Andy Green

El hombre de los
1609 km/h

Texto: Anthony Rowlinson
Fotografía: Shamil Tanna

En 1997 Andry Green rompió la barrera del sonido. No volando, sino conduciendo sobre tierra. El récord ya no es suficiente para él. Ahora quiere ir a 1000 millas por hora

Andar erguido, figura delgada, alto, pelo corto, postura firme, paso decidido, ojos azul claro: Andy Green, el teniente coronel de la Royal Air Force, de 52 años de edad, es el hombre más rápido sobre la Tierra. Y exactamente así es la forma en que luce.

En 1997, en el lago salado del desierto de Black Rock, en Nevada, batió el récord de velocidad en tierra abordo del Thrust SuperSonic Car (SSC) al conducir ese bimotor claramente por encima de la barrera del sonido. Al final, la medición mostró un promedio de velocidad de 763, 035 millas por hora en un trayecto de una milla de largo. Esto equivale a unos 1,227.86 km/h.

Ahora Andy Green persigue un nuevo objetivo: quiere alcanzar las 1,000 millas por hora con un vehículo, mientras todas sus ruedas están en pleno contacto con el suelo. Se tratan de unos 1,609 km/h. El vehículo (el cual será propulsado a chorro y por cohetes) que va a conducir tiene el nombre de Bloodhound SSC. El proyecto tiene una inversión de alrededor de 51 millones de euros y tiene patrocinadores como Rolex, Rolls Royce y Castrol. Las pruebas iniciales están programadas para 2015 y la marca de las 1,000 millas por hora se va a intentar en 2016.

De acuerdo con los cálculos iniciales, la velocidad máxima que se alcanzará en el intento de récord será de alrededor de 1,050 millas por hora, casi 1,690 km/h. El Bloodhound será tan rápido como una bala disparada por una pistola.

Bloodhound SSC

Los récords de Grenn

Un avión de combate… Sólo que sin alas: Bloodhound SSC se llama el proyectil que en 2016 buscará las 1,000 millas por hora en Sudáfrica.

Green forma parte de una tradición de aventureros obsesionados por la velocidad. Como. por ejemplo, Chuck Yeager, quien en 1947 se convirtió en el primer hombre en romper la barrera del sonido con el Bell X-1, su pequeño avión cohete anaranjado y al mejor estilo de West Virginia le dijo por radio a su equipo en tierra: “Tomen nota por favor. Algo anda mal con el viejo velocímetro. Creo que se volvió completamente loco”.

O un Richard Noble, quien en 1983 con el Thrust 2, impulsado por turbinas, marcó el antiguo récord de velocidad en tierra de 633 millas por hora. Su lema en aquel momento: “For England and for the hell of it” (por Inglaterra y porque sí).

“El Bloodhound será tan rápido que podría correr contra una bala disparada por una pistola”
Andy Green

Andy Green

Las pruebas iniciales en el lugar ya están previstas para el 2015. Andy Green, en la búsqueda del récord, estará protegido en una cabina de alta tecnología: cada piedrita que se levante significará una amenaza mortal a esa velocidad.

 Noble es ahora el director de proyecto del Bloodhound de Andy Green. Pero Andy Green se ve a sí mismo fuera de esta tradición. Este matemático graduado en Oxford y aguerrido piloto de la Royal Air Force no encuentra un intento de récord de velocidad en tierra en la actualidad como el resultado de la ambición y la osadía por la aventura de un veterano amante del riesgo, sino más bien como el producto de la ciencia y la tecnología, de la racionalidad fría y basada en datos.

Con cerebro, no con corazón va a conducir su máquina, dice. “El récord es una cuestión técnica, no emocional. Soy parte de un equipo de pruebas para la tecnología y el desarrollo. No soy un corredor, sino un piloto de pruebas”.

Desde luego que Andy Green es un tipo que es muy consciente del peligro. De hecho, los modelos de computadora pueden predecir cómo se comportará el Bloodhound a 900 millas por hora. Pero en realidad sólo él podrá experimentar y sentir cómo se comporta la máquina al límite. Y únicamente él será capaz de  reaccionar si algo sale mal.

Como cuando fue derribado por un cohete enemigo, en la época en que se desempeñaba en el sur de Irak como comandante de la RAF hace 20 años, lo cuenta con asombrosa tranquilidad. “Simplemente estaban bien equipados, tenían mejores sistemas de defensa. No fue gran cosa”.

Andy Green también puede hablar de manera muy racional y calmada cuando se trata de las emociones.

“Si uno es demasiado emocional, es muy probable que no tenga futuro como piloto de combate. Aunque la falta total de emociones tampoco sería algo muy apropiado. Las emociones en realidad son necesarias. Pero debes ser capaz de controlarlas. Los aspectos emocionales nunca deberían tener más peso que la racionalidad en las decisiones”.

Y vaya que va a necesitar de toda su sangre fría y todo su temple cuando el próximo año viaje con su equipo –en su mayoría miembros del ejército británico estacionados en Afganistán, que fueron convocados para este proyecto– al Cabo del Norte, en Sudáfrica, donde van a preparar la pista en Hakskeen Pan, el sitio elegido para intentar el récord.

El lugar fue encontrado por el doctor Adrian Luckman, de la Universidad de Swansea, luego de realizar una amplia investigación que incluyó a lugares ya probados para el récord como las salinas de Bonneville en Utah o Black Rock en Nevada, los que fueron descartados como candidatos; demasiado pequeños, demasiado irregular el terreno.

Andy Green

Hasta el momento, el equipo de ingenieros con sede en Bristol ya lleva invertido más de 10,000 horas de trabajo en el proyecto. Los costos totales se estiman en torno a los 51 millones de euros.

Para la primera salida de Green en el vehículo de 7.8 toneladas, que se parece a un avión militar que ha perdido sus alas, la franja de 19 km de largo y 500 m de ancho en Sudáfrica será casi con total seguridad el pedazo de tierra más plano y limpio de todo el mundo; un ejército de voluntarios, una fuerza de trabajo de un centenar de hombres reclutados en las comunidades de los alrededores de Hakskeen Pan, liberó a mano el tramo de miles de pequeñas piedras.

Hakskeen Pan tiene un montón de ventajas, pero también alguno que otro inconveniente. Uno de ellos se suscita por una razón muy obvia: el suelo puede alcanzar la dureza natural necesaria, sólo allí donde llueve. El equipo del Bloodhound estaba bastante seguro de que no había llovido lo suficiente para alcanzar las condiciones necesarias. ¿La solución? La construcción de una nueva tubería con apoyo del gobierno regional. Con el efecto secundario de que muchos de los agricultores locales bien podrán beneficiarse en el futuro de un paraíso y esto gracias a la infraestructura del abastecimiento de agua.

Como piloto de combate, Andy Green fue derribado. “No fue gran cosa. Simplemente estaban mejor equipados”
Andy

¿Por qué una persona racional se atreve a una aventura que muchos consideran una locura total? La respuesta de Green radica en la ciencia y en la creencia apasionada de la necesidad de establecer un rendimiento excepcional, que pueda inspirar a toda una generación de jóvenes a perseguir sus propios sueños. (En la Gran Bretaña la misión está vinculada a otras muchas iniciativas escolares).

¿No tienes ni un poco de temor ahora que estás por comenzar? 

Andy Green

Uno de los dos motores principales del Bloodhound. Lleva el nombre de Eurojet EJ-200 y es el mismo que utiliza usualmente el Eurofighter Typhoon, un avión de combate.

“Pilotear un avión de combate jamás me puso nervioso. Las misiones de vuelo jamás me pusieron nervioso”, comenta. “Y lo mismo pasa con el Bloodhound. Comprendo cada aspecto de su diseño y las normas de seguridad con las que se trabaja para construirlo. Así que ¿por qué debería preocuparme?”.

“¿Que si todos vamos a tomarnos un merecido descanso cuando todo esto acabe? Eso sí, con seguridad”, continúa. “Y yo tengo la enorme fortuna de tener una mujer maravillosa a la que le gusta navegar casi tanto como a mí. No hay nada mejor que navegar un crucero a cinco nudos, cambiar las prioridades en tu mente para luego comer alguna cosita en un puerto mientras tienes tu barco aparcado justo frente al bar”. “Y exactamente así es como imagino mi vida”, dice. “En tres años”.

 

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02 2015 The Red Bulletin

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