Red Bull Kirimbawa

Red Bull Kirimbawa: rozando lo imposible

Texto: Fernando Gueiros - Fotografía: Marcelo Maragni y Fabio Piva

90 atletas de élite corren, andan en bici y reman a través de la selva más grande y despiadada del mundo. Son los KIRIMBAWAS, como los más grandes guerreros de las tribus indígenas

Son las tres de la madrugada en el corazón del Amazonas. Los 28 grados de la temperatura del aire son sofocantes. Solo el haz de luz de las linternas atraviesa la oscuridad nocturna. Los 90 atletas aguardan en el territorio de la tribu de los Inhaã-Bé una feroz batalla; uno contra otro, contra la selva y sus peligros. Ellos estarán agrupados en 30 equipos, con tres integrantes cada uno: un corredor, un ciclista de montaña 
y un kayakista.

Los 30 corredores han pasado la noche con los Inhaã-Bé. Justo antes de la largada, todavía reciben más ayuda desde el más 
allá. Bajo la luz de las linternas bailan cuatro mujeres indígenas. Le piden a los dioses valentía y fuerza para los kirimbawas; como les dicen a los atletas. Kirimbawas; como llaman a sus grandes guerreros.

Una quinta mujer, algo más vieja que 
las demás, lleva una cesta de humeantes hierbas frente a ella y envuelve todo en un denso humo. “Purifica el alma”, nos explican. Pericles Villaça, un corredor de 39 años, tose con el humo purificador, sonríe y dice: “Imagínate una cinta para correr dentro de un sauna y empieza a correr. Eso es más o menos lo que nos espera. Además están los peligros de la selva, que justamente no encuentras en un sauna”.

Los corredores han pasado la noche con los Inhaã-Bé en simples hamacas; no esperan descansar correctamente. La corredora de 33 años, Fernanda Maciel, parece como 
si recién hubiera acabado un combate de boxeo. “Al principio no podía quedarme dormida, se me hacía imposible. Y cuando logré dormitar un poco, me picó un escarabajo. Tenía el ojo tan hinchado que tuve que ir al médico a las dos de la mañana”.

Alexandre Moura

PURO SUPLICIO

Alexandre Moura cruzando uno de los ríos que atraviesa el recorrido de la carrera. Llegó duodécimo y su equipo quedó en el tercer lugar de la general.

La carrera comienza en la oscuridad total. Frente a los corredores se extienden 50 kilómetros de senderos serpenteantes 
a través de la densa jungla, por caminos accidentados, cruzando ríos por donde el agua les llega hasta la cintura. Tres horas y 15 minutos después de la largada, el primero de ellos llega a meta, se trata de Fernando Bezerra. En este momento, el sol se eleva sobre las copas de los árboles.

¿Cómo fue? “Aterrador. Allí dentro te encuentras solo con la selva. Algo se cruzó en mi camino a solo unos metros delante de mí, no pude reconocer de qué se trataba, pero era negro, muy grande y muy rápido”.

Los ciclistas no saben muy bien qué les espera en los 86 kilómetros de ruta fangosa, cuesta arriba y cuesta abajo. En cambio, los mejores alcanzan un promedio de 30 km/h. El más rápido cruza la línea de meta, en la base militar del ejército de Brasil en las tierras bajas del Amazonas, con un tiempo de 2:55 horas.

¿Cómo fue? “Después de los primeros kilómetros comencé a sudar y ya no paré nunca más”, comenta Rubens Valeriano Donizeti, de 
34 años, jadeando y con brazos y piernas temblorosas. “Hacia el final hay un tramo de terreno abierto. No sabía qué era peor: 
la humedad o el calor sofocante”.

“Nunca he disputado una carrera tan larga y tan dura. Mis manos están heridas, el calor y la sed fueron algo insoportable. Pero lo logramos”
Marcelo Lins

La parte más dura quizá les haya tocado a los kayakistas; los últimos en entrar en la carrera. El sol arde sin piedad, la ruta de 
50 kilómetros los lleva río arriba contra las corrientes del Amazonas, el Río Negro y el Río Solimões.

Ocho de ellos, exhaustos y desesperados (pues los esfuerzos de los corredores y los ciclistas de sus equipos fueron en vano) se dan por vencidos. Los más rápidos tardan unas cinco horas y media en llegar a la meta, los últimos lo hacen tras más de siete horas de carrera.

En Manaos, la capital de la provincia, rompe la noche cuando Marcelo Lins sale 
de su kayak. Con el segundo mejor tiempo en los resultados individuales él logra la victoria para el equipo Xingu en la Red 
Bull Kirimbawa. “Nunca he disputado una carrera tan larga y tan dura. Mis manos están heridas, el calor y la sed fueron algo insoportable. Pero lo logramos”, dice y sonríe: “Precisamente kirimbawas”.

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03 2014 The Red Bulletin

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