Germán Yañez entrevista The Red Bulletin

Germán Yáñez, un hombre profundo

Texto: Marco Payán
Fotografía: Alex Aristei

El amante de la naturaleza y del buceo de largas cavernas subacuáticas en México, Germán Yáñez, nos dice cómo dejar el miedo atrás para adentrarse en lo desconocido

Exploradores de cuevas hay muy pocos, pero el título del primer instructor mexicano de espeleobuceo le corresponde a Germán Yáñez. Tal “deporte”, más que ser una competencia (no lo es para él) es un medio para hacer lo que le apasiona: descubrir nuevas especies animales y “estar donde ningún otro humano ha estado”.

Es lo más cercano que tenemos a la exploración del espacio exterior. Si bien los astronautas que hayan estado más allá de nuestra atmósfera llevan ese hecho como una insignia durante toda su vida, Germán apenas logra reconocimiento público. Pero lo que lo mueve está lejos de eso. A 100 metros de profundidad en el agua, donde nadie lo ve, su mente se regocija al preguntarse: “¿Qué demonios es esta especie que tengo frente a mí?”.

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El reconocimiento lo tiene en mayor medida entre la comunidad científica, por sus descubrimientos. Pocos hablan de lo que se requiere para estar allí, en un lugar inhóspito por un tiempo prolongado, sin luz natural, temperaturas extremas y falta de comunicación con el mundo exterior.

¿Cómo maneja el miedo? “Yo me pongo en esa situación, así que yo también puedo salirme de ella. Yo no apago el miedo, sino que lo abrazo”. Nos comparte sus experiencias y secretos para lograrlo. Puede sonar simple, pero es difícil llevarlo a la práctica, incluso para Germán, quien lleva años practicando la espeleología.

Cenotes y cuevas marinas México

Por más que uno tenga la intención de descender, e incluso los medios para hacerlo, hace falta algo muy importante: la madera para aguantar la oscuridad y la soledad, a menos de que cuentes a las especies marinas como tus amigos.

© Ryan Stokey

LOS 700 METROS MÁS LARGOS

Hay muchas maneras de explorar cuevas, pero Germán Yáñez lo hace bajo el agua. Esto lo convierte en investigador extremo. “He tenido conmigo a ultramaratonistas que no pueden; se quiebran”. 700 metros es una distancia común, pero la presión del agua, la falta de luz, el peso del equipo y la soledad convierten cada exploración en una gran hazaña.
El mayor sacrificio para este mexicano ha sido el tiempo lejos de su familia.

“¿Qué demonios es esta especie marina que tengo frente a mí?”
Germán Yáñez

Las expediciones, que en ocasiones incluyen escalar una pared de cientos de metros para poder sumergirse en el agua y todo el estudio previo, le exigen estar lejos de su esposa e hijos por tiempo prolongado. Y son ellos, también, quienes le dan fuerza para salir de una situación peligrosa. “No sólo es exploración, también yo tengo vida y pienso en ellos. Eso me hace decir ‘tengo que volver; no hay más’”.

Germán se habla todo el tiempo bajo el agua. Si no piensa en los suyos, considera diferentes escenarios hipotéticos; algunos fatídicos. “¿Y si me quedo ahora sin aire? ¿Y si el agua se vuelve turbia?”. Entonces sopesa las alternativas. Si no tiene alguna viable, considera tomar su línea de vida (la cuerda que le muestra el camino de regreso) y darse vuelta atrás.

El equipo de rescate Air Zermatt salva vidas por lo alto

A la fecha, la misión más peligrosa en la carrera del piloto de rescate de montaña Tom Pfammatter tuvo lugar en el verano de 2005. Y todo fue por culpa de una chamarra rompevientos. Pfammatter, que entonces tenía 35 años, estaba socorriendo a un senderista que había caído en la base del glaciar del Ródano, en los Alpes suizos.

Pero no siempre existe esa línea de vida. En una expedición en Tamaulipas, en el río Mante, con un buceo de 90 m de profundidad se encontró con una corriente de agua muy fuerte y con poca visibilidad. “La persona que venía detrás rompió la línea de vida con la aleta. Un gran susto. Y el gas (aire comprimido) se consumía rápido por la profundidad. Fue horrible”.

“No me di cuenta y de pronto vi que la línea se movía y lo hacía por la corriente del agua, porque ya estaba suelta”. La persona que lo acompañaba le indicó con señas que estaba rota. “Se me bajó la presión y en segundos cambió todo. No sabes cómo vas a reaccionar. No hay nada escrito sobre eso”.

“Me gusta estar donde ningún otro humano ha estado antes”
Buceo en cuevas Germán Yáñez

Germán Yáñez es de los pocos que se atreven a entrar a las cavernas de México. Él es un experto en buceo, pero también en manejo del miedo.

© ALEX ARISTEI

El estrés y el miedo no le son ajenos. Los abraza. Y abraza lo que ello provoca. Estar en un lugar donde nadie estuvo y no saber qué encontrarás genera adrenalina. “Como una droga”. Pero no puedes gritar.

Su reacción fue moverse buscando una salida. Tenía que encontrar hacia dónde iba la corriente de agua, pues recordaba que por ahí, por una fisura, habían llegado al punto donde estaban. Si intentaba subir en línea recta se hubiera topado con un techo sin salida y hubiera perdido tiempo vital de los 20 minutos que le quedaban, según su tanque de gas. El estrés le hacía consumirlo más velozmente.

Recorrió horizontalmente la cavidad para encontrar por dónde entraron. “De pura casualidad, nada más porque nos paramos a analizar la corriente, me moví hacia esta y me encontré con la línea de vida y empezamos a subir”. “Me estresé, pero no estaba tomando decisiones tontas, sólo haciendo las cosas con un ritmo natural. Esa fue mi respuesta. Pero estas no están escritas en un libro”.

Germán Yañez entrevista The Red Bulletin

Así como un melómano encuentra una nueva banda que nunca había escuchado, de la misma forma Germán se entusiasma cuando descubre una nueva especie en su recorrido. Pocos entienden esta afición por hallar nuevas especies. Para Germán, es uno de sus motores principales cuando se adentra en las cavernas mexicanas.

© Lauren Tabata

  
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ENTEREZA NATURAL

Su propia experiencia a veces puede jugar en su contra. En un cenote, uno que él mismo ya exploró, iba con espeleólogos brasileños y se descuidó. Al regresar se fue por otra línea, una que alguien más había puesto. “Algo estaba raro: no había pasado por un lugar así. La cueva se cerraba poco a poco”. Haber conocido esa cueva lo hizo confiarse.

Pero su conocimiento lo salvó. Sabía que cuando respiras bajo el agua generas burbujas que chocan con el techo. Si se trata de un lugar donde ningún buzo ha estado antes, cae sedimento, polvo que ha estado ahí millones de años. El agua se empieza a enturbiar. En ese momento supo que no estaba regresando como pretendía. De nuevo su memoria le reveló el camino y salieron de ahí con vida. 

Parte de su “tranquilidad” bajo el agua no es fortuita. Sabe que lleva el equipo correcto y el entrenamiento adecuado. Planea todo lo que espera hacer y todo lo que espera encontrarse. Lo visualiza con un objetivo claro: tomar una muestra o encontrar una ruta nueva. Pero a veces su propia experiencia le juega en contra. “Cualquiera que diga que no tiene miedo, miente. Muchos lo evitan, pero yo he aprendido a vivir con él. Me tomó años saber que es una respuesta natural”.

Scuba Diving Cuevas México Espeología

Pese a las precauciones, siempre está la posibilidad de que algo salga mal. De cualquier forma, siempre ha salido: “Quiero regresar con mi familia, también tengo una vida”, nos dice Germán. Esto depende de su paz mental allá abajo.

© Lauren tabata

EL ÚLTIMO BOY SCOUT

En el clóset de su casa podrías encontrar su uniforme y pañoletas de su tiempo como boy scout. Eso lo marcó. En sus excursiones fue conociendo su propio miedo y ahora vive con él. Y lo respeta.

“Me estreso, pero no tomo decisiones tontas. Me dejo llevar”

Hoy, ninguna aseguradora se atreve a darle un seguro de vida. Su oficio, amante de la naturaleza, lo hace de manera tan extrema que para muchos opaca su pasión científica. El buceo de cuevas es de los deportes más peligrosos.

Además de mantener la curiosidad que tenía de niño, hoy la complementa con ejercicios aeróbicos de abdomen y pierna, enfocados para responder a situaciones “como tener que remolcar a un amigo bajo el agua” o escalar paredes con todo el equipo. “No tienes que ser Rambo, pero no cualquiera lo hace”, dice tranquilo.

Lo que realmente tiene sentido para él es lo que hizo hace unos meses: “Encontré toda una familia nueva de animales”. No se trata de especie, sino de toda una nueva familia. Es como si un astronauta encontrara varios tipos de extraterrestres.

Leerás su nombre en publicaciones científicas más que en cualquier otro medio de difusión. Ahora está por colaborar con National Geographic, donde mostrará un poco de lo que hace para encontrar lo desconocido. El documental señalará sus logros para la ciencia, pero no creemos que le pregunten sobre su miedo, su diálogo interior y los sacrificios personales que le cobra su pasión por la espeleología.

  
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05 2017 The Red Bulletin

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