DC a bordo del GT

Texto: Werner Jessner
Fotografía: Bernhard Spöttel

510 hp, un 13 veces ganador de Grand Prix, 4.32 km de un distinguido circuito, cuatro horas para jugar en total libertad: David Coulthard aprieta las espuelas del AMG GT en el Red Bull Ring, en Spielberg. ¡Y cómo! 

David, ¿qué conduces en tu vida privada? “El último coche que me compré es un Smart, en la versión deportiva Brabus. Es práctico, fácil de estacionar, perfecto para llevar a mi hijo de seis años a la escuela. Además todavía tengo el Mercedes SL 280 celeste, que alguna vez me pude comprar cuando era un joven piloto”. Uno se sorprende por la modestia, pero también tiene otros: “En mi casa de vacaciones en Suiza tengo un Mercedes clase M. Ya tiene ocho años, pero no veo ninguna razón para cambiarlo. Todavía funciona todo perfectamente”.

En la mañana, al escocés David Coulthard lo espera un AMG GT blanco con una velocidad máxima de 310 km/h, un coche que hasta ahora aún no existe oficialmente. Sólo espero que el clima sea agradable, nos dice.

Durante la noche llovió, el asfalto del Red Bull Ring se seca lentamente. Ahora nada de apuros, hay que dejar que el sol de Estiria haga su trabajo. “Este coche va a hacer pensar a muchos de los que hasta ahora conducen el Porsche 911. BMW, Audi, Porsche y Mercedes AMG se distinguen por construir coches que sirven tanto para un circuito de carreras como para el uso cotidiano. Este es el trabajo más difícil”.

El lector reconoce el testimonio maduro de un hombre, que en su pragmática flota privada no tiene lugar para coches deportivos. La sorprendentemente explicación es lógica: “Soy uno de los pocos pilotos que tuvo el privilegio de correr en la Fórmula 1. Y la F1 es la liga mayor. Por eso es que conducir rápido en la calle no es algo que me divierta. Para un coche como el AMG GT, yo tendría que tener un circuito privado detrás de mi casa. Pero yo vivo en Mónaco, por eso tengo un Smart”.

 

Ten cuidado si aparece este animal en tu espejo retrovisor.

Poco a poco, el Red Bull Ring se está secando. David se mete en la cabina. Se orienta brevemente y ajusta el asiento desde el volante que está forrado en cuero y aplanado por la parte inferior para conseguir un control perfecto al doblar al máximo. Se reconoce la solvencia al ver sus brazos extendidos sobre el volante. Finalmente, una pulsación en el botón de encendido de la consola central despierta el motor V8. Suena ahogado, obedientemente contenido, con una violencia reprimida. Un hombre, un motor: cada unidad motriz del AMG es ensamblada de principio a fin por una sola persona. En este caso se trata de Jens Müller, sin duda un genio. Datos técnicos: versión S, con 510 hp en lugar de los 462 habituales. Si algo anda mal, el cliente debe decirlo, con el fin de dar la información antes de que el Sr. Müller firme la tapa de carbono del motor. 

Un interruptor junto a la rodilla derecha permite la elección de cuatro ajustes diferentes: Individual, Controlled Efficiency, Sport o Sport Plus. Dadas las condiciones de humedad David se decide por el Sport, ya que las características del motor y la transmisión no son tan agresivas como las del Sport Plus y el tren de conducción no es tan directo. El Red Bull Ring es conocido por buscar a sus víctimas también entre los mejores. Y con un coche nuevo que en realidad todavía no existe y que cuesta una suma de seis cifras uno ni siquiera se plantea la pregunta: “Cuando tienes 16 años y dejas el coche hecho chatarra, se dice: ‘Bueno, hizo lo mejor que pudo hacer’. A los 43 años no tienes más excusas”.

Cuando David Coulthard salió desde la calle de boxes, enseguida quedó con el coche cruzado y tuvo que enderezar los 1,570 kg de peso vivo con un rápido golpe de volante. “Sí, el piso de la pista entera está condenadamente resbaladizo”. 

David Coulthard Mercedes AMG GT

“Cuando tienes 16 años puedes hacer chatarra un coche. A los 43 años no tienes más excusas”, dice David Coulthard.

Desde la perspectiva interior, el largo capote sólidamente construido en la parte delantera de la cabina tal vez sea la diferencia más notable con el Porsche 911. El AMG GT se lanza cuesta arriba por la curva Remus, mientras David tira cambios con las levas de cambio secuencial a la derecha del volante: “No es tan rápido como un Fórmula 1, pero está a años luz de cualquier coche con cambio de marchas manual. Te puedes concentrar en la línea de conducción totalmente”.

Sin embargo, es extraño. David va exactamente por donde un profano NO iría jamás. “Esta es la línea cuando hay lluvia. La abrasión de las gomas hace que la línea ideal en condiciones difíciles sea casi intransitable. Es mejor ir por aquí ahora”.

“La abrasión de las gomas hace que hoy sea casi intransitable la línea ideal”
David Coulthard

DC ilustra lo que quiere decir. En la recta llamada Schönberg, conduce el AMG GT por donde ‘Juan Piloto’ también lo haría. Una mirada al velocímetro muestra 240 km/h. Ahora va cuesta abajo hacia la curva Schlossgold. Allí David dice absolutamente relajado: “Aquí si pierdes el agarre del tren delantero cuando frenas, vas a parar directamente a la grava”. Y lamentablemente, esto es justo lo que ocurre ahora. Pero porque esa era la intención, frenamos –aparentemente fuera de control– saliéndonos de la línea ideal de la pista mojada. En el asfalto virgen, el coupé recupera su posición. A los profesionales les alcanza con una maniobra para darle un cambio rápido de dirección al coche. Cruzamos de nuevo la línea ideal y encontramos nuevamente el agarre bien por fuera de la curva, sobre los pianos. Y entonces sí el coche dobló con determinación.

David Coulthard Mercedes AMG GT

El rostro de un luchador: David Coulthard sigue siendo rápido sobre cualquier auto.


El amateur piensa, “tanto detalle sobre el tema y yo realmente no quiero conducir rápido”. El profesional dice: “Correcto hubiera sido al revés: la velocidad en la entrada de las curvas provoca accidentes, allí es mejor apretar el acelerador y salir rápido. Esto costó probablemente entre 5 y 10 km/h”. Para los profanos fue simplemente: “¡Guau!”. El profesional agrega: “Es genial la alineación de esta máquina”.

El AMG GT también tiene en su computadora de navegación ESP un programa electrónico de estabilidad. No se puede desconectar completamente. Por supuesto que se puede activar si uno hace tonterías y esto es bastante sencillo a bordo de 510 caballos de fuerza. Los pilotos, sin embargo, comunican la electrónica con el coche dentro del rango de control: “Yo utilizo el freno del motor para aliviar el coche detrás y para estabilizar con mis recursos –presión de freno y volante– el eje trasero. El ESP sólo me sirve como ayuda para saber dónde está la cola del coche”. 

Traducción: Cuando los conductores que tienen una motricidad algo torpe se dan cuenta que han comenzado a meter la pata, el profesional ya sabe dónde tiene que conducir el coche.

A pesar de que la pista con sus notorias manchas de humedad impedía transitar al límite, DC hizo volar el coche en las siguientes vueltas –y uno ya no podía imaginarse dónde podía ganar aún más tiempo. Arriba en Spielberg, cerca del mediodía, se percibía el reloj de la torre de la iglesia. Estaba cálido en el interior. Cuando entramos a boxes se podía escuchar cómo los ventiladores del motor de cuatro litros soplaban aire para refrescarlo. “Y lo más sorprendente es que los frenos fueron constantes de principio a fin. También los conozco de otra manera”. 

Al mediodía apareció Karen cerca de la pista, la deslumbrante mujer de David, para recoger a su marido. “Se ve bien”, dice, y se refiere al AMG GT. “¿Puedo sentarme en el interior?”. Sospechosamente la hermosa mujer de largas piernas ajusta eléctricamente la posición de la butaca durante un buen rato, incluso al final abre hasta el maletero. Esto es algo más que un cortés interés simulado. “¿De verdad vas a llevar a los niños a la escuela con este auto, baby?”, le pregunta amablemente a su marido y este da a entender rápidamente que ella no piensa en todas las cosas de forma tan pragmática como él.

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02 2015 The Red Bulletin

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