The Seattle Cossacks on the buffalo chip camground near Sturgis

Sturgis, siente el ardor

Texto: Nora O’Donnell  
Fotografía: Rick Rodney

Medio millón de motociclistas descienden anualmente al poblado de Sturgis, Dakota del Sur, para el mayor rally. Motociclistas grandes y corpulentos y un nuevo grupo de mujeres buscan una fiesta y causa común

En una gigantesca área en las Colinas Negras de Dakota del Sur, nubes de humo salidas de blanquecinos escapes revolotean a lo largo de la pista de carreras, obligando así a una multitud de espectadores a dar un paso atrás y taparse la nariz con sus antebrazos sucios. Es un día húmedo a principios de agosto, en el que el polvo se pega a la piel sudorosa como calcetines recién salidos de la secadora. Pero los ánimos de la multitud se enardecen en el momento en el que dos motocicletas de clanes distintos –una Honda y una Harley– aceleran sus motores con sed de sangre.

“¡Están empeñados en autodestruirse!”, está gritando un presentador a través de los altoparlantes del lugar. “¡Estos tipos están locos!”.

“Esa maldita Honda no va a ganar”, dice entre dientes un espectador de barbas canas al momento en que la bandera se eleva al aire y baja. La Honda y la Harley arrancan hacia la meta, mientras que sus neumáticos chillan como un coro de banshees. Aceleran hasta alcanzar los 190 km/h para recorrer los 167 metros de pista en cuestión de segundos. Para disgusto del espectador, la Honda gana.

© youtube // Buffalo Chip

Rod Woody Woodruff, un abogado jubilado, de 70 años de edad, vestido con anteojos sin armazón, botas vaqueras y líneas de expresión tan profundas como los valles de Dakota del Sur, supervisa la carrera callejera. Woodruff es el fundador de Buffalo Chip, un campamento de 242 hectáreas a cerca de seis kilómetros del pequeño poblado de Sturgis, hogar de uno de los rallies de motocicletas más grandes del mundo desde 1938.

Se dice que durante los últimos 35 años, los más revoltosos del grupo encuentran las puertas abiertas en el campamento. Al igual que los más aguerridos de sus hermanos motociclistas, la gente de Chip siempre vive conforme su lema dice: “Conduce rápido, vive al límite”. Es una ideología apasionada que celebra la libertad y la independencia.

Para los novatos del rally, el consejo de los veteranos puede resultar un poco alarmante: “Trae un arma y, no importa qué suceda, no toques nada que no te pertenezca”. A diferencia de festivales musicales o escenarios que albergan a miles de fanáticos, aquí no hay detectores de metal, revisión de maletas, ni ejércitos de guardias de seguridad que patrullen el sitio de Buffalo Chip. Si quieres fumarte un cigarrillo mientras te sientas a un lado de múltiples barriles de combustible, nadie va a llamarte la atención.

“Hay espectáculos de acrobacias, carreras de pista recta y otras ideas que inspiren la combinación de alcohol con vapores de escape”
The advice for newcomers
Drag Race Buffalo Chip

Ride fast, live hard

Crazy John Markwald (primero a la izquierda) contempla una de las carreras en la que los motociclistas aceleran hasta los 193 km/h.  

“When you get on a motorcycle, you forget about all your little worries“
Rod Woodruff

“En resumen se trata de libertad y dos ruedas”, dice Rod, que reflexiona como si fuera un filósofo vaquero mientras se relaja en un sillón desde la comodidad de la oficina principal.

Dice que eso es el común denominador entre todos los motociclistas que vienen a Dakota del Sur: “Las dos ruedas son la clave. Cuando subes a una motocicleta, te olvidas de tus problemas. Sientes todo distinto. Hueles el aire. Notas los cambios de temperatura, todos esos pequeños entornos. Vivimos en la ciudad o una oficina con aire acondicionado, donde todo está controlado. Pero en el camino, estás expuesto a sentir el mundo”.

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“Vivimos en la ciudad o una oficina con aire acondicionado, donde todo está controlado. Pero en el camino, estás expuesto a sentir el mundo”
Rod Woodruff
Sturgis

Allá por 1981 la policía decidió que todos los que andaban en motocicleta eran unos criminales, debido a los comportamientos…

ALLÁ EN 1981, alrededor de 20 mil personas venían al rally de Sturgis y triplicaban la población del lugar durante varias semanas. Muchos motociclistas fiesteaban y acampaban en City Park y, como dice Woodruff, “eran rebeldes”.

Al presionarlo para que sea algo más específico, dice: “Bueno, ellos tenían una pequeña ceremonia anual en la que incendiaban las letrinas y realizaban pequeños actos sexuales que molestaban a la señora en la colina que los veía con sus binoculares. Ella y sus amigos se quejaron, lo que dificultó que los políticos locales dieran su apoyo al rally. Llegó al grado de que la policía decidió que todos los que andaban en motocicleta eran unos criminales”.

La ciudad votó y decidieron que los motociclistas podían venir a Sturgis, pero tenían prohibido entrar al parque. Al ver la oportunidad, Woodruff y algunos locales comenzaron discusiones para encontrar un anfiteatro natural fuera del pueblo en el que todos fueran acogidos. Lo que Woodruff encontró fue un rancho propiedad de una pareja anciana. Luego de rentarlo por un tiempo, Woodruff compró la propiedad.

Las estrellas de entonces eran tales miembros del Grand Ole Opry como Johnny Paycheck, mejor conocido por popularizar la canción de outlaw country “Take This Job and Shove It”. Al poco tiempo, Woodruff ya tenía un escenario improvisado, una pequeña hoguera y una multitud fiel que se la pasaba bien, bebía cerveza y bromeaba. Un visitante era un reportero del Rapid City Journal, escribió una gran nota sobre considerándolo el equivalente de un viejo rendezvous de montaña. Al día siguiente comenzaron a llegar autos provenientes de Rapid City… y desde entonces no dejaron de ir.

Biker on Buffalo Chip

En los primeros años, sólo unos 200 personas llegaron al rancho. 

HOY BUFFALO CHIP es un parque temático para motociclistas armados y vestidos en ropas de cuero, y mujeres que gustan de pintarse los senos. Un mar de vendedores forma un perímetro alrededor del anfiteatro y venden cualquier clase de cosas, desde hamburguesas y cervezas hasta paliacates con cráneos en llamas. Aquellos que deseen conmemorar su visita, pueden marcarse en un salón de tatuajes. Las estrellas ya no son Johnny Paycheck, sino Kid Rock, Willie Nelson y la estrella estadounidense del country, Miranda Lambert. Además de las sesiones de fogata de antaño, hay espectáculos de acrobacias, carreras de pista recta y otras ideas que inspiren la combinación de alcohol con vapores de escape. Como las carreras Super Hooligan. Este concepto de “compite con lo que tengas”, que es un guiño a los días en que los motociclistas hacían modificaciones a sus vehículos para las competencias, ahora tiene una actualización muy moderna gracias al diseñador de motocicletas personalizadas, Roland Sands.

“El año pasado, no pudimos imaginar que haríamos una competencia en pistas ovaladas de terracería”, dice Daymon Woodruff, hijo de Rod. Al igual que Rod, Daymon habla lenta y deliberadamente, aunque su estilo vaquero tiene un tinte citadino. Él quiere hacer que Buffalo Chip sea tan grande como cualquier festival al aire libre.

La mañana de la carrera en la pista ovalada, bulldozers cavan el suelo frente al escenario principal, donde estuvieron los espectadores parados una noche antes y en donde estarán parados algunas horas después de la competencia. Poner a un montón de motociclistas de velocidad en una pista recién hecha podría o no resultar bien, pero en Buffalo Chip, los organizadores lo intentarán todo, por lo menos una vez. “En una ocasión tuvimos a un tipo que saltó a través de un cagadero en llamas”, dice Daymon. ¿Un cagadero en llamas? “Sí, sólo incendias una letrina y haces que un motociclista la cruce con un salto y aterrice. ¡Fue un éxito!”.

Los Seattle Cossacks, en sus Harley vintage, realizan acrobacias desde 1938. 

También ha habido fracasos épicos. En 2013, el temerario Cling Ewing intentó imponer un récord mundial al cruzar un túnel de 91 metros en llamas. No lo logró. 

Daymon lo cuenta entre risas: “Caray, probablemente yo no lo habría hecho”. Sin embargo, la libertad de llevar una idea de principio a fin, incluso si es muy
peligrosa y ridícula, es la misión de Buffalo Chip. Incluso en esta edición.

UN PAR DE HORAS antes de la carrera en pista ovalada, comienza a diluviar. Luego de acomodarse todos bajo cubierto en las tiendas, los competidores ven cómo la pista aparentemente desaparece.

Roland Sands, former professional racer

El excompetidor profesional y diseñador de motos, Roland Sands, propuso competencias en pistas ovaladas de terracería para agregar “sabor”.  

“¡Será una masacre!”, grita la chica de los altavoces. “¡Estos motociclistas están aquí para competir, para entretenerlos!”. Durante una eliminatoria, un competidor que toma la vuelta de la pista en la orilla interna se estrella contra el motociclista frente a él y sale volando hacia el suelo húmedo. Los otros competidores pasan rápidamente a su lado y hay un instante de pánico cuando las posibilidades de que lo atropellen están en su nivel máximo.

“¡Servicios de emergencia a la pista!”, grita la voz. Pero el competidor da señales para que no se acerquen, se sacude algo el polvo y vuelve a subir a su moto. Aunque la primera vuelta del recorrido es difícil, no pasa mucho antes de que los motociclistas se sientan cómodos en ella.

En otra eliminatoria, Leticia Cline, una de las dos competidoras mujeres que participan, se enfrenta contra Jason Paul Michaels, su esposo. Ninguno da su brazo a torcer. Cline saca ventaja al inicio, pero Michaels se acerca y la supera. En el podio, ella le hace la señal del dedo.

Cline vino con otras tres miembros de las Iron Lillies, un grupo de motociclistas de Orlando, Florida, conformado por sólo mujeres en sólo Harleys. Cline es una periodista de motocicletas que ha manejado motos desde que era niña.

“La gente viene aquí por dos razones”, dice. “Para fiestear y para conducir en una de las áreas más hermosas del país”. En lo que respecta a la fiesta, Cline, al igual que el resto, ella sabe muy bien cómo participar. En un festejo para los competidores y asistentes aquella noche, ella disfruta una ronda de derby de taburete de bar, al beber hasta el fondo su cerveza mientras Roland Sands gira su asiento tan rápido como puede.

“¡Hace dos años me corrieron del Chip!”, dice con una sonrisa enorme. Estaba luchando con una amiga, explica, y salieron rodando por la colina y de una u otra manera desconectaron la energía eléctrica. Aunque puedes salirte con la tuya casi en todo –sexo en público, letrinas incendiadas– interrumpir la energía eléctrica es demasiado.

Buffalo Chip es donde la gente de cualquier sector de la sociedad –desde ingenieros y conductores de camiones hasta asistentes de almacén y dentistas– se reúne para beber y hablar de motores.

Este es un lugar en el que, si deseas, puedes casarte con tu motocicleta en la capilla del lugar. O incluso puedes casarte con tu compañero.

“Los motociclistas han tenido mala fama a lo largo de los años sólo por culpa de algunas manzanas podridas”, dice Daymon. “Pero, en realidad, son de la gente más amigable que puedas conocer. Y se cuidan unos a otros”.

© youtube // Buffalo Chip

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“CONDUCE RÁPIDO, VIVE AL LÍMITE”: ES EL LEMA DE LOS MOTOCICLISTAS Y SE TOMAN SUS PASIONES EN SERIO. ANDAR EN dos ruedas Y FIESTEAR SON UNA CELEBRACIÓN DE LIBERTAD E INDEPENDENCIA” 

Para los acróbatas, como los Seattle Cossacks, su confianza mutua es más que parte de un código no verbal; ellos confían uno en el otro para evitar lesiones graves. A lo largo de generaciones desde 1938, los Cossacks, que van desde tan sólo los 12 hasta incluso los 58 años de edad, forman pirámides humanas, dan giros hacia atrás y vuelan a través de muros en llamas mientras conducen Harleys vintage de los años treinta y cuarenta.

“Se necesita mucha práctica y mucha confianza”, dice uno de los miembros más antiguos, Andrew Nicholson, con bigote retorcido y ojos brillantes, que ha venido desde 1990.

Motos, chicas y fiesta 

Leticia Cline

Leticia Cline es parte del grupo de motociclistas mujeres Iron Lilies. 

 Nicholson se maravilla del legado que se ha construido. “¿Sabes? Creíamos que se volvería más comercial”, dice acerca de Buffalo Chip, “¡pero no es así!”.

“Quedarse aquí no es un paseo dominical”, añade. “Hemos tenido tormentas eléctricas todas las noches y estamos en tiendas. Pero ¿sabes algo? Nosotros no cambiaríamos nada”.

Ni tampoco Woodruff. “Este encuentro es mucho más que un negocio, se trata más que de un campamento”, dice. “Hay algo en el alma de la gente motera que viene que realmente no puedes cuantificar. Es una especie de magia”.

Ni tu perfil, edad o cuna importan en el Chip. El objetivo aquí es reunirse una vez al año para competir, oír música y beber, sazonado con algunas bodas, tatuajes y sexo.  

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11 2016 The Red Bulletin

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