Ryan Sheckler skateboarder

El estado del 
skate

Texto: Ann Donahue 
 Fotografía: Andrew Peters

Para prosperar en el negocio de los 
multimillonarios deportes de acción, 
un campeón debe ser director general 
y un skateboarder debe ser una marca. 
Justo como lo hace Ryan Sheckler

Es una fresca mañana de primavera en las cercanías de Seattle hace mucho calor para ponerse la chaqueta; demasiado frío para no traerla y entre los altísimos pinos a la orilla del Puget Sound, Matias y Ron Miguel planean su siguiente acrobacia. Los hermanos de 17 y 18 años de edad, respectivamente, contemplan el recién construido parque de skate en la tierra que llaman su hogar, la Reserva S’Klallam en Port Gamble.

 

Aunque la inauguran mañana, ambos ya se autonombraron protectores y pilotos de prueba del skate park detrás de la malla metálica. Es hermoso, con concreto fresco aún liso y con el arte y los lemas de la tribu S’Klallam recién pintados con spray. Es el punto exacto entre ser arriesgado para 
los skaters experimentados y, al mismo tiempo, no demasiado intimidante para principiantes. Y, lo importante, es nuevo. “Hay un parque de skate no tan lejos de aquí, las cornisas de ahí ni siquiera tienen mojinetes”, dice Matias, para describir las piezas negras de protección que van en las orillas de los distintos lugares en los parques de skate que sirven para facilitar el grinding. “Está todo mellado. Y donde más hago skate es en el curb ledge; es 
divertido. No puedo hacerlo en hubbas (escalera) ni en pasamanos; me asusta”.

 

Los planes de Matias y Ron se ven interrumpidos por la aparición de una enorme van negra con vidrios entintados que desciende por la calle adyacente. A un lado del vehículo y sobre una patineta, agarrado de la ventana abierta del pasajero y muerto de risa, hay un skater larguirucho y tatuado al que no le importa ir al lado de un vehículo de dos toneladas que podría aplastarlo con un movimiento súbito. La van gira hacia el estacionamiento del parque de skate y el skater se separa. Se encamina hacia el parque, emocionado y sonriente. No duda antes de lanzarse 
y entre todos sus tatuajes, la actitud de me-importa-un-bledo y su agilidad audaz, es obvio que el skater es Ryan Sheckler. “Oh, oh”, dice Matias. “Ahora me voy a poner de fanática”.

 

No sorprende que Matias lo idolatre. Ahora que tiene 24 años lleva la mitad de su vida como skater profesional, Sheckler es un prodigio que creció con el deporte hasta ser el rostro mundialmente famoso del skateboarding callejero. A los 18 
meses de edad, hizo su primer paseo sobre una patineta; a los cuatro años, ya dormía todas las noches con su casco puesto. Se convirtió en profesional a los 13 años e 
incluso antes de eso, los patrocinadores ya lo pedían enloquecidamente. Además de Red Bull, tiene como socios a largo plazo a Plan B Skateboards y Etnies, quienes lo han patrocinado por más de 15 años.

Sheckler encarna el estado actual del skateboarding: un skater profesional no solo tiene que ser un tremendo atleta, sino que tiene que saber cómo publicitarse con el mismo tipo de fuerza y destreza que él muestra en el parque de skate. Lo que significa que los skaters deben viajar por el mundo para grabar videos, subirlos al internet, cumplir con los compromisos a sus patrocinadores y eventos de caridad (en tiempo real en internet), además de su verdadero trabajo sobre la tabla y competir en eventos que van de los X Games al Dew Tour y hasta el Street League.

 


“Cuando solo lo haces por diversión, no tienes que ir de viaje, no tienes que firmar autógrafos ni ir a sesiones de foto o hacer promoción para una compañía”, dice Sheckler. “Pero al momento de firmar un contrato, tienes que estar de acuerdo con que debes dar todo lo que tienes a estas compañías. La gente no quiere trabajo extra, pero tú tienes que hacerlo”.
“Completamente distinto a aquellos días en que el skateboarding tenía dos reglas esenciales: 1) No tengas miedo de trepar rejas para entrar a un sitio Privilegiado. 2) Después de eso, ignora los letreros que pidan no trepar rejas para entrar a sitios privilegiados. Y ya”.

 


Ahora, las comunidades incluyen de manera rutinaria parques para skate como punto de orgullo ciudadano. El parque de skate de la tribu S’Klallam requirió de dos años para ser construido y fue financiado en parte por la fundación caritativa de Sheckler. Y este es un ejemplo de muchos; el registro en línea ConcreteDisciples.com lista más de tres mil parques de skate en Estados Unidos. Y, predeciblemente, con esos parques de skate vienen más skaters. De acuerdo con el 2013 Skateboarding Participation Report de la Sports & Fitness Industry Association, hay unos 6.2 millones de skateboarders en Estados Unidos.

 


Ryan Sheckler

Ser el rostro del skateboarding es un gran negocio. La industria generó 713 millones de dólares en ingresos sólo en 2012.

Pero lo que verdaderamente habla del estado del deporte no es el número de chicos, sino el nivel de ingresos familiares de los skateboarders. Para aquellos que se consideran skaters “casuales” (los que suben a la tabla menos de 25 veces al año), más de 26% del total de skaters, reportan tener ingresos familiares de más de 100 mil dólares anuales.
Así que hay muchas familias con buenos ingresos para hacer del skateboarding un pasatiempo ocasional, lo que provoca una industria millonaria dedicada a capturar estos dólares: de acuerdo con el Retail Distribution Study encargado por la Surf Industry Manufacturers Association, en 2012, los minoristas dedicados al skate ganaron 713 millones de dólares.
Todo esto da como resultado toneladas de oportunidades para los skateboarders profesionales, con muchas compañías que buscan rostros frescos que vistan su equipo y ellos saben que seguir el día a día de las vidas de los atletas a través de las redes sociales es una forma sencilla de llegar a fanáticos casuales.

 


La inmediatez de los patrocinadores añade presión que la generación previa de skaters profesionales nunca tuvo. Para Sheckler, hubo una época en que un lapsus durante una competencia te hacía caer en una espiral de dudas. No solo era un mal día; todo su sustento estaba a riesgo. “Realmente me asustaba tener una mala competencia y decía: ‘Me van a abandonar mis patrocinadores. Ya no soy el mismo. Ya no soy relevante’”, narra. “Pero mi papá me tranquilizaba mucho. Él siempre decía: ‘Aún te adoran, viejo. ¿Con todo lo demás que haces? Puedes tener una o dos malas competencias, eso no cambiará tu vida. No será decisivo’”.
Las dinámicas del mercado son idénticas para los skaters en ascenso. David Reyes, de 24 años, siente que está a punto de lograr algo grande en su carrera en skateboarding. Ha sido patrocinado por Etnies y Mystery Skateboards y ha filmado videos para ver online desde diciembre para promover su nombre, atraer más patrocinadores e incrementar su número de fans. “Este año me esforzaré”, dice. “Busco cosas mejores y más grandes”.

“Si acaso, mi pasión por el skating ha aumentado al poder viajar de la manera en la que viajo y conocer a la gente que me toca conocer y ayudar a la gente que, realmente, quiero ayudar”
Ryan Sheckler

Amigos, viajes, mucho skate y una cara: Sheckler Sessions.

Él ha visto cómo buenos skaters caen en el camino porque no tenían perspicacia de negocio. “Los engañan”, dice Reyes. “La gente piensa: ‘Ah, no tenemos que 
pagarle un c***** a este tipo…’. Él solo quiere patinar y espera que quienquiera que lo vea lo valore y le dé lo que merece. Y las cosas no son así”. «Puede ser un negocio despiadado», dice, «si consideras que el skateboarding comienza a separar a los profesionales en potencia de las masas cuando aún son adolescentes».

 

Reyes inició en el skating a los nueve años y a los 15 se mudó a Oceanside, California, con 50 dólares en el bolsillo. Se alojó en casa de familias condescendientes –como los Shecklers– mientras hacía skate 12 horas diarias e intentaba impresionar a las compañías de skate. Fue listo; descubrió que pasar el día en el parque de skate no alcanzaría. “Una de las razones por las que una compañía en particular hacía cambios (en su alineación de atletas) y dejaba de apoyar a algunos era porque no lograban sacar 12 fotos de ellos (publicadas) a lo largo de un año”, dice. “Así que siempre tenía que conseguir un mínimo de 12 fotos anuales; me tendría que asegurar de ser entrevistado o de sacar un video. Tienes que hacerles saber tus planes y cuándo va a aparecer un video y expresar lo que crees que mereces. Hay que conocer el lado del negocio y el lado del skating”.

 

Ryan Sheckler y Robbie Maddsion para Sheckler Sessions

Ryan Sheckler junto al rider de motocross Robbie Maddsion para uno de los capítulos de Sheckler Sessions en Wollongong, Australia, en marzo de 2014.

Brian Atlas, presidente de Street League Skateboarding, una serie competitiva que arrancó en 2010, cree que aún hay lugar para skaters discretos que no creen que la presión por llenar las fauces de las redes sociales sea adecuada para su estilo… pero si quieren maximizar su carrera, es la única manera de lograrlo. “Las redes sociales son fundamentales para sacar ventaja”, dice. “Puedes hacerte famoso sin ser profesional o mantener un gran número de seguidores con solo producir 
contenido que inspire a los fanáticos”. Para las mujeres skaters profesionales, es aún más difícil hacerse un nombre en la disciplina. Antes de sufrir un desgarro del ligamento cruzado anterior, Lauren Perkins era una de las estrellas de la escena profesional femenil: podios en los X Games y Gravity Games, campeona del All Girls Street Jam. “Cuando comencé, el skateboarding femenil vivía un buen momento: teníamos concursos cada 15 días por todas partes del mundo”, dice. “Luego la economía se fue al demonio. Los torneos desaparecieron del mapa y los patrocinadores ya no 
podían pagarles a un montón de chicas. El skateboarding femenil no se parece en nada al snowboarding femenil; es extremadamente intimidante y ni siquiera es tan popular. Que una chica represente a tu marca probablemente no hará que tu compañía gane mucho más dinero”.

 

Pero dondequiera que el mercado de consumo vaya –con dólares–, la industria irá por detrás y cada vez más chicas se suman al deporte. “Antes era la única en el parque de skate”, nos cuenta Perkins. “Ahora cuando voy y al menos hay una chica más. Y cada vez hacemos trucos más complicados. Esto está en crecimiento”. No hay más tiempo que perder. Así que Sheckler y Reyes dan un espectáculo a la multitud en el nuevo parque de S’Klallam: demuestran sus rutinas de vuelo elevado y aterrizan impecablemente, al mismo tiempo que mandan al diablo a la física. No hay señales de cansancio en Sheckler; algo sorprendente, ya que ha sido el foco de atención todo el tiempo que ha pasado en la reserva, con peticiones constantes de autógrafos, abrazos, fotografías y un sinfín de preguntas técnicas. Encima de la persistente atención, este viaje a Seattle es la más reciente etapa de dos implacables meses de viaje para filmar su show de YouTube, Sheckler 
Sessions, así como otros videos para distribuir en línea: ha ido de Estonia a Australia y de México a Barcelona y ahora llegó hasta Seattle. “Si acaso, mi pasión por el skating ha aumentado al poder viajar de la manera en que viajo y conocer a la gente que me toca conocer y ayudar a gente que en 
verdad quiero ayudar”, dice Sheckler.

 

Esta es la vida de un skateboarder serio: viajar para cumplir con patrocinadores, para competir. Y, gracias a este ejemplo, todos los skaters jóvenes que imitan a Sheckler ahora también lo saben. A finales de abril, Matias Miguel era el único miembro de la tribu S’Klallam de Port Gamble que viajó desde Seattle para participar en el All Nations Skate Jam, una competencia en Albuquerque para nativos norteamericanos que atrae a cientos de skateboarders de más de 50 naciones tribales distintas. Su hermano Ron fue con él y grabó todo el evento con su cámara Sony NEX 5N. “Matias se me acercó y me dijo que estaba cansado de videos de iPhone y fotografías”, dice Ron. “Así que ahorré para una cámara, hice mi tarea, compré la Sony… y me convertí en uno de sus camarógrafos dedicados”.

Ryan Sheckler
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07 2014 THE RED BULLETIN

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