EL ESFUERZO FINAL DE LOS ATHERTON

Texto: Ruth Morgan - Fotografía: Mattias Fredriksson

¿CÓMO TE VUELVES MEJOR SI YA ERES DE CLASE MUNDIAL? 
LA DINASTÍA ATHERTON DE CICLISTAS DE MONTAÑA SE DIRIGE AL LABORATORIO Y A LAS ISLAS CANARIAS EN BUSCA DE 
LA EXCELENCIA; NOS REVELAN CÓMO SER UN MEJOR CICLISTA

Es jueves en una mañana de enero y Rachel Atherton está dentro de un laboratorio en la Universidad de Birmingham; pequeño cuarto iluminado con una franja de fluorescentes focos y decorado incluso con un modelo de esqueleto y un pizarrón blanco cubierto con ecuaciones a medio borrar. Es un entorno incongruente para una de las mejores riders de montaña downhill del mundo y, en cambio, ella está aquí pedaleando duro en una bicicleta estática, con exhalaciones ruidosas y rítmicas. Su cabello rubio está recogido hacia atrás, sus mejillas están sonrojadas y el top de manga larga con el que llegó ya no lo lleva, a pesar del frío.

“Cada vez es más importante el entrenamiento en vez de arriesgarse y seguir los instintos”
Rachel Atherton

El entrenador físico de Rachel, además de dos fisiólogos, observan en silencio cómo el esfuerzo de la chica de 26 años se traduce en garabatos dramáticos en un monitor a su izquierda: una línea roja muestra su ritmo cardiaco cada vez más acelerado; una línea azul, su cadencia y una línea verde, la energía que genera. Cada tres minutos la resistencia aumenta y se representa en el monitor como un escalón más en una escalera gráfica. Uno de los fisiólogos se le acerca en intervalos regulares para tomar una muestra de sangre del dedo índice derecho de Rachel, de donde se mide la cantidad de ácido láctico que ella produce. Luego anota la lectura en una gráfica. Así es como luce el ciclismo de montaña en 2014.

Rachel y Gee, uno de sus hermanos y también ciclista de montaña downhill, son la vanguardia de su deporte y van más allá de los límites de entrenamiento establecidos en busca del recorrido perfecto. Desmenuzan cada aspecto de su capacidad física sobre una bici en gráficas, cartas y estadísticas con pruebas constantes, con medidores de potencia y monitores cardiacos tanto en sus bicicletas como en el laboratorio. Ellos, junto con su hermano mayor, Dan, compiten en Enduro (él tiene 33; Gee, campeón downhill 2010, tiene 29) han venido aquí desde su hogar en Gales muchas veces en los últimos 18 meses, cuando comenzaron a trabajar con un nuevo entrenador físico. Alan Milway, de 33 años, es un científico del deporte, exentrenador del equipo de motocross del RU, exrider downhill y firme creyente en anteponer los números a los sentimientos.

Alan Milway (centro) evalúa la información del entrenamiento.

Como una versión Midlands de Mouse, de The Matrix, él puede ver una tabla con números y definir a un atleta: en qué es fuerte, cuál es su debilidad. “Veo a los atletas de manera distintas a la mayoría”, explica. “Pero para mí, los números son el inicio. Muchos entrenadores que veo no hacen cosas basadas en evidencia. Ellos creen que si azotas a un atleta tanto que termina saliendo a rastras del gimnasio, entonces haces un buen trabajo. Pero yo tengo un acercamiento más académico”.

Se podría decir que Milway es uno de los primeros entrenadores que conciben un programa de entrenamiento basado en evidencias y a la medida para riders profesionales en enduro, un evento de ciclismo de montaña en veredas con caídas, subidas y que puede durar varias horas; y downhill, una disciplina extrema en la que los riders recorren a velocidades de hasta 80 km/h caminos escarpados repletos de obstáculos; desde raíces de árboles hasta piedras. “Los que hacen downhill”, dice, “avanzan de acuerdo a su instinto, pero con frecuencia no es del todo correcto. La información que registramos en carreras implica que yo sé qué tanto tiempo Gee o Rach pedalean de jalón, qué tan fuerte pedalean, cuál es la velocidad de sus piernas y si van cuesta abajo, la velocidad de piernas óptima… y eso puedes trazarlo en una gráfica. Una vez que sabes qué hacen sobre la bici, puedes ajustar las velocidades con base en la evidencia que aportan los estudios. No muchos se fijan en eso”.

Tras leer acerca del éxito de Milway con el excampeón mundial de downhill Danny Hart entre otros, Gee se le acercó para pedirle que trabajara con el equipo a finales de 2012. Y Milway aceptó de inmediato. “Cuando vi por primera vez las notas de pruebas de los Atherton, le dije al mánager: ‘¡Dame solo un invierno!’”, asegura. “Estaba tan emocionado pues, hasta si sus resultados eran buenos, no estaban ni siquiera cerca de su cima, así que sabía que podía llegar lejos”. Y parece que tenía razón. El año pasado, a pesar de sufrir lesiones leves, Gee encabezó la serie World Cup hasta el último evento, donde fue vencido y quedó en segundo lugar. Por otra parte, Rachel tuvo su mejor temporada a la fecha, luego de ganar el campeonato nacional y las series World Championship y World Cup. Ganó la primera carrera de esta última por diez segundos; gran margen en un deporte que se define por décimas de segundo.

Hoy, en el laboratorio, hay probabilidad de ver cómo se desempeña Rachel antes del inicio de la 2014 World Cup en abril, utilizando mediciones de prueba -registradas tres semanas después de que ganara el campeonato mundial en 2013 como una especie de patrón oro con el cual medirse. Ella recién completó su tercera y última prueba del día: diez brutales sprints con la potencia al máximo. Ella se recarga en la bicicleta, exhausta, pero las novedades son buenas. Promedió el equivalente a 218 revoluciones por minuto; dos menos que en su nivel luego del campeonato mundial con 220. “Ah… Genial”, expresa Milway.

Tres días más tarde, Milway, los tres hermanos Atherton y sus compañeros del Atherton Racing: Marc Beaumon, rider enduro y DH más el wunderkind del enduro de tan solo 16 años de edad, Martin Maes, llegan a la isla Canaria de Fuerteventura. A pesar del sol invernal, esto no se trata de vacaciones. El centro turístico Playitas es como un reformatorio deportivo. Casi todos los residentes son atletas profesionales que están aquí para hacer carreras muy estrictas en las negras colinas volcánicas, sesiones en la alberca olímpica y en el enorme gimnasio. En lugar de discusiones sobre toallas y -camastros de sol, el día de hoy se gesta un argumento debido a que el equipo olímpico sueco de judo se ha apoderado de todas 
las mancuernillas.

Los Atherton vinieron para realizar dos semanas de trabajo de pretemporada de resistencia y fuerza durante su primer campamento de entrenamiento, 2014. Cuando comenzaban, este tipo de campos de entrenamiento intensos no existían. Hace apenas 15 años, Shaun Palmer, el rider estadounidense de downhill que cantaba punk rock y bebía Jack Daniels, se paró en el podio de la UCI Cup vistiendo un traje con lentejuelas doradas y una corona, antes de ir a su autobús y celebrar con una botella o dos de whisky Crown Royal. Entrenar era una mala palabra. “En aquel entonces no bastaba con ser alguien que competía en downhill”, recuerda Gee. “Todos intentaban ser un rockstar, no con entrenamiento, sino yendo de fiesta en la víspera de la carrera. El entrenamiento era relativamente desconocido. Si la gente entrenaba, era algo muy básico y lo hacían de manera muy velada porque no era algo llamativo. Por supuesto que no era hacer trampa, pero así era visto”.

Sin embargo, mientras Palmer ganaba premios al atleta del año y aparecía en portadas de revistas en el 2000, una nueva generación con un estilo de vida más limpio y que incluía a los Atherton venía a destronarlo. Las primeras veces que Gee y Dan intentaron entrenar no sirvieron de mucho. “Cuando éramos júnior, entrenar significaba ver cintas de Rocky y sentirte muy motivado, después había que pintar palabras entusiastas en los muros del garaje”, ríe Dan. Pero sus carreras sénior se han centrado en el trabajo de gimnasio, recorridos en bicicleta de ruta y sesiones de rehabilitación con especialistas. En la última década, los profesionales del downhill han adoptado la revolución del entrenamiento. “Mis hermanos y yo hemos utilizado a entrenadores profesionales desde los 16 años”, confirma Rachel. “Cada vez es más importante el entrenamiento en vez de arriesgarse y seguir los instintos. Décimas de segundo pueden separar al primer y tercer lugar, así que uno siempre quiere encontrar nuevas maneras de sacar esas pequeñas ventajas”.

“SI LOS ATLETAS ESTÁN 
 EN MEJOR FORMA Y SON 
 MÁS FUERTES, PUEDEN 
 CORRER MÁS RÁPIDO 
 Y DURANTE MÁS TIEMPO” 
GEE ATHERTON

Irónicamente, ese nuevo acercamiento científico de los Atherton ha hecho que el entrenamiento saliera de la lista de los temas de conversación: ahora es demasiado valioso para discutirlo. “Hay reservas”, dice Gee. “Existen elementos de los que no hablamos: a final es una competencia. Tan pronto una persona ve algo, todo queda expuesto en el World Championship. El equipo francés es famoso por eso: estudian qué traes en la bici y puesto. Pero ya todos saben que utilizamos cigüeñales de potencia SRM (la bici estática que usan en el laboratorio) y está bien. A no ser que tengas a alguien como Alan recopilando información y que sepa manejarla, de nada te servirá”.

Milway sabe que su valor radica en ser capaz de mantener a sus atletas al frente. “Constantemente evalúo de qué podemos hablar y qué no”, dice. “Algunas cosas que hacemos nadie más las considera y mucho de lo que pensamos es normal, a otros ni siquiera les pasa por la cabeza. Quiero 
ser tan valioso como sea posible para mis atletas y la única manera es haciendo cosas que los demás no hacen”.

Las primeras sesiones vespertinas en Fuerteventura serán en bicicleta, pero esta mañana habrá una sesión de gimnasio 
para todo el equipo. Hoy el gimnasio es el segundo hogar de los Atherton, después de que Milway los pusiera en el programa de fortalecimiento. “Sabía que ahí es donde verían los resultados”, asegura. “Los puse a levantar peso. Sus mejoras fueron evidentes en las gráficas tras unos cuantos meses”. Rachel parece haber ganado, con el método de Milway, tanto psicológicamente como en músculación. “La fuerza es la diferencia principal que he notado”, dice. “Eso ha sido una mejora para mí. Con las pruebas quedó claro que mi pedaleo era débil; ahora soy la que tiene más fuerza de todos. Sin pruebas, puedes engañarte diciéndote que estás donde debes estar, pero al realizarlas no puedes ocultar nada; las estadísticas no mienten. Mentalmente, salir a competir con el conocimiento de que estás donde necesitas estar físicamente es enorme”.

“Es simple: si los atletas están en mejor forma y tienen más fuerza, eso significa que pueden ir más rápido por más tiempo”, dice Gee. “En los últimos dos años, he tenido los accidentes más grandes de mi carrera y he salido caminando. Eso es por el trabajo con Alan. Necesitamos ser más científicos. El hombre y la tecnología deben estar en igualdad de condiciones, y ahora sabemos cómo hacerlo”.

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04 2014 THE RED BULLETIN

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