Skrillex

Skrillex está en todas

Texto: Cole Louison
Fotografía: Ben Rayner

The Red Bulletin se mete en el meollo de la gira del rey del dubstep. ¡Libre acceso con Skrillex!

Mientras que la mayor parte del tiempo es un relámpago que corre, golpetea y grita, las cosas cambian cuando la hora de la presentación se acerca. Cuando está en la cabina para hacer una prueba de luces para esa noche, habla muy poco y tiene la mirada fija en el panel de control. “Es de hospital. No me gusta. Nada. ¿Podemos probar otros tonos?”, dice sobre el reflector azul que tienen sobre él. La luz se apaga, alguien hace una broma en la oscuridad sobre John Hughes y se escucha una risa, pero no es de Sonny. Él toma un sorbo de un vaso y una fumada de un American Spirit, pero sigue mirando al frente.

Está en la cabina de una nueva nave espacial, un objeto gigantesco, sombrío y angular de metal oscuro que luce como si pudiera volar. Alguien presiona un botón y salen dos haces más pálidos y finos, con el tono azul deslavado y casi iridiscente de unos jeans viejos. Él asiente. “Sí. Sí. ¿Qué tal luce eso?”. Luce bien. Eso es parte del EDM. Hay buenas vibras por doquier.

Lo difícil para el personal de seguridad es hacer que la gente permanezca en su lugar. Todos los asistentes están de pie antes de que Skrillex siquiera aparezca en la nave espacial del escenario y active un interruptor que emite un zumbido grave y palpitante hacia la multitud. Entonces él se balancea sobre su mezcladora y levanta su mano hacia las diez mil manos que lo saludan. La nave se eleva continuamente de un nido de humo en una explosión de luces. Un minuto después, está parado al lado de las tornamesas, con su peinado ya ensopado. “¿Están todos bien?”, pregunta al posarse las luces sobre el público, que pasan de un color carmesí a un verde marciano. La multitud estalla.

Todo está bien, especialmente Sonny, a pesar de algunas críticas duras recientes a su trabajo y música. Al crecer el público y los intereses corporativos en la EDM, más gente cuestionó su legitimidad como una verdadera forma musical, incluyendo a algunos en su misma comunidad. Artistas exitosos como Deadmmau5 se refieren a Skrillex y a otros artistas del EDM como “aprietabotones”. “Ya que ellos no pinchan discos”, dice él, “algo se pierde”.

“Para mí no es controvertido porque no me importa un c****o”
Skrillex

Cuando se le pregunta al respecto, al término de la presentación, más que dar la idea de que lo superó, a Sonny parece simplemente no interesarle. “Para mí no es controvertido porque no me importa un carajo”, dice. “No me ofende”. “Los Ramones tocaban tres acordes. No se trataba de esos tres acordes. Se trataba de la energía y el movimiento. Por tanto, amo esas críticas. Son parte de lo que hace que esto sea rebelde. No es así como la gente hace música en general”.

Él señala su equipo básico durante este tour y afirma que cualquiera con una computadora puede crear y subir a la red EDM, pero muy pocos son muy buenos. “Todo va de arriba a abajo. Si ves al público enloquecido, ves una conexión verdadera con la música; no es posible que haya algo falso en eso. Cuando sientes pasión de verdad y eso es lo que yo pienso con mi público, esto es real”.


Su auditorio es indiscutiblemente algo real. Nada falso hay en esa vibra de gente que mueve las manos para saludarlo. Ellos son fanáticos de Skrillex que hacen fila afuera por millares. También hay un grupo que espera no muy lejos y que es llevado por asistentes hasta el back stage para un convivio con el artista. Uno de ellos es Paxton Titus, de 15 años, de Howell, Michigan, y sostiene un retrato a lápiz de Skrillex que dibujó su hermano Carver, de diez años. “Él hace algo completamente diferente a lo que oyes en Sirius XM”, dice, refiriéndose a la radio libre de comerciales. “Demuestra que se puede ser ingenioso y no caer en la trampa de la música electrónica donde el 95% de todo es la misma cosa. Voces de mujer, una progresión creciente y luego esos graves, luego otra vez los graves y entonces entra el beat. Siempre la misma estructura. Skrillex hace su propia estructura. Tiene un sonido monstruoso”.

Skrillex crea su propia estructura y su propio sonido.

Otra es Mandee Edwards, de 24 años, que vino desde St. Louis y pasó dos horas preparando su maquillaje, botas gogó y un tocado blanco y negro que ella misma hizo. “Su música hace feliz a la gente”. Una puerta se abre y Sonny corre hacia ellos con un estruendoso “¡Heeeyyyyyy!”. Saluda de mano, da abrazos, posa para las selfies y firma fotos, pases, playeras, el uniforme de un chef, una cajetilla de cigarros y un surtido de brazos y caderas que se convertirán en tatuajes, le dicen. De inmediato firma el retrato del hermano de Howell y luego pide que un fotógrafo le tome una imagen. Tras media hora, su mánager le dice que es hora de irse. Tienen dos shows en Toronto y hacer que toda esta multitud cruce la frontera a media noche no será fácil. Él agradece a sus fans, levanta las manos en señal de disculpa y dos tipos con radios lo llevan al piso de arriba.


Ha estado extraordinariamente cerca de sus fans siempre. Ya sean convivios, Instagram o que les haga llegar su música antes, todo tiene la filosofía de “hazlo tú mismo” que ya tenían los primeros espectáculos que dio cuando apenas era un chico y lo hace como agradecimiento, pero también es parte integral de él como artista creativo. Él necesita crear, aunque también necesita asegurar que las cosas salgan. Esa apertura es la clave. “Es una manera rápida de hacer cosas y obtener una reacción. Y si es demasiado planeado, como un concierto punk en un lugar con cervezas de 20 dólares, los chicos no están de acuerdo. Los chicos están de acuerdo con la sinceridad. En YouTube hay un video de un niño de dos años que rockea con Skrillex. Eso está bien, puesto que a esa edad no hay nada que pueda persuadirte. No hay medios. Tampoco hay escena. Ni estereotipos. Solo escuchas algo y te transmite un sentimiento. Creo que es una buena señal” dice Skrillex.

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08 2014 The Red Bulletin

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