecho traumático que resonó más allá de la comunidad de escaladores.

“Había muchas probabilidades de que la hicieran muy ‘Hollywood’”, dice Cotter. Pero Kormakur y Clarke le pidieron que se uniera a la producción. Se convirtió en el tutor de Clarke en todo lo referido a Hall, lo llevó a escalar en las montañas de su nativa Nueva Zelanda y en el glaciar de Tasman.

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A punto de darse por vencido, Clarke consiguió su primer papel importante. Unos meses más tarde, tomó el riesgo y se mudó a Los Ángeles.

En Nepal, cerca del campamento base del Everest a 5,370 metros, Clarke se fastidió con Cotter: ¿Cómo me voy a mover con esta cantidad ínfima de oxígeno? Y, ¿cómo me voy a comunicar con el equipo? Y luego pasó lo del yak.

Hay una escena en la película, donde una manada de bestias cruza un puente. Kormakur pidió hacer unas tomas y los yaks se enojaron. “Se podía notar que se estaban poniendo furiosos”, dice Cotter. Uno inició una estampida y Clarke, junto al coprotagonista Josh Brolin, lo agarraron por los cuernos antes de que empujara a alguien por el acantilado. Este es el tipo de anécdotas que dice todo sobre Clarke.

El paseo del día ha llegado a su fin y Clarke baja de la camioneta con los lentes de sol aún puestos, sin el casco. Conversa brevemente con los chicos del catering, que están reclinados bajo la sombra huyendo de los 30 grados de calor, con el encanto de su sutil acento australiano. Sin embargo, en lo alto de la escalera de las celebridades esto es algo que necesita, Clarke quiere asegurarse de que nunca se convertirá en una estrella altiva: “Me gusta mi vida, me gusta conocer gente nueva”.

“Lo aprendes viajando de mochilero. Tienes que lanzarte a la aventura. Ese es tu trabajo como actor” 
Jason Clarke
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La preparación de Clarke para sus papeles deriva de una curiosidad incesante sobre el mundo.  

Este verano pasó unos meses en Tailandia por una película. Luego voló a Praga para interpretar a un despreciado líder nazi en una película de la Segunda Guerra Mundial. Cada viaje es otra oportunidad para descubrir un poco más el mundo. Recientemente se convirtió en padre y ahora también el legado está en su cabeza.

“Estoy escuchando otra vez El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, por una película que voy a hacer”, dice. “Y tiene una cita: ‘Además de la salud, la posesión más valiosa de un hombre es su nombre’, o su palabra. No quiero dejarle a mi hijo cientos de millones de dólares. Tiene que encontrar su propio camino. Sé que él tendrá sus propias aventuras”.

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10 2015 The Red Bulletin

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