Los clásicos arrancones

Fotografías: David Harry Stewart

Una recta, dos carriles, dos autos, luz verde y ¡acelerador a fondo! Aceleración pura, récords, dramas apasionantes y accidentes afortunados. David Harry Stewart exploró este extraño mundo con su cámara fotográfica    

Los arrancones (drag racing) nacen en la ilegalidad. Luego de la Segunda Guerra Mundial los soldados estadounidenses que volvían a casa requerían adrenalina, mientras los autos eran cada vez más baratos… Así se pactan las primeras carreras, en la década de 1950, en campos de aviación en desuso y pistas de carreras.

El buen gusto no tiene límites de edad

Nunca eres demasiado joven para los mágicos 12 segundos del cuarto de milla en un coche que tiene 40 años.   

La brillante idea de trasplantar los motores más grandes, más potentes y más ruidosos a los autos de tamaño mediano, le dio origen a la gran leyenda de los “muscle cars”, construidos en los años 60 y 70. Aquellos autos se llamaban, por ejemplo, Barracuda, Fury, Superbird o Charger y justamente así es como se veían: peligrosamente potentes. Y continúan luciendo así en la actualidad, especialmente en las carreras de arrancones.

 

 

 

Una buena oportunidad para lucir una reliquia entre conocedores. Y la familia también es bienvenida: en algunos sitios de los Estados Unidos los arrancones tienen un carácter de fiesta popular. Las dos principales asociaciones, la NHRA y la IHRA, se subdividen en más de 100 categorías diferentes, lo cual aumenta mucho las posibilidades de trofeos para muchos competidores. Incluso los ciclistas son bienvenidos.

Los arrancones: un deporte arcaico

Eres tú o tu oponente. La gran mayoría de las veces ya conoces tu destino después de unos pocos metros.  

Al igual que los jugadores de videojuegos o los velocistas profesionales, los pilotos de arrancones también entrenan el tiempo de reacción. Los mejores consiguen un tiempo en torno a los 120 milisegundos. Sólo a modo de comparación: dentro del atletismo, todo movimiento antes de los 100 milisegundos se considera una salida en falso. Así que cada centésima de segundo que puedas conseguir tú mismo, no la tienes que buscar invirtiendo en material.

 

Los ojos firmes sobre el semáforo

El tiempo de reacción promedio del ser humano se encuentra entre los 200 y los 300 milisegundos.  

El pie derecho en el acelerador, el izquierdo en el freno. La caja automática en posición “drive”. Calentar bien los neumáticos. Listo en la línea de largada; no desperdiciar ni un milímetro. Esperar la luz del semáforo, conocido como “árbol de navidad”. Quitar el pie del freno, sostener firme el volante y sentir la dulce locura de la aceleración. Un poco más y otro poco más, hasta que aguante la caja de transmisión. 

 

Pequeño y ligero, pero con mucha clase

Clásicos como este Chevy Nova 72 están predestinados a una vida eterna en las pistas de arrancones.  

El pie derecho en el acelerador, el izquierdo en el freno. La caja automática en posición “drive”. Calentar bien los neumáticos. Listo en la línea de largada; no desperdiciar ni un milímetro. Esperar la luz del semáforo, conocido como “árbol de navidad”. Quitar el pie del freno, sostener firme el volante y sentir la dulce locura de la aceleración. Un poco más y otro poco más, hasta que aguante la caja de transmisión. 

 

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08 2014 The Red Bulletin

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