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La implacable Mint 400

Texto: Cole Louison    
Fotografías: David Harry Stewart    

Nacida en el desierto de Las Vegas hace más de 40 años como una estrategia comercial, la carrera Polaris RZR Mint 400 Great American Off-Road atrae a los mejores pilotos a sus cientos de kilómetros de polvo, pero es la gente común, que la enfrenta con su propio bolsillo, lo que le da su encanto

Ahora que el inicio de la carrera se acerca, el tiempo apremia. Faltan dos días para que se ponga en marcha la Polaris RZR Mint 400 Great American Off-Road, en las  afueras polvorientas de la fabulosa Las Vegas. El piloto, Justin Park, está sentado en el porche de su pintoresca casa en Encinitas, California, mirando la camioneta estacionada en la entrada para autos.

“Te metes en esa cosa, te pones el casco, aprietas el acelerador y listo, ya comenzó”, dice. “No tengo palabras. En realidad, es más un sentimiento…”, dice desvaneciendo su voz, mientras se pasa la mano por la parte de atrás de su cabeza rapada. “Quiero decir, basta con verlo”. Reluciente en una nueva capa de color negro mate, con un cuerpo arqueado bajo la cima de la suspensión elevada y grandes y robustos neumáticos, esta Ford Ranger XLT súper personalizada con un nuevo motor V6, dice mucho más de lo que puede articular este amable marido e informático acerca de la historia y la cultura de su  pasión. Park, de 39 años, compró esta camioneta que llevaba mucho tiempo sin rodar e invirtió tres meses y 40,000 dólares de su propio bolsillo en ponerla a punto con su equipo. En este momento, llevan trabajando 11 horas en sus ajustes.

 

 

La Polaris RZR 400 Mint es un evento pro/amateur que atrae a más de 300 de los mejores equipos de carreras del país, donde compiten por grandes cantidades de dinero y con una exposición mediática aún más grande. Los patrocinadores de los profesionales quieren que se vean sus nombres y los aficionados quieren que los patrocinadores los vean a ellos.

Los dos campos son discernibles. En general, los pilotos profesionales y sus equipos usan zapatos nuevos, lentes de sol y overoles. Sus vehículos están decorados y todo está cubierto con pegatinas de las grandes marcas. El equipamiento de los amateurs tiende a ser desigual, tal vez un poco desgastado, y sus coches más sobrios. Para la carrera, Park y su copiloto usarán overoles negros con franjas blancas y zapatos hechos a medida por Ostris, su patrocinador. Además tienen parches de otros patrocinadores en las mangas.

Mint 400

El principal evento del calendario anual de carreras off-road: la Mint 400 es despiadada.  

Justin Park
La Mint 400 en cifras

1,500 palabras
Fue el número de palabras que Sports Illustrated le asignó al periodista gonzo Hunter S. Thompson para la historia.

15,000 palabras
Número que el prolífico periodista terminó entregando a los editores. Y estas se convirtieron en Pánico y locura en Las Vegas.

65,000 fanáticos
El número total de fans que asistieron este año a la carrera Polaris Razr Mint 400. 

149 equipos de carreras
El número de competidores que no terminaron la carrera este año. Se habían registrado un total de 330.

 

“La Mint es un icono”, expresa. “Crecí por aquí escuchando sus historias. Si te va bien en esta carrera, tu vida va a cambiar. Así que la presión está presente”. Cuando no está a 48 horas de la carrera más importante de su vida, lleno de estrés y exaltación, Park hace contacto visual y habla de forma clara y enfocada. Su voz no tiene ningún rastro del cliché del acento del sur de California de las películas de surfistas. Sus declaraciones se refieren a su experiencia en la ingeniería “la estructura eleva el éxito”, dice. No hace tonterías.

“Mi papá es un veterano de los SEAL de la Marina, con 28 años de servicio”, dice. “Estuvo en el equipo UDT (Underwater Demolition Team) y trabajó con Jacques Cousteau en el primer equipo de respiración bajo agua. Así que como él estuvo haciendo estas cosas increíbles, yo sentí que también hay que ser Superman para realizar este tipo de aventuras salvajes”.

Esto significaba cargar las bicicletas en camionetas y recorrer las áreas más rurales de California y Baja California. Cuando Park hizo la transición de la bicicleta a las camionetas, podía trabajar en casa: hacer ciclismo off-road implica lesiones, dice. Pronto fue ganando carreras. Finalmente conoció algunos patrocinadores y comenzó a trabajar en sociedad con una empresa de aceite de oliva local llamada Baja Olive. El nombre de la empresa reluce brillantemente en su camioneta negra.

Baja California es un lugar importante para el off-road, para Park y para la Polaris RZR Mint 400. La meca de los todoterreno, que comprende 750 millas. Además esta península cubierta de dunas alberga otra carrera: la Baja 1000. Allí competían vehículos de todo el mundo y tal fue su éxito, que un magnate de un casino contrató a un organizador para promover una carrera en el desierto en su nuevo hotel: The Mint. Así nació la Mint 400.

Se sacuden, levantan revoluciones, gruñen, braman y salen: algunos se apagan y no arrancan más    
Mint 400

Compiten más de 300 equipos. Muchos de ellos no llegan al final.  

La luz se desvanece cuando aún hay más cosas por hacer, pero Park sigue imperturbable. Es en estas horas, estos escasos momentos entre el trabajo y la familia, que se dio cuenta que correr se había convertido en una pasión.

Mint 400

Los equipos de padre-hijo o padre-hija no son infrecuentes. La Mint se ha convertido en un asunto familiar.    

El día de Park comienza cerca del amanecer. Desayuna junto a su esposa Mia, pianista y editora de una revista, en su cocina pequeña y se va a trabajar. Durante las siguientes nueve horas se dedica a solucionar problemas en las computadoras de su empresa de diseño, mientras gestiona Baja Olive y seduce a otros patrocinadores para que le den repuestos y talleres donde trabajar.

Llega a casa alrededor de las 6 pm y pasa una hora en las redes sociales con la promoción de Baja Olive. Después de la cena se pone el overol y vuelve a trabajar. Una cosa lleva a la otra, que siempre llevan a otra más y entonces se hace medianoche y mi teléfono comienza a sonar, porque mi esposa quiere saber si todo está bien”, dice. El equipo de Park cierra con llave la camioneta dentro del lugar. James O’Shea, de 39 años, y Scott Breauxman, de 47, crecieron en el norte del municipio de San Diego, la cuna de la vida del off-road. O’Shea y Breauxman son expertos con amplia experiencia que crecieron en las carreras de desierto. Los tres se remontan a un cuarto de siglo de amistad.

“Si te va bien en esta carrera, tu vida va a cambiar. Así que la presión está presente”
Justin Park

Dos días y un sinfín de detalles más tarde, Park está acelerando su nuevo motor V6 en un estacionamiento detrás del Gold Strike Casino Resort, debajo de la luna en el frío desierto. Son las 5 am del día de la carrera y está con el cinturón de seguridad puesto en la butaca de la cabina reforzada junto a O’Shea, quien funge de copiloto por primera vez luego de ayudar a Park en los boxes.

“Muy bien, chicos”, dice Park. “Vamos a lograrlo”. Park pisa el acelerador, hace un ruidoso trompo y sale desapareciendo en la colina que va hacia la brillante línea de corredores camino a la largada. Hay camiones, vehículos todoterreno, buggies, viejos escarabajos Volkswagen y areneros que parecen kartings del desierto y bien alimentados. Se sacuden, levantan revoluciones, gruñen, braman y salen.

Mint 400

La carrera comienza antes del amanecer y dura hasta la tarde.

Algunos se apagan y no arrancan más. Los pilotos largan de dos en dos, no observando a la chica con la bandera de la Polaris RZR Mint 400, sino con un típico semáforo de tráfico polvoriento. Ya hay una baja y levanta una bruma de arena sobre la pista. Participan un total de 25 clases, como la clase 5 (los Volkswagen) o la Clase 7 Stock Mini (la clase de Park).

El tiempo más rápido de cada clase es el ganador. Los tiempos de cada corredor se registran mediante un GPS y se les suma tiempo en caso de cometer infracciones, como conducir fuera del recorrido.

Mint 400

En el implacable desierto de Nevada, los mejores planes pueden acabar con humo en el motor. Después de meses de preparación, la tecnología del motor de la camioneta sufrió un error informático.

El sol acababa de eclipsar los picos de las montañas cuando Park llega a la línea. Un alto oficial con un chaleco naranja no mira su tablet cuando Park se detiene, mira al frente y luego desaparece en una nube de polvo.

No hace la parada en las primeras 50 millas. Antes, siente la potencia de los caballos de fuerza de su motor. A la altura de la milla 33 la camioneta se apaga, luego arranca nuevamente, sigue diez minutos más y se queda a tres millas del puesto A. Le muestran al equipo un texto (sólo dice: “problemas”). Rápidamente Breauxman pone manos a la obra, se sube a su unidad Toyota y se desplaza sobre dunas, cauces secos y cactus hasta que lo ve. 

“Estábamos llamando al tipo que construyó el motor”, dice O’Shea. “Por eso estaba en el techo. Tenemos gasolina, tenemos contacto. No lo sé”. “Es el motor”, dice Park, casi para sí mismo. Con una expresión entre dolida y ‘debe ser una broma’, ayuda a Breauxman a pasar una cuerda de remolque a través de la suspensión delantera y comienzan el largo camino de regreso.

“Esta vez ganó el desierto, pero siempre hay otra carrera”  
Justin Park
Mint 400

La carrera también tiene una reputación por sus buenas fiestas.    

Después de la carrera, en un reluciente escenario lejano, la densa ceremonia de entrega de premios –que dura más que la carrera– está en marcha con gritos de felicidad, agradecimientos y el listado de los múltiples premios para los diferentes equipos de las muchas clases. Park y su equipo no asistieron a las celebraciones, ni a ninguna otra fiesta postcarrera, por las que también tiene su reputación la Mint. Tenían cervezas en el hotel de Jean, en Nevada, a 30 millas. 

Cuando todo estuvo dicho y hecho y se examinó el resultado, el problema fatal resultó ser, de cierto, el motor. Un mal funcionamiento de la computadora no le administraba el combustible suficiente, explica Park, sentado en su casa junto a su esposa, disfrutando del basquet en la tele y aún sin inmutarse. Ahora está probando rigurosamente la camioneta y pensando en agosto, cuando van a competir en la Great Tire Vegas to Reno; una travesía de 525 millas por el desierto. “Esta vez ganó el desierto”, explica. “Pero siempre hay otra carrera”.

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07 2015 THE RED BULLETIN

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