Matt Bush

Matt Bush, el solista

Texto: ANGUS POWERS
Fotografía: Kelvin Trautman

Quienes hacen escalada libre en solitario trascienden el miedo y el riesgo en su viaje hacia lo desconocido. El sudafricano Matt Bush es uno de los mejores del mundo

Al agarre, en un borde de la roca, es tan profundo como una uña. Sin embargo es lo suficientemente amplio para que quepan cinco yemas de dedos juntas, tres de su mano izquierda, dos de su derecha. Cuando está colgado allí dependiendo de cinco medias yemas de dedos, con el suelo esperando a 25 metros, el fondo del valle a 100 metros por debajo y su pie derecho descansando sobre un diminuto apoyo, el pie izquierdo se desliza hacia los lados buscando ciegamente un agarre vital oculto bajo un labio rocoso. Es un movimiento crítico y crucial. No tiene ninguna cuerda. El escalador está solo apretando la roca lisa color marrón; lo acompañan algunas aves, el sol y el aire. En esta situación en particular, no sirve de mucho una segunda oportunidad. Cuando se impulsa con el pie izquierdo y alcanza un sólido borde con la mano izquierda, Matt Bush es más libre que nunca.

Su mente está tan vacía como puede estarlo. Parece como si toda su conciencia se hubiera destilado en esto, en una concentración total por vivir el momento. Bush escala con una confianza ciega en la capacidad de su cuerpo. ¿Por qué no hacerlo? Si es tan flexible como un junco y tan fuerte como el acero.

En el entrenamiento, hace dominadas con un solo brazo, colgando de un solo dedo. Pero las colchonetas y los aparatos del gimnasio están muy lejos ahora. Aquí el objetivo es ascender a un ritmo vertiginoso, a casi flotar sobre la pared si fuera posible. Conocido como el Activist, este ascenso en Montagu es muy diferente a las grandes paredes que hicieron famosos escaladores solistas en otras partes del mundo, pero está siendo lo suficientemente exigente como para que Matt Bush lo agregue a su colección de solos más extremos jamás realizados.

Matt Bush

Colgado de un brazo sobre el vacío, Bush tiene una vista única de la costa Atlántica de Ciudad del Cabo.

© Jacques van Zyl

No se trata de que los grados de dificultad no tengan mucho interés para Bush. Por un lado, y ya que el solista puede terminar pagando el precio más alto al estar a 15 m o a 1,015 m del suelo, los grados sólo ofrecen una cierta cantidad de audacia para el dominio del cuerpo y la mente de un escalador. Por otra parte, a pesar de los números de clase mundial que Bush ha logrado, el debido reconocimiento parece haberle pasado por alto. El mundo de la escalada pone la atención en unos pocos elegidos por los patrocinadores. Pero, sobre todo, es el espíritu libre de Bush el que inspira su indiferencia.

“Podemos jugar futbol, rugby o cricket con medidas preestablecidas porque creamos las reglas”, expresa Bush. “Pero la naturaleza tiene sus propias reglas. ¿Cómo se mide la naturaleza? Y, ¿por qué la necesidad de cuantificar y calificar por el propio ego o por satisfacción? ¿Para evaluar el progreso personal? Para mí tiene cada vez menos relevancia. Una motivación mayor es el amor que siento por lo que hago. Además, ¿cómo se mide la experiencia de una escalada en solitario libre si es libre? Es un solo libre, no tiene límites, ni impedimentos ni barreras”.

“El solo libre es un lenguaje. Cuando escalas, hablas. Si no hablas, no lo comprendes. Es así de simple”

La primera prueba de los límites exteriores de la experiencia humana de Bush llegó a una edad temprana, cuando siendo un preescolar fue jalado semiinconsciente del fondo de una alberca por una niñera atenta. Pero los orígenes de su abordaje a los solos fueron más mundanos. Dominar la escena de la escalada competitiva en Sudáfrica durante cinco años seguidos agudizó su apetito por una nueva prueba y la pureza elemental de la escalada en solitario libre se encendió en su alma.

“El factor de motivación principal siempre es ver si lo pueden lograr”, dice el sudafricano Andy de Klerk, montañista y saltador BASE pionero, sobre el atractivo de la escalada en solitario libre. “Ver si pueden empujar sus propios miedos y límites, haciendo algo sin protección y sin ayuda. Matt es muy valiente. Tiene la cabeza muy fría. Se siente cómodo al salir de su zona de confort y tomando riesgos que otros no se atreverían”.

Matt Bush

Bush hace un solo en la Africa Arete, una ruta clásica en la Montaña de la Mesa.

© Jacques van Zyl

 De Klerk sostiene que los solos siempre se ven peor de lo que realmente son. “En una película se ve horrible”, dice. “Parece como si estuvieran a punto de caerse y morir en cualquier momento. Pero cuando estás haciendo un solo es muy diferente. El solista está concentrado y nunca siente perder el control. Sabe exactamente lo que está pasando en todo momento. Tener la mente clara es vital”.

Los épicos movimientos sin cuerdas que hace Bush –como el murciélago durmiendo colgado de una saliente rocosa o la bandera humana en un acantilado– no pueden contemplarse sin que uno se pregunte: ¿qué pasaría si…? ¿Y si su punto de apoyo se suelta? ¿Y si su agarre se llegara a deslizar mientras su cuerpo cuelga sobre el vacío?

“¿Qué distingue a un solista de todos los demás?”, pregunta retóricamente Bush. “Su coraje. Los solistas tienen el coraje para ir a donde la mayoría no iría y el coraje para empujar los límites de su experiencia para conseguir algo no visto. ¿Por qué debería dejarme llevar por el miedo que les da a otras personas lo que yo hago? No es mi miedo. Muchas veces es el miedo propio de ellos a la muerte proyectado en mí”.

“¿Un error y te mueres?”, dice con tono irónico, abriendo grandes los ojos y frotándose las manos. “Yo cometí errores y no estoy muerto. Si pierdo el equilibrio, puedo invertir mis movimientos o salir del aprieto escalando. Si mi mano se suelta, puedo volver a ponerla en la pared. El solo libre es un lenguaje. Cuando escalas, hablas. Si no hablas, no lo comprendes. Es así de simple”.

Matt Bush

Comparar los ascensos y sus grados de dificultad es puramente subjetivo, pero se dice que mientras que Alex Honnold, la súper estrella de los solos libres, escala cada vez más alto, Matt Bush lo hace cada vez más difícil.

Bush, sin embargo, admite que algunos errores pesan más que otros. La ruta más técnicamente difícil que jamás hizo en solitario, Route by the River, terminó prematuramente después de forzar un salto y que su mano golpeara la roca y se soltara. El mismo Bush se sorprendió de haber salido completamente ileso de una caída de 9 m, aun cuando haya sido sobre la arena del río. Tomó un respiro de media hora y volvió a hacer la ruta y la terminó. Su experiencia a 150 m en el Cogmans Buttres, también en Montagu, fue diferente. Su mano izquierda se deslizó de forma inesperada de un agarre húmedo e inclinado, dejando a su cuerpo balanceándose lejos de la roca. “Rápidamente volví a mi posición y me agarré firme”, dice Bush, “en ese momento logré volver a enfocarme en seguida. Pero esa experiencia me hizo cuestionar todo”.

Ver a Matt Bush sobre una roca en las montañas de Cederberg es ver el poder y la gracia de un escalador de élite. Sin esa proximidad es imposible apreciar cuán ridículamente difíciles pueden ser estas hazañas de antigravedad. Imagina lo siguiente: Bush se aferra a la parte inferior de una enorme roca utilizando la enorme fuerza de los dedos de sus manos y sus pies para permanecer sujetado, mientras maniobra su posición para hacer un ambicioso ‘dyno’; un salto dinámico en el que los cuatro puntos de contacto sueltan la roca al mismo tiempo. Desde este punto de partida increíblemente incómodo, Bush se lanza hacia arriba y hacia afuera en un ángulo de 30 grados completamente extendido con el objetivo de alcanzar un agarre que no puede ver y asegurarse a él con una sola mano, controlar el impulso pendular de su cuerpo y, finalmente, impulsarse hacia arriba hasta la cima de la roca. Es una exhibición fantástica de atletismo y percepción del espacio.

Sylvain Burki, uno de los equilibristas de highline más consumados de Sudáfrica y coordinador de instalaciones acrobáticas, identifica métodos en la locura aparente. “Matt es muy controlado y metódico, elabora de antemano todos los movimientos con una cuerda”, dice. “En el momento en que le das importancia, comienzas a preocuparte en lugar de concentrarte en el próximo agarre”.

“Ser sincero con lo que siento es una regla muy importante para mí”, dice Bush. “No me pregunto, ‘¿creo que estoy listo para hacerlo?’, sino, ‘¿me siento listo para hacerlo?’. Si creo que estoy listo, pero dentro de mí tengo una sensación diferente, voy a librar una batalla épica con mis emociones en la pared”.

Las únicas variables que Bush no controla son las naturales. Se ha enfrentado antes a fuertes vientos y a aves territoriales, pero la roca frágil sigue siendo un peligro. Más frecuentemente comienza una batalla interior que hay que vencer –y una de las grandes pruebas para un solista radica en su capacidad para silenciar las voces internas de la duda. “Hay maneras de centrarse en uno mismo cuando la mente comienza a escaparse y se inicia un diálogo catastrófico”, dice Bush. “La primera es respirar adecuadamente con el fin de relajar el cuerpo. La segunda es volver a encausar el diálogo mental interno con entorno a pensamientos positivos”.

Para Bush, enfrentarse al miedo de su propia muerte fue la llave que destrabó su vida. “Si existe ese vacío existencial que puede ser llenado con todo tipo de cosas”, dice, “yo lo lleno con estas experiencias en la naturaleza porque son reconfortantes para mí. Ir a lugares a los que no he ido antes me hace sentir como un pionero de mi propio potencial. Me siento inspirado en este viaje; me hace dar cuenta de que sólo se trata de…”.

Matt Bush

Bush hace un espectacular murciélago colgando en las montañas por encima de Muizenberg.

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02 2016 The Red Bulletin

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