DAYTONA: PURA TEMPESTAD EN LA PISTA

Texto: Werner Jessner - Fotografía: Julie Glassberg, Marcelo Maragni

Rápida, peligrosa, espectacular, legendaria e incluso un poco rústica: con la Rolex 24 of Daytona, la temporada de automovilismo comienza a toda velocidad

En la largada hace falta Linda Vaughn. 
En la década de 1960, en todo Estados Unidos, casi no había un taller mecánico ni una habitación de adolescente, donde no hubiera un póster que mostrara los enormes encantos estéticos de la señorita Hurst Shifter. Desde hace medio siglo, 
la rubia es un personaje imposible de no imaginar en las calles o el paddock de la Rolex 24 of Daytona. Con la legendaria carrera en Florida, inicia la tradicional temporada de automovilismo.

Ex-pilotos de Fórmula 1, grandes autos deportivos, señoriales pilotos y estrellas del mundo del espectáculo, forman un colorido ambiente que le da vida durante un día y una noche al autódromo. Para ayudarse en la curva hacia la derecha, 
los pilotos suelen tomar brevemente el 
interior de la herradura de Este a Oeste, antes de salir nuevamente al óvalo con su pronunciada curvatura, donde aceleran hasta más allá de los 300 km/h.

Las robustas tribunas de acero tiemblan cuando se acerca la primera vuelta.

Paul Newman, hasta su cumpleaños número 70, se presentó en las largadas. 
Los Andretti han ganado en Daytona, las leyendas Hurley Haywood y Chris Amon también. La carrera de Adrian Newey 
en Daytona ha sido muy explosiva desde 1983, cuando el joven diseñador reconstruyó un March y en muy poco tiempo dejó al auto deportivo (que había sido descartado por defectos de construcción) sorprendentemente en el liderazgo. Solo los problemas en el motor a las 23 horas de carrera impidieron que los pilotos de Newey consiguieran un valioso tiempo en las horas de la noche. Los ganadores en Daytona son distinguidos tradicionalmente con un Rolex que lleva el mismo nombre de la carrera.

El 2014 marca históricamente el inicio de un nuevo futuro en este tipo de carreras norteamericanas de larga distancia. Tras largos años de negociaciones, las dos 
tradicionales series de carreras, Grand-Am y American Le Mans, se unificaron en 
Daytona con reglamento común. Para su inauguración (United Sportscar Series es el nombre del bebé) 68 autos divididos en cuatro clases ocuparon la grilla de largada.

En la categoría reina (“prototipo”), los representantes de la antigua Grand-Am 
la tuvieron fácil frente a los deportivos descapotables propiedad de la American Le Mans Series. Los prototipos de Daytona se mezclaron entre sí en la punta. “Se dice que en las carreras largas la constancia 
en la velocidad triunfa, pero aquí se va al máximo desde la primera curva”, explica el tres veces ganador de Daytona, Memo Rojas. “24 horas de carrera se convirtieron en velocidad a largo plazo”.

En la zona norte del circuito los coches pasan zumbando a 300 km/h. Es el lugar favorito para los más jóvenes aficionados, los más ruidosos también.

Más de diez mil espectadores se pierden en las tribunas gigantescas del Daytona International Speedway, el lugar es en verdad monumental. Las robustas tribunas de acero tiemblan cuando se acerca la 
primera vuelta. Luego del primer cuarto de hora, algunos empiezan a sacarle vueltas a los otros. Las diferencias de rendimiento en la pista son enormes, incluso cuando los proyectos familiares (trabajados con todo el corazón) que tienen poca sustancia, 
son descartados a la hora de inscripción. Ya es lo suficientemente peligrosa.

A las 4:58 horas, después de dos horas y 47 minutos de carrera, el líder actual, Memo Gidley, corta el viento detrás de 
un auto más lento para sobrepasarlo y termina estrellándose contra el número 62 a una velocidad realmente excesiva. 
Se trata del Ferrari de Matteo Malucelli, que solo se arrastraba por el circuito 
debido a que tenía el tren de transmisión roto. El impacto en la parte trasera del 
Ferrari es tan duro que solo se puede 
temer lo peor. En este punto los coches van exactamente en contra del sol, que 
todavía está demasiado bajo. “Por un largo 
tramo, no se ve nada, absolutamente nada”, describe un piloto conmocionado por las condiciones del circuito. La carrera se detiene. Deben ser cortados los restos del auto para sacar a Gidley. Después de una larga pausa y mucha tensión, por fin llega la señal y se reinicia la carrera. Ambos pilotos están conscientes.

Los accidentes son propios de Daytona y justamente son parte de la leyenda de esta carrera, como Linda Vaughn, el himno nacional de Estados Unidos antes de la largada, la misa dominical por la mañana o el campamento dentro del recinto, que está dividido estrictamente entre el Norte salvaje, el Este rico y el Sur conservador.

En el Norte, entre las curvas 3 y 4, la masa de gente se ha extendido. Son los jóvenes y los grupos de fanáticos. Tiendas de campaña iglú y la cerveza predominan. Llegan en SUV y otros vehículos agrarios. Es algo lógico, necesitan capacidad para transportar suficiente leña para las fogatas, que aquí en el lado Norte suelen ser más altas. Por razones de seguridad, el cuerpo de bomberos montó un puesto fijo. Antes de la medianoche se escuchan los gritos de la gente que se tropieza con las cuerdas de tienda. Mientras en su interior, las parejas se acercan escandalosamente un poco más.

Nada de eso ocurre en el Sur, es el 
lugar de casas rodantes y de vehículos 
deportivos para un verdadero bienestar. Aquí hay habitaciones, cocinas y gabinetes. La carne, en lugar de asarse sobre el fuego de la hoguera, se cocina en barbacoas a gas. Tanto los cortes de carne como los vientres de los encargados de la barbacoa, tienden a ser más voluminosos en el Sur que en el Norte; según dicen los asiduos 
al evento.

Casi ninguno de ellos renuncia a una superficie plana donde colocar sus elegantes caravanas. Los jardines están delicadamente alineados y los transeúntes tienen impedida la visión del circuito por las masivas construcciones de toldos, con idílicos jardines delanteros donde suenan a todo volumen motores de ocho cilindros como telón de fondo.

La actividad que tienen los mecánicos varía entre periodos cortos de mucha intensidad y otros largos momentos de espera, que parecen interminables.

Realmente mucho dinero se puede apreciar en el lado Este. En realidad no hay nadie aquí, seguramente están allí donde les sirven la comida. Solo dejaron sus coches en el aparcamiento, separados elegantemente por marca. El espacio más grande es el de Porsche: tu soñado 911, lo puedes buscar aquí por color y modelo, están disponibles todas las combinaciones posibles. Especialmente las personas de muy buen gusto llegaron en sus 928 o con uno de los primeros 1600 Super. Además son muy lindos los grandes Panameras y los Cayennes, los niños mimados de los verdaderos pilotos tienen un aparcamiento especial. Por supuesto, también hay 
muchos Corvettes, Camaros y Mustangs, aunque en el corazón del automovilismo estadounidense pueden resultar ser hasta algo banal. Las Rolex 24 siempre han sido carreras inspiradas en las europeas, donde se reflejan las aficiones de sus visitantes.

Modesta autodefinición del Daytona International Speedway: “El epicentro mundial de la velocidad”.

A las 05:00 horas es un buen momento para atacar. Cuando los mecánicos se quedan dormidos en precarias posiciones, los pilotos arrastran sus pies a través del paddock con el cepillo de dientes olvidado en su boca y los últimos tercos en los campamentos se ven obligados a caer de rodillas y dormirse, es el momento de atacar.

Los grandes equipos cambian a sus pilotos experimentados, que corren con dobles tandas durante la noche, por sus corredores más veloces, incluso cuando la temperatura de la pista impide marcar tiempos récord absolutos. El piloto de 22 años de Porsche Junior, Klaus Bachler, desciende de su 911 GT3 RS después de una actuación sin errores. Su equipo no lo envía a la cama, lo lleva directamente al punto de comando para una reunión informativa. Para corredores como él, todavía hay mucho que aprender aquí.

Estas son exactamente las noches donde las jóvenes promesas se convierten en pilotos experimentados. Poco antes del final, todo es dramático. El coche de seguridad, que en los EU es una medida utilizada con gusto para subir la emotividad, después de un accidente relativamente banal, sale a la pista y agrupa a todos a lo largo del circuito. En tres de las cuatro categorías, la decisión está por caer en el último de los 96 cuartos de horas de una carrera de 24 horas. La TV transmite en vivo el acontecimiento. Los espectadores se comen las uñas, se va a disputar hasta la última curva.

En la categoría GTD, la más pequeña, hay incluso roces de chapa entre los competidores en busca de la victoria. Luego de la caída de la bandera a cuadros se rompen todas las barreras, la multitud rodea al conductor, acarician los autos, hay música, lágrimas y relojes para los ganadores.

Sebastien Bourdais, con muchas participaciones en Le Mans, una en la Fórmula 1 con Toro Rosso y ganador de Daytona 2014, muestra con gran felicidad su Rolex Daytona durante la conferencia de prensa: “Daytona es una de esas carreras que uno quiere ganar alguna vez en la vida. Desde ahora, mirar a mi muñeca me recordará todos los días de esta victoria”. Por cierto, este año ya no pudimos ver a Linda Vaughn.

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05 2014 THE RED BULLETIN

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