The Wanton Bishops

Viajeros del blues

Texto: Andreas Tzortzis 
Fotografías: Balazs Gardi

¿Qué sucede cuando una banda de blues libanesa viaja alrededor de medio mundo para llegar hasta el corazón de la música que aman?  

A lo largo de la acera, frente a los bares con música en vivo de Frenchmen Street, en Nueva Orleans, los últimos borrachos del largo fin de semana pasan zigzagueando. Piden cigarrillos, hablan a gritos y no quieren ni pensar que la noche terminó.

Se abren paso entre un tipo barbudo y tatuado que fuma un Marlboro y forma parte de un grupo de jóvenes. Nader Mansour, graduado en finanzas y líder visceral de una banda de blues libanesa, está haciendo chistes en árabe y en inglés y mantiene un ojo en el tipo que les está haciendo camino para ingresar al antro. Muy cerca de él está su compañero de banda Eddy Ghossein, que con su peinado moderno y saco estilo Nehru parece que ha salido de la portada de un disco de la década de los años 60. Juntos son los Wanton Bishops y han pasado la última semana recibiendo patadas en el trasero. 

“Necesitábamos una patada”, dice Mansour. Ser la banda de blues número 1 entre el pop cursi y el heavy electrónico de Beirut es una cosa. Ser una banda de blues en el país en el que nació el blues es algo completamente distinto. “Aquí todos tienen un nivel muy alto”, continúa. “Ya tenemos el trasero rojo”.

The Wanton Bishops

Nader Mansour (de pie) y Eddy Ghossein de los Wanton Bishops.  

Pero justamente ese era el objetivo del viaje. Compañeros de banda desde hace cuatro años, ambos han pasado sus 30 y pico de años en este mundo sin llegar a conocer el país donde nació la música que aman. Ahora están en un viaje de descubrimiento desde Austin hasta Nueva Orleans, pasando por Jackson y Clarksdale, en Mississippi, antes de aterrizar en un estudio en Memphis.

Ahora están en un viaje de descubrimiento y comprensión musical que lleva los mismos gemidos y lamentos de la esclavitud, los estridentes riffs de guitarra y el ritmo primitivo de la condición humana.  


El objetivo principal era comprender la música que lleva los mismos gemidos y lamentos de la esclavitud, los estridentes riffs de guitarra y el ritmo primitivo de la condición humana. El blues, en otras palabras, un género que han estudiado con libros, grabaciones, clases de música, que ya conocían bastante como para grabar un álbum, que fue lo suficientemente bueno como para atraer a fans de toda Europa. Pero no entendían realmente la música que tocaban. Y ahora están aquí, sentados en una habitación contigua al escenario del d.b.a. Lounge, en la Frenchmen Street.

En el escenario Glen David Andrews, parte de la dinastía musical de la ciudad de Nueva Orleans, está convirtiendo los éxitos actuales en ondulantes líneas de funk. Su potente voz de barítono y los magníficos solos de trombón hacen que los felices habitantes del lunes por la noche griten entre las canciones las típicas exclamaciones de Nueva Orleans.

Mansour sopla en cada una de sus tres armónicas para afinarlas. Ghossein arrastra los pies por la habitación. Esta noche van a tocar funk por primera vez y se lo cuentan nerviosamente a Andrews. 

“Sleep With The Lights On”

Con su primer álbum y el explosivo video de “Sleep With the Lights On”, consiguieron muchos fans y conciertos en toda Europa.  

“¡El lenguaje es universal!”, les dice Andrews saludándolos al retirarse. Entonces llega el momento de subir al escenario. La primera canción tienen que hacerla sin el solo de armónica, ya que por falta de comunicación el instrumento de Mansour está en otra tonalidad. Pero los jóvenes de Beirut se relajan un poco con el solo de guitarra de 12 compases de Ghossein. La voz de Mansour en el clásico del legendario Junior Wells, “Messing with the kid”, provoca gritos de algarabía en la audiencia y Andrews dibuja un gesto de aprobación en su rostro. Después le echa una mirada a su saxofonista, como diciendo: “Bien, esto está sonando”. Con el segundo tema acaparan la atención de la muchedumbre. Y cuando el caos de funk, blues y góspel es reconocido con un fuerte aplauso, Andrews exclama fuertemente: “THE BISHOPS WONTON!”

No lo pronuncia del todo bien, pero no les importa demasiado a ninguno de los dos. Después de muchos años pudieron al fin medirse con verdaderos músicos de Nueva Orleans y lograron hacerlo muy bien. Fue un buen recordatorio para Mansour. “Just shut the f*ck up and play” (sólo cierren el hocico y toquen), les dijo Andrews. “El blues no es matemáticas. Si piensan demasiado, van a hacer algo mal”.

Glen Andrews

En una iglesia de Nueva Orleans, improvisando con un músico del lugar.     

La Highway 55 bordea el Lago Pontchartrain y su intrincado pantano, antes de entrar en el serpenteante y lento camino a través de los bosques rumbo a Jackson. Esta carretera está repleta de paradas de camiones y de las limpias  fachadas de las corporaciones de las megaiglesias: una iglesia pentecostal por aquí y una más adventista por allá. Casas quemadas se esparcen por las calles residenciales y también varios frentes vacíos de lugares de pollo frito, que adquieren franquicias que luego no volverán a reabrir nunca, así como pequeños mercados despojados por los grandes almacenes.

En un camino tranquilo y bien cuidado –que resulta ser el Cedars of Lebanon Avenue– ambos se encuentran con Vasti Jackson, un consumado músico que viaja extensamente por EU y el extranjero. Este músico de 52 años es tan elocuente con la historia del blues, como experto en sus matices musicales. Los tres se sientan en la casa del periodista Charlie Braxton y discuten sobre los cambios en el estilo musical, desde el blues más rítmico del sur de Nueva Orleans liderado por la batería, a través de los sonidos más lentos del góspel en el centro del Delta, hasta el blues eléctrico de Chicago.

“Me gusta hablar del blues y su éxito”, dice Jackson. “De la lucha y la rebelión que encierra. Es una forma de arte derivado de una necesidad de vida y el hecho de tener que navegar en la opresión”.

A pesar de no haberlo dicho, Mansour y Ghossein pensaron en cómo serían recibidos por tipos como Andrews o Jackson. Después de todo, con pocos años tocando juntos, los Wanton Bishops ya habían experimentado un nivel de éxito que varios de los que trabajan duro aquí nunca han alcanzado: conciertos con entradas agotadas en su país, invitaciones para tocar en Suecia, Turquía y en el Festival de Música de SXSW en Austin.

“Las madres no son amantes de la incertidumbre… Y la vida del artista es incierta”
Nader Mansour
Bayou

Cruzando el Mississippi, la ruta que The Wanton Bishops buscaban.

Ahora están aquí, en el enorme patio trasero de la casa de Braxton, tocando con un bluesero de quinta generación y esforzándose por encontrar su ritmo y su historia en las simples progresiones de los legendarios 12 compases. A instancias de Jackson, Ghossein toca en la guitarra la melodía de una vieja canción del medio oriente, con sus inquietantes acordes menores. Inmediatamente Jackson la tomó y la hizo suya. Los semitonos de la canción árabe los transformó en tonos enteros, haciendo música de un lugar lejano pero con un toque de blues. Su estilo era una idea de cómo los Wanton Bishops podrían hacer blues a su manera. 

“Esta noche iremos a ver a Vasti, ayer vimos a Glen David”, dice Mansour en el restaurante de comida sureña. “Nosotros realmente todavía no estamos en ese nivel como músicos. Nosotros lo intentamos y somos honestos con lo que hacemos. Si a la gente le gusta, es maravilloso. Trabajamos en mejorar cada día, pero no tenemos la pretensión de representar a alguien o algún lugar en particular”.

“Me gusta hablar del triunfo del blues. De la lucha y la rebelión que encierra”
Vasti Jackson
The Wanton Bishops

Sentados en el patio trasero de Vasti Jackson: un bluesero de quinta generación y educador de Jackson, Mississippi.  

Tal vez sea porque en su país no es aceptada la música que ellos aman. En la Beirut devastada por muchas guerras, se ha intensificado la sensación de necesitar seguridad, de aversión al riesgo. Los hijos e hijas de la clase media y alta estudian derecho, medicina y finanzas y tan pronto como pueden hacerse con un visado, se van a Europa o a Estados Unidos para estudiar y trabajar en lugares con más oportunidades. Mansour dice que el título de finanzas que hizo en Francia tranquiliza a su madre, porque sabe que su hijo músico de jazz tiene algo con qué contar en caso de necesitarlo. “Su madre piensa igual que mi madre o que cualquier otra madre porque estuvieron en la guerra”, dice Ghossein, que ahora tiene 30 años. “Ellas vivieron cómo la gente en la calle puede terminar muerta fácilmente por culpa de la guerra. Si tienes un buen título, es como tener un pasaporte”.

“No son amantes de la incertidumbre”, agrega Mansour, que cumplió 31. “Y la vida del artista es incierta”.Pero en cualquier caso es una elección. Ghossein la sintió desde muy temprana edad, cuando vio a un músico de blues tocando con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás y supo que quería hacer lo mismo. Mansour llegó un poco más tarde a la misma elección, cuando estando en París agarró la armónica después de escuchar la canción de The Doors “Road House Blues”. Cuando regresó a Beirut, Mansour comenzó a organizar sesiones de improvisación en el Bar Louie, ahora ya desaparecido. Allí conoció a Ghossein y se hicieron amigos.

The Wanton Bishops

El viaje fue de vital importancia para que los Wanton Bishops conozcan los sabores y los sonidos que crean el blues.  

A tres años y 6,667 millas de distancia de aquel momento, ahora se encuentran en el restaurante más popular de comida sureña de Jackson, reflexionando sobre lo que los cautivó del blues. “No es música pretenciosa”, comenta Ghossein. “Es limitada musicalmente y en el marco de esas limitaciones tienes la posibilidad de expresar muchas cosas”. Después de terminar su primer plato de chícharos se detienen a pensar por un momento: “Está bien poder platicar sobre blues”, continúa. “En nuestro país no puedes entrar a un bar y hablar de blues”.

The Wanton Bishops


Esta noche tienen un concierto en el CrossRoads Bar & Lounge. El club está literalmente del lado equivocado de las vías del ferrocarril. Cerca de una hora antes de su presentación, Mansour pasea nervioso, molesto de que solamente un puñado de personas se han acercado al lugar. El control absoluto del hip hop en la cultura joven ha dejado al blues en segundo plano, aun en su lugar de nacimiento.

Finalmente Ghossein y Mansour y sus dos músicos acompañantes se suben al escenario y empiezan con una progresión estándar de un blues de 12 compases.
Inmediatamente consiguen que unos cuantos asientan con la cabeza y arrancan varias sonrisas. Van aumentando el volumen poco a poco, Mansour hace un par de solos de guitarra y después toma el micrófono: “Somos los Wanton Bishops, de Beirut”, dice. “Esperamos que les guste. Si no… tenemos a Vasti Jackson para que suba al escenario y acabe con todo”. 

Resplandeciente, con una camiseta bordada y sombrero de fieltro, finalmente Jackson comienza a tocar desde la parte de atrás del escenario. Se extiende en solos de varios minutos y se mueve entre las mesas. Una pequeña mesa con gente blanca, que incluye al exbaterista de la banda Chicago y a un senador del estado de Mississippi, que normalmente está borracho y se muestra muy entusiasta.

Y los Wanton Bishops están a la altura. Particularmente la armónica de Mansour está sonando muy inspirada. Y Ghossein, que secretamente odia los solos, toca algunos muy buenos a pedido de Jackson. La multitud nunca se materializó, pero los que estaban lo gozaron. “No faltó nada”, dice el promotor de música local James Dixon. “El que toca la armónica es increíble. Toca tan bien como Vasti toca la guitarra. Eso me sorprendió. Y Eddy parece uno de los Beatles, pero toca como si fuera de la banda de Chuck Berry”.

The Wanton Bishops

Ghossein escucha los elogios y sus ojos se abren de par en par: “¿En serio?”. Al día siguiente los espera la carretera de dos carriles que cruza los viejos campos de algodón de Mississippi hasta llegar a Clarksdale, lugar donde John Lee Hooker y Muddy Waters aprendieron su oficio. Mansour narra cómo los cambió el viaje. “Ahora somos legítimos cuando cantamos acerca de las vías del tren”, explica. “Si escribo una canción sobre un viaje de Nueva Orleans a Mississippi… yo lo hice. No soy un libanés inventando. Puedo escribir sobre los lugares donde estuve”.

 

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03 2015 The Red Bulletin

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