Air Zermatt

Rescate por todo lo alto

Texto: Andreas Rottenschlager   
Fotografía: Tero Repo

El equipo de rescate Air Zermatt salva vidas en algunas de las montañas más altas del mundo.  A 7,000 m. Por la noche. Contrarreloj. Y el éxito de este equipo de rescate suizo comienza en la cocina del personal… ¿Cómo?

A la fecha, la misión más peligrosa en la carrera del piloto de rescate de montaña Tom Pfammatter tuvo lugar en el verano de 2005. Y todo fue por culpa de una chamarra rompevientos.

Pfammatter, que entonces tenía 35 años, estaba socorriendo a un senderista que había caído en la base del glaciar del Ródano, en los Alpes suizos. Cuando recibió la llamada SOS se encontraba cenando en el hangar de la escuadra de helicópteros en Zermatt, un pueblo de montaña suizo a unos 250 kilómetros al este de Ginebra. Ya estaba oscuro cuando Pfammatter subió a la cabina de su Eurocopter EC135 carmesí. El médico de emergencia y los paramédicos se escurrieron detrás de él. Pfammatter encendió los motores y luego se puso los lentes de visión nocturna.

Tom Pfammatter

La misión más difícil para Tom Pfammatter fue el glaciar de Rhône en 2005.

 Los vuelos de ambulancia aérea en las montañas son extremadamente peligrosos. Cada ráfaga de viento hace temblar el helicóptero. La caída de rocas puede poner en peligro la vida de la tripulación. Por la noche, el piloto tiene que maniobrar el helicóptero en los terrenos más hostiles y sin ningún punto de referencia, debido a la escasez de luz. Estas misiones, dice Pfammatter, no son “divertidas”.

“Al alcanzar la entrada del valle, los goggles de visión nocturna dejaron de funcionar”, relata. “No había ni un haz de luz de la luna, por eso los lentes no conseguían captar suficiente luz residual. Sólo veía una mezcolanza de verde y negro”.

Pfammatter sobrevolaba el helicóptero en la entrada del valle. Sin visión nocturna no podía ver nada, pero había una persona congelándose en el glaciar. “Entonces me acordé de la línea de alimentación que pasa por el valle del Ródano y llega hasta el glaciar”.

Pfammatter encendió los faros de abordo. La luz era demasiado escasa para alumbrar el valle y permitirle continuar el vuelo, pero era suficiente para hacerlo capaz de sentir el camino a lo largo de un cable de alimentación del grosor de un dedo. Pfammatter mantenía el helicóptero a tres metros por encima del cable, luego se abrió paso hacia el glaciar metro a metro. La línea de alimentación eléctrica sirvió de guía, los faros del helicóptero fueron su bastón de movilidad.

Treinta minutos más tarde, los médicos subían abordo al senderista. Pfammatter emprendió la vuelta con el helicóptero y los llevó de forma segura hasta el hospital, con la última gota de combustible.

“Al día siguiente, el chavo que habíamos rescatado nos dijo que había querido tomar fotos desde el paso de montaña y que su chamara, que le costó 4,600 pesos, se le había caído por encima de la barrera de seguridad. Cuando escaló la barrera para recuperarla se cayó. Y ese fue el motivo de esta misión. Pero no pregunta cuál es la causa del accidente. “Soy piloto y mi trabajo es llevar al equipo de rescate de A a B”, dice Pfammatter.

Air Zermatt

Durante la misión en el glaciar Valais en los Alpes, el médico se comunica con el piloto vía radio.   

Pfammatter, de 45 años, lleva 20 años haciendo misiones de rescate. “No se trata sólo de tener el conocimiento. La unión entre la intuición y el razonamiento son vitales”.

Air Zermatt en números

1,500 misiones por año, en promedio, con nueve helicópteros del Air Zermatt.  Alrededor de 700 el equipo de rescate las lleva a cabo fuera de las rutas de senderismo o de esquí, en territorio peligroso.

10 pilotos vuelan a tiempo completo para el Air Zermatt. También hay ocho médicos de rescate, 15 mecánicos y 60 médicos autónomos. El escuadrón tiene su sede en el helipuerto de Zermatt.

7,010 metros fue la altura máxima alcanzada por una misión de rescate en helicóptero. Fue realizada por el piloto Daniel Aufdenblatten en el Annapurna, Himalaya, en abril de 2010.

16 grados fue la temperatura corporal de un hombre rescatado en una grieta por el veterano médico del Air Zermatt, Axel Mann –la más baja que ha visto. “Se casó con su enfermera”, dice el Dr. Mann.

 Cuando Air Zermatt comenzó en 1968, su primer helicóptero lo estacionaban en un cobertizo de madera. En 1971 llegó su primera misión de rescate en la cara norte del Eiger. En 2010, el colega de Pfammatter, Daniel Aufdenblatten, llevó a cabo la misión de rescate en helicóptero más alta jamás realizada; a 7,010 m en el Annapurna, Nepal. Tanto él como el guía de montaña Richard Lehner, quien ayudó en el rescate, fueron condecorados con el premio Aviation Heroism, otorgado por la editorial especializada Aviation Week.

El entrenamiento para ser piloto del Air Zermatt es de cinco años. “Empiezas con vuelos panorámicos alrededor del monte Cervino, luego practicas vuelos de carga; llevas troncos, tuberías, vacas. Cuando un médico pone su primer herido en el cabrestante de tu helicóptero, tienes más experiencia que la mayoría de los pilotos de rescate del mundo”.

Pfammatter puede apoyar una cuerda de rescate de 200 m en un pedazo de tierra del tamaño de una toalla y alinear el ángulo de vuelo a un pedacito de hierba. Pero lo que no puede hacer es tomar decisiones sobre la vida o la muerte de la gente que acude a su ayuda. “Al final de un buen día, te miras en el espejo y sabes que le has salvado la vida a diez personas. En un mal día, el control de la misión te dice que hay víctimas fatales y que estás llevando bolsas para cadáveres a la montaña”. 

“Los helicópteros vuelan al límite por encima de los 6,000 m, donde el aire es delgado. Las palas del rotor tienen menos resistencia y al aterrizar, puede que no vuelva a elevarse, por carencia de potencia a esa altura”
Gerold Biner

Pfammatter ha tenido muchos buenos días como piloto, pero también otros muy malos. Ha recuperado cuerpos de niños sin vida y ha llorado en la cabina de su helicóptero. ¿Cómo se sobrepone a esos días tan malos? “Salgo a correr”, dice Pfammatter. “Al principio lentamente y luego corro a toda velocidad hasta que no doy más y caigo agotado en mi cama. Al día siguiente, me levanto y vuelvo a subir a la cabina”.

El área de operación, los Alpes peninos, cuenta con 41 picos de más de 4,000 m. El equipo lleva a cabo 1,500 misiones por año. Si un montañista tiene un accidente lejos de las rutas de senderismo, se llama a los guías de montaña.

Air Zermatt

Entrenamiento de cabestrante en los Alpes suizos. Los experimentados pilotos de rescate pueden depositar una cuerda de 200 m en un espacio del tamaño de una toalla.

 A lo largo del valle están los anillos móviles de Anjan Truffer; el más veterano guía de montaña –nacido y criado en el pueblo–, quién ha escalado el monte Cervino 150 veces. En caso de emergencia, el helicóptero aterriza en el jardín trasero de la casa de Truffer y traslada a este guía de montaña de 40 años armado con crampones, pitones y cinchas. “Puedo llegar desde el sofá de mi sala de estar a la cara norte del monte Cervino en siete minutos”, nos cuenta.

Truffer, quien a menudo es la primera persona en la escena, dice que los rescates en las grietas son particularmente difíciles. “La gente cae en un hueco en forma de ‘V’ y se queda atascada. Debido a su calor corporal, se funden en el glaciar. Luego encuentran atrapados en una armadura de hielo y su temperatura corporal comienza a descender”.

Cuando el equipo tiene una misión de rescate en una grieta, lleva generadores. Los equipos de rescate son bajados a la grieta con una cuerda y, con un cincel, sacan a la persona del hielo. Los taladros demoledores Hilti son ideales para este trabajo. Truffer baja con cuerdas a una grieta unas 40 veces al año. ¿Cuál fue su misión más peligrosa hasta la actualidad?

“La del 1999, en el glaciar Theodul. Un snowboarder se había caído en una grieta. Cuando descendí con la cuerda, vi enormes carámbanos en los lados. Si te posas sobre uno, se pueden derrumbar varias toneladas de hielo. Tuve que hacer camino rodeándolos, como si estuviera en un laberinto. En un momento el haz de luz por encima de mí se desvaneció”. Truffer alcanzó al hombre inconsciente a 85 m bajo tierra. “Se había golpeado la cabeza. Lo encontré al rastrar su sangre”.

El chico sobrevivió a la caída. Nunca se puso en contacto con su salvador. “Este trabajo te cambia la manera de ver la vida”, dice Truffer. “Lo cotidiano es menos importante. ¿Tu vecino tiene un auto más grande? Y, ¿te despiertas y no queda leche? Al estar en una grieta, sabes lo que es un verdadero problema”.

La oficina de Gerold Biner, el jefe del Air Zermatt, está situada debajo del techo del hangar, como el nido de un pájaro. Biner, un hombre delgado con las cejas puntiagudas, lleva haciendo misiones de rescate en la montaña desde hace 25 años.

Biner

El jefe del Air Zermatt, Gerold Biner, ha rescatado cuerpos del Everest.

 También exporta su experiencia suiza a las cadenas montañosas más elevadas del planeta. Biner, de 51 años, y su equipo llevaron a cabo las primeras sesiones pioneras de práctica: en YouTube, lo puedes ver sobrevolando el Himalaya.

“Los helicópteros vuelan al límite por encima de los 6,000 m”, explica Biner. “El aire es delgado. Las palas del rotor tienen menos resistencia. Al aterrizar no puedes volver a elevarte si algo sale mal, el helicóptero carece de potencia a esa altura”.

Biner hizo misiones en el Himalaya a 7,000 metros. En el Everest, recuperó los cadáveres de dos montañistas a 6,500 m y rescató a cinco escaladores chinos en el Dhaulagiri, la séptima montaña más alta del mundo.

De vuelta en Zermatt. Biner recibe cientos de solicitudes de trabajo cada año. Debe seleccionar pilotos en los que pueda confiar la vida de sus colegas. Y hay una pregunta que les hace siempre: “¿Con qué frecuencia eras voluntario para limpiar la cocina en tu último trabajo?”. Biner entiende muy bien que, ante todo, los equipos de rescate de montaña siempre deben ser capaces de poder confiar en sus compañeros.

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10 2015 The Red Bulletin

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