Ultra-Triathleten

La batalla de Solferino

Texto: Bernd Hauser
Fotografía: Jozef Kubica

Un grupo de ultratriatletas intentan conseguir un récord mundial en el norte de Italia: nadar, andar en bicicleta y correr la distancia de un triatlón “Ironman”… todos los días, durante un mes     

Tal vez no fue tan buena idea correr un medio maratón con un frigorífico sobre la espalda cinco meses antes. Como Fridge runner (el corredor frigorífico) bautizaron a Steve Harvey en una carrera en Plymouth, RU. Pero correr 21 km con ese monstruo a cuestas fue un error. Desde esa carrera el inglés tiene problemas en la ciática. 

“Esto es como ir a trabajar. Te levantas porque tienes que hacerlo”
Greger Sundin

Esto no es nada bueno, ya que recién está por amanecer el día número 15 del intento por conseguir un récord mundial en el lago de Garda, al norte de Italia. De modo que ni siquiera se llegó a la mitad de todos los sufrimientos. Un total de 21 concursantes quisieron intentar superar en el lapso de un mes la distancia de 30 Ironman; 114 km de natación, 5,400 km de ciclismo y 1,266 km de carrera. El nombre del evento: Triple DECA Ironman.

En tiempos de la antigua Grecia, el mensajero Filípides cayó muerto por el agotamiento después de haber informado a los atenienses sobre la victoria en La Batalla de Maratón. 2,500 años después, cualquier gerente con buena condición corre la maratón de Nueva York y Berlín. Hasta no hace mucho tiempo, los hombres de hierro que crearon en Hawái el triatlón “Ironman” (3.82 km de natación, 180 km en bicicleta y 42 km de maratón) eran considerados dementes. En la actualidad se llevan a cabo decenas de competencias “Ironman” en todo el mundo, con miles de participantes. Y además hay unas 150 “ultras” alrededor del globo. Ellos recién paran de nadar, de andar en bicicleta y de correr cuando superaron dos o tres veces –incluso hasta diez veces– la distancia “Ironman”… pero 30 veces seguidas durante 30 días consecutivos, se trata de algo que no se hizo nunca antes en la historia de la humanidad.

7:40 horas

En la alberca del parque “La Quiete”. José Manuel López, de Mallorca, y Jaime Azuaje, de Colorado, se sostienen de los brazos mutuamente, se tocan frente con frente y cierran los ojos. José recita una oración. El resto se pone los trajes de neopreno y sus gafas. 

“¿Alguno de ustedes pensó en apagar su despertador y volver a dormir?”. 
“No”, dice Wayne Kurtz de Pittsburgh. “Me levanto a las cinco y ya estoy listo”. 
“No”, dice Ferenc Szonyi de Hungría. “Yo quiero ganar”.  
“No”, dice Greger Sundin de Suecia. “Esto es como ir a trabajar. Te levantas porque tienes que hacerlo”. 

A estos hombres no se les puede ver su valentía cuando uno se los cruza en la caja del supermercado. Sus cuerpos no se parecen a los de las antiguas esculturas o a los actores estadounidenses con tablas de lavar en los abdominales. Wayne Kurtz (corto en alemán) es un tipo chaparro: “Mi apellido se adapta muy bien a mí”.
La mayoría parece casi frágil en sus trajes de neopreno. Su grasa corporal la han quemado en las últimas dos semanas. Sus ojos parecen cada día más grandes porque se les hunden las mejillas.

Cada día comienza en el agua para Greger Sundin (Suecia), Jaime Azuaje (EU) y Suran Kamil (República Checa).3.8 kilómetros divididos en 152 largos: lo que para quien lo observa tiene algo de meditación, para los atletas es sólo un paso en la agonía que les espera el resto del día.   

7:48 horas

Largada de la etapa del día 15. Los ultras se zambullen en el agua de la alberca del parque. No se escucha ni el impacto de las piernas en el agua ni el chapoteo de las manos. 3,800 m divididos en 25 hacen un total de 152 largos. El observarlo tiene algo de meditación.

 Pero no para Tony Reed de Canadá, un agente de bienes raíces de 52 años, abuelo de una niña de dos años, que se encuentra en el borde de la alberca. “Estoy muy enojado por haber tenido que abandonar”. En su blog escribió:  “Cada vez que me saco las calzas de ciclismo tienen sangre dentro. Mi trasero se ve como una hamburguesa cruda”. Aunque finalmente abandonó por causa de sus piernas hinchadas. “En la mañana del día 12 me toma diez minutos ir de la cama hasta el baño. Tenía los pies como los de un elefante”. En las espinillas de Tony se pueden ver heridas. “La piel estaba muy tensa por el esfuerzo y un leve golpe contra el pedal hizo que se abriera, pero en dos días vuelvo a la carrera”. Algo que permiten las reglas. 

El primer día tomaron la salida 20 hombres y una mujer. A esta altura ya abandonaron más de la mitad. Thea Storm, de Dinamarca, también tuvo que parar un par de días, pero ahora ya está de vuelta en el agua. Para ella se trata de un récord personal. Aún quedan ocho hombres dentro de la carrera para lograr el sinigual récord mundial.

8:45 horas

José, como cada día, es el primero en salir del agua. Su traje está perforado en las axilas y los hombros. Con ese mismo traje ya atravesó nadando el Estrecho de Gibraltar y la distancia entre Mallorca y Menorca. Seis minutos más tarde, lo siguen Greger y Steve. Steve se saca su traje de neopreno. En su antebrazo tiene un tatuaje con el retrato de una mujer. “¿Tu novia?”. “No, es mi madre”. Greger tiembla: “Me falta grasa aislante”.

Un hombre generalmente necesita unas 2,500 calorías por día. Cada pocos minutos Greger come caramelos de goma, al día llega a comerse un kilo de ellos. Bebe leche con chocolate y leche entera mezclada con polvo de proteínas. Además come pasta, papas, hamburguesas y por las noches bebe cerveza antes de ir a dormir. “Pero no logro consumir las 13 mil calorías que se necesitan, por lo general llego a diez mil”. Greger sube al asiento de su bici con las piernas rígidas y espera hasta que Steve esté listo: “¡Let’s go!”.

Un hombre generalmente necesita unas 2,500 calorías por día. Estos atletas, en cambio, deben tomar unas 13,000. 

Los espectadores gritan “¡bravissimo!”, pero los perros ya han dejado de ladrar hace mucho

9:12 horas

Rokob Jozsef (Hungría), saca con su mano grasa de una lata y se la unta en los pantalones: “Al cabo del día habremos hecho 2,700 km sobre este asiento…”. El recorrido en bicicleta es casi tan monótono como el de los carriles de la alberca. Desde el punto de inflexión en el patio de la Madonna della Scoperta, la iglesia del pueblo, pasa por el Café da Arture, donde los primeros clientes están sentados frente a su copa de vino blanco y gritan “bravissimo” a las ultras cuando pasan a toda velocidad. Al salir del pueblo, llega un largo trayecto por una colina. 

Luego del primer kilómetro está un nuevo punto de inflexión en un monumento que hay al lado de la carretera. Se trata de una conmemoración a los héroes de la batalla de Solferino en 1859, cuando los italianos conquistaron su unidad y consiguieron su libertad en una guerra contra los austriacos. Ningún atleta tiene el tiempo de leer el epígrafe. En la cresta de la colina hay una casa custodiada por perros. Ya no ladran, los ultras pasan por aquí seguido: 180 veces por etapa.

10:24 horas

En la iglesia del pueblo el sacerdote lee: “Quiere que todos los hombres sean salvados y que lleguen al conocimiento de la verdad”. ¿El camino lleva al dolor y al sacrificio? ¿Así como Jesucristo pasó por el sufrimiento? Antes los creyentes tenían que mortificarse para llegar a Dios. Pero ¿por qué los ultras lo hacen ahora en el recorrido que pasa frente a la iglesia? 

“Era la mañana del primero de enero de 2009. Me senté en la cocina y pensé: necesito un desafío”, dice Jozsef. 

“Los humanos tenemos que someter a la Tierra”, dice Jaime, de EU, “Conquistar la cima de las montañas más altas o lograr el mas alto rendimiento deportivo es un instinto que nos ha dado Dios”.

“Explorar mis límites y superarlos, de eso se trata, dice Greger. “Una carrera de Ironman normal ya no nos alcanza”.

10:55 horas


En el punto de inflexión de la iglesia se asiste a cada uno de los atletas. Una ayudante quiere darle una banana a José, pero el anillo de este se atora en el manubrio de su bicicleta y se cae al asfalto. En el antebrazo izquierdo tiene varios raspones. Lo van a vendar. Sus ojos lagrimean de dolor. 20 minutos después ya está sobre su bicicleta. 

No es el primer accidente. Kim Greisen ya tuvo uno en el primer día. Sobre el
camino mojado sus neumáticos lisos lo hicieron patinar y caer. El danés volvió a montar en su bicicleta y de algún modo sobrevivió el día, pero al día siguiente su rostro mostraba gestos de dolor. Al tercer día de competencia, cuando sólo utilizaba una pierna para nadar, el padre de Kim le rogó que abandonara. Kim se sentó en el borde de la alberca y comenzó a llorar. Luego fue llevado al hospital. Más tarde publicó en Facebook una imagen de rayos X: había realizado una distancia y media de Ironman con una fractura en el cuello femoral a cuestas.

13:45 horas

Greger desciende de su bicicleta y pasa al baño de la iglesia. No todos los ultras se dan el lujo de tomarse ese tiempo necesario para hacerlo. Steve es uno de esos atletas que decide aligerarse mientras conduce su bici. Mike, su padre y asistente, dice: “Por eso las zapatillas de ciclismo de Steve nunca duran demasiado tiempo”. “¿Qué si la orina deteriora hasta el cuero, entonces seguramente también irrita muchísimo la piel?”. “La pregunta es otra: ¿Quieres ganar o no?”, dice Mike mientras agarra una taza de sopa para alcanzarle a Steve cuando pase la próxima vez por la iglesia.

Sólo Jaime promedia los 20 años. Jozsef y Steve tienen treinta y tantos. Los otros ultras superan los cuarenta. La mayoría son empresarios o autónomos. Muchos hombres profesionalmente exitosos, cuando llegan a la mitad de su vida, suelen adquirir un barco o una nueva mujer. O bien se convierten en MAMILS, “middle aged men in lycra“ –hombres de mediana edad en lycra–, y comienzan en esto de los deportes de resistencia. ¿Pero se puede comprender de alguna manera el culto excesivo que profesan los ultras? Ningún atleta tiene un patrocinador importante: el ultra triatlón es, en gran parte, considerado un deporte de locos.

¿Están locos los ultras? 
“Para mí lo que realmente es una gran locura es sentarse durante horas frente a la televisión”, dice Greger. 
“¿Por qué nadie le hace esa pregunta a un golfista? ¿No es una locura golpear una pelotita hasta un agujero durante horas? se pregunta Tony. 
“Después de esta competición creo que me retiro del deporte”, comenta Jozsef. “¿Qué montaña vas a pretender escalar si ya estuviste en la cima del monte Everest? No hay mucho más que demostrar. Pero si alguna vez me toca atravesar un momento duro en mi vida, entonces voy a recordar que estuve aquí y que resistí”. 

 

Ultratriatlón

Pedaleando, nadando o corriendo, el dolor llega a ser intenso, pero aún así, ellos siguen su camino.

13:15 horas

Greger y Steve son los primeros en terminar la distancia en bici. “Hoy no voy a ganar”, murmura Greger. “Jozsef está a sólo tres cuartos de hora trás de nosotros”. El húngaro es el mejor corredor, consigue concluir la distancia del maratón siempre antes de las cuatro horas. A las 15:44, Ferenc se deshace de su camiseta mojada. En la que usa para correr se puede leer en grandes letras Race Machine (máquina de correr). “¡Agua!”, le pide a sus asistentes. Durante la competencia bebe 20 litros de líquido al día. “¡Miel!”, dice Ferenc y toma una cuchara. Ya está listo, ahora él también forma parte del recorrido de maratón.

Los ultras dan 54 vueltas alrededor de un pequeño lago artificial con prados en su circunferencia, pasan por una plaza con juegos y por delante de un restaurante. Una vuelta completa equivale a 708 m de largo. Greger corre triplicando su paso, Ferenc lo hace mecánicamente, Steve sacudiendo la cabeza, su cara y sus brazos chorrean sudor. Desde las 16:09 horas también corre Jozsef, potente y ligero. Cuando sobrepasa a otro ultra le grita: “¡We are warriors!” (somos guerreros).

Los más rápidos pasan un total de 11 a 12 horas diarias en el recorrido. Al final, no tienen ningún deseo de hacer largas entrevistas. Así que las conversaciones fueron llevadas a cabo mientras corrían. A los ultras no les molesta. A veces le piden a sus asistentes que corran a su lado para no alucinar. “Sí, Jozsef es un gladiador en el Coliseo”, dice Steve, el fridge runner. Entre respiraciones aceleradas, dejo salir mis preguntas, “Los gladiadores luchaban por sus vidas, para ganar dinero, por la fama. Pero aquí ni siquiera hay público. ¿De qué se trata para ti?”. “Los periódicos en mi ciudad, Plymouth, en RU, informan sobre mí”, dice Steve, “así puedo llamar la atención en favor de Henry, un niño de cuatro años que tiene cáncer. También por eso hice lo del frigorífico”. “Pero esa no es la única razón por la que estás aquí”. “Es cierto. Cuando era joven iba en coche hasta para comprar cigarrillos. Pesaba 113 kg. Hice muchas cosas que no fueron buenas para mí, como tomar alcohol. Ahora la droga que he elegido son esos momentos de euforia en la pista, cuando me siento poderoso”.

Cuando está en su casa se levanta a las cuatro de la mañana, se monta en la bici fija que tiene en la cocina y entrena por dos horas y media: “Sufro en la bicicleta”. “Sin embargo, ¿entrenas todos los días?”. “Nunca me quiero perder una sesión de entrenamiento”. Luego se va al trabajo. Junto con su padre, tiene una empresa de calefacciones. En las dos horas de pausa para el almuerzo, entrena en la alberca. Después de la hora de cierre sale a correr. “¿Qué dice tu esposa del programa?”. “Estamos más felices que antes”. “¿A qué se debe el tatuaje que llevas en el brazo?”.

Wayne Kurtz

Wayne Kurtz, aún con tiempo para tratar de descansar y disfrutar del sol. ¿O es que está esperando al resto?

16:55 horas

Steve corre al ritmo de “Hells Bells”, de AC/DC. Durante la carrera las bocinas del parque se escuchan como en un concierto. “Hoy voy a conseguir mi primera victoria del día completo”. Pero Jozsef, el gladiador, recupera terreno. Será un final muy ajustado. “Vengo como un huracán”, se escucha por las bocinas.

¿Qué montaña vas a querer escalar si ya estuviste en la cima del monte Everest?
Rokob Jozsef (Hungría)

19:41 horas

Steve lo ha conseguido: Es su primera victoria en el total del día. Un par de asistentes aplauden y le sacan fotos al ganador. Steve sonríe. “Espero que esta victoria consiga donaciones para Henry”. ¿Cómo será la celebración por el triunfo? “Vamos a comer una pizza. En dos horas quiero estar en la cama”.

Pero, ¿dónde quedó Jozsef? A las 19:59 horas atraviesa la línea de meta. “En la terraza del restaurante había alguien comiendo un tiramisú”, dice Jozsef. “Le grite que me encantaría comerme uno”. Cuando cuatro minutos más tarde pasó por el restaurante en su siguiente vuelta, el hombre lo esperaba con una bandeja llena. “Diablos, me dije. Tuve que hacer una pausa. Nunca antes había disfrutado una comida tanto”.

Se está haciendo de noche. Las bocinas ya están en silencio. Los atletas corren bajo la luz de la luna contra la fatiga y la soledad. José llega a la meta a las 21:19 horas. Jaime a las 23:12. El último es el italiano Angelo Sorrentino a las 0:38. Hizo casi 17 horas en el recorrido. A la mañana siguiente, a las 7:45 horas comienza en la alberca el día número 16.

Jozsef Rokob

El ganador Jozsef Rokob, superó a Wayne Kurtz, por casi 100 horas. Aunque a los participantes del Triple DECA Ironman no se les note a simple vista, tienen el corazón guerrero de un león.   

Epílogo

Los ocho atletas que todavía estaban en pie de guerra el día 15 de la competencia, consiguen el récord del mundo. 30 días equivalen a 720 horas. Angelo Sorrentino, después de 30 etapas de Ironman, es el último clasificado con un total de 501 horas de competición. Jozsef Rokob es el ganador con 365 horas y 33 minutos. Durante la ceremonia de clausura Jozsef declara: “Todos somos ganadores”. Los competidores están de acuerdo en que nunca olvidarán estos días y que la vuelta a la vida cotidiana será difícil, ya que nadie comprenderá lo que han tenido que vivir. Ellos son los veteranos de la batalla de Solferino.

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11 2014 The Red Bulletin

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