Travis Fimmel

Travis Fimmel: un hombre con una misión

Texto: Justin Monroe 
Fotografía: Michael Muller

Travis Fimmel pasó de modelo de ropa interior a estrella de TV y de ahí a protagonista de la película taquillera Warcraft, todo con una meta específica en mente. Pero ese sueño involucra un rebaño de ganado, no un mar de fanáticos

“Dios mío, debí pensar en esto”, se dice Travis Fimmel a sí mismo. Pero el momento de reconsiderar ya pasó. Por primera vez en su vida, vuela solo sobre la costa de Irlanda en una pequeña avioneta Cessna bimotor. Durante una pausa del rodaje de Vikings, la serie de History Channel donde interpreta al rey Ragnar Lothbrok, el actor australiano obtiene su licencia de piloto y luego de siete horas y media de entrenamiento en cinco días, su instructor se sale del ¡avión en tierra y se lo dice: “Adelante”. La mentalidad australiana de Fimmel no le permite retractarse ante un desafío. Para evitar echarse para atrás, despega tan pronto como puede. 

Desde el aire, la tarea de aterrizar le llena de pavor, más de lo que lograron asustarlo el saltar en bungee o hacer skydiving. Usa el radio para reconfirmar y pedir recordatorios, pero no obtiene respuesta. Intenta de nuevo. Silencio. “Idiota”, le dice Fimmel al instructor, seguro de que está muerto de risa. Por un instante considera bajar el avión al mar, creyendo que será un aterrizaje más suave, pero no es un buen nadador y decide que sus oportunidades de supervivencia podrían ser todavía menores en agua helada. Estresado y sudando a mares, se alinea con la pista de aterrizaje. Cuando está a 15 metros, su instructor finalmente rompe el silencio radial… Tan sólo para molestarlo: “¡Oh, oh! ¡No te estrelles!”.

Cuando las ruedas tocan por fin tierra, Fimmel se emociona tanto que se olvida de dirigir con los pedales en sus pies y acaba con el avión fuera de pista. Recuenta la historia desde la seguridad de un sillón acojinado en un pub irlandés en Santa Mónica. Viste una sudadera desgastada con una playera que se le alcanza a asomar, algo fachoso, con una vibra grunge.

Travis Fimmel

La cara de uno al que le dicen que si no sigue los protocolos para saltar, se quedará sin pelotas.  

Su estilo es lacónico; sus remates, sarcásticos. “A menos que viajes o intentes algo nuevo o salgas de tu zona de confort, simplemente envejeces”, dice Fimmel. “Bueno, la gente normal puede hacer todo eso. No es que ahora quiera ser un quarterback en un equipo de la NFL. Si alguien puede hacerlo, entonces siempre creo que también puedo hacerlo”.

A los 36 años de edad, Fimmel, que creció con sus padres y dos hermanos mayores en una granja lechera de 2,200 h en el pequeño poblado de Lockington, Australia, intenta hacer algo muy lejos de su zona de confort. El exmodelo de ropa interior de Calvin Klein, que obtuvo muchos papeles variados en TV y cine antes de destacar como protagónico en Vikings, en 2013, entra al mundo de los filmes taquilleros de verano con Warcraft. 

Protagoniza la historia épica de fantasía que depende en gran medida de imágenes creadas por computadora (CGI, por sus siglas en inglés) y se basa en el videojuego que consiguió tener 12 mill. de suscriptores en su mejor momento y más de 100 mill.de cuentas a lo largo de la vida de World of Warcraft, de 2004.

“No me siento en mis laureles. Veo qué quiero ser y no me quedo feliz hasta que lo logro” 
Travis Fimmel

Travis Fimmel no es un gamer, ni había escuchado de Warcraft antes de aceptar la participación en la adaptación al cine. En cambio, ofrece una explicación simple para su interés en la historia del origen del conflicto entre civilizaciones de orcos y humanos : “Necesitaba el trabajo”. “No tenía idea de en qué me metía”, dice Fimmel al respecto de la experiencia de usar la pantalla verde. “Es tan diferente de actuar, a veces no hablas con gente. De hecho, hablas con la nada. Definitivamente apesto haciéndolo”.

La autocrítica es un tema recurrente en él. Redirige cualquier alabanza que le llega hacia sus coestelares, directores y productores. También saca a la luz la presión por crear una carrera en este negocio. No es nada diferente del resto de actores. Su única diferencia es que él cuenta con un plan para acompañar esa humildad: trabajar más que todos y pensar siempre a largo plazo… y en regresar a su granja de ganado.

No te pierdas este video exclusivo del reportaje. 

Cuando Fimmel vuelve a casa en Lockington, su pueblo con un único pub, regresa a sus viejas rutinas. Ayuda a su padre, que ya está en la parte alta de los sesenta y tantos y trabaja en la granja familiar como cuando era niño. Sólo que ahora, mientras se esfuerza de sol a sol, siete días a la semana, pide realizar las labores físicas más demandantes de todas. Sus hermanos mayores trabajan en minas en Australia Occidental y siente culpa de no estar en casa para ayudar con más frecuencia a su cada vez más viejo padre.

Travis Fimmel

Entre las ventajas de actuar están los saltos bungee gratis. Fimmel necesitó 15 de esos para la toma.  

Fimmel siempre contribuyó por gusto, ordeñando vacas antes y después de ir a la escuela, trabajando los fines de semana luego de hacer deporte… Aun si dichas labores nunca acababan, era satisfactorio completarlas y la vida en el mundo salvaje estaba llena de aventuras.

Travis Fimmel

No pudo ser: Fimmel quería hacer saltos bungee desde un helicóptero, pero se conformó con un puente.  

Cuando no trabajaba, paseaba en moto o esquiaba, hacía wakeboarding o pescaba en el lago cercano, donde veía canguros, aves, serpientes y ornitorrincos. Para combatir el aburrimiento, los hermanos Fimmel jugaban a Tractor Idol, cantando el mismo verso de una canción por horas y horas o hasta inventando nuevos versos, mientras discutían sus elecciones de canciones a través de un radio CB. 

Ese lugar idílico es el objetivo a largo plazo de Fimmel. Planea juntar suficiente dinero para dejar de actuar por completo y comprar una granja ganadera al norte de Australia ahora que todavía es joven para trabajarla. Quiere educar a sus hijos ahí y transmitir su amor y sabiduría de la vida de granja a la siguiente generación. No hay cómo idealizar la deuda que llevan a cuestas granjeros trabajadores como su padre: las fallas constantes en el equipo, las desmañanadas y las desveladas en lo que puede resultar un trabajo tedioso.

“A menos que viajes o intentes algo nuevo o salgas de tu zona de confort, sólo envejeces” 
Travis Fimmel

“Enloquece un poco” cuando no trabaja –y no, nunca ha considerado que posar para fotografías sea “trabajo”– pero no lo es todo esforzarse. La recompensa es poder ver los resultados de su esfuerzo: terneras paridas, motores reparados y rejas levantadas. “Me encanta construir, dejar cosas que no estaban antes y ahora están ahí. Con tantos trabajos, no hay nada para comprobar que tú lo hiciste. Tal vez haya papeleo, pero a mí me gusta poder caminar y decir: ‘Eso lo hice yo’”.

Sus amigos y parientes que comparten esa mentalidad siempre aprovechan para molestarlo con su profesión actual. “Me desilusionaría que no lo hicieran”, dice. “No es la carrera más varonil del mundo. Siento mucho más aprecio por un tipo que puede construir una casa”. 

Travis Fimmel

Saltando desde el Bridge to Nowhere, a 35 m de altura, en la sierra de San Gabriel, California.

No es de sorprender que los ídolos de Fimmel en el mundo de la actuación sean tipos como Paul Newman y Daniel Day-Lewis, artesanos que buscaron sus pasiones más allá de su profesión. Day-Lewis lo hizo en grande, al anunciar en 2013 que se tomaría una pausa de la actuación para trabajar en su granja en Wicklow, Irlanda, y aprender mampostería.

“Es muy inteligente, eso se nota”, dice Fimmel de Day-Lewis, a quien conoció cuando trabajaba en la comedia romántica Maggie’s Plan con la esposa del actor, la escritora y directora Rebecca Miller. 

Travis Fimmel

No hay recepción de celular en estos lugares, lo que le parece perfecto al granjero australiano.  

 “Es como, Dios, este tipo tiene una gran presencia”. Existe la presencia, pero está también el esfuerzo que eso conlleva. Si Fimmel y su personalidad relajada no están dispuestos a admitir la responsabilidad de la primera, sin duda entienden la segunda.

“Siempre ves a gente que se queja de su carrera y sabes que es porque no se han esforzado lo suficiente”, dice Fimmel en el bar, con una lata de Bud Light en la mesa. “‘Ah, no nos dan la oportunidad’, me dicen… Fui a clases contigo. No te quedaste todo el tiempo, no asististe a clases extra.

Crecí esforzándome y nunca quise culpar a alguien más si no me resultaban las cosas. Trabajo duro con orgullo y quiero ser bueno en lo que hago. Mi pasión es una especie de pasión-orgullo. Trabajaré más que cualquier otro. Para mí, tienes que ser realmente bueno para enorgullecerte de ti mismo. Soy honesto conmigo. No me conformo. Sucede con todo. Me esfuerzo. Veo qué quiero ser y no me quedo tranquilo hasta que lo logro”.

“Crecí esforzándome y nunca he culpado a nadie más si no me resultan las cosas” 
Travis Fimmel

Una sensación de importancia enfatiza su estilo casual. Quiere el éxito porque quiere el idilio que este puede proveerle. Por lo tanto, Fimmel se esfuerza en las arenas movedizas de Hollywood de la única manera en que él sabe hacerlo.

Así, acepta papeles, se arriesga y mantiene sus ojos siempre en busca de la oportunidad que lo lanzará a una estratosfera distinta y con su mente fija en una granja al norte de Australia.

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“Siempre ves a gente que se queja de su carrera y sabes que es porque no se han esforzado lo suficiente”, dice Fimmel.

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06 2016 The Red Bulletin

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