Warren Verboom

Un hombre contra toda la cascada

Texto: Alex Lisetz
Fotografía: Jozef Kubica 

Donde otros ven sólo una cascada, el barranquista freestyler Warren Verboom ve un parque de diversiones para la aventura. He aquí el gran desafío: encontrar los escasos centímetros entre las rocas filosas

Warren Verboom es un niño pequeño en el cuerpo de un hombre de 32 años. Este niño resplandece en sus ojos cuando Warren Verboom platica sobre sus caídas en aguas bravas y sus saltos mortales desde el borde de una cascada.

Verboom el mayor y Verboom el más joven tienen un acuerdo: el niño aporta las ideas locas y el valor para hacerlas, mientras que el hombre de 32 años tiene la experiencia para cosechar un éxito tras otro en cada aventura. “No te atreverás a hacerlo”, dice el hombre cada vez que el niño idea una nueva prueba de valor; y este responde siempre: “¿Quieres apostar?”.

De esta manera, Verboom primero aprendió a hacer salto de esquí, salto BASE y luego vuelo en wingsuit. “Pero en algún momento”, dice, “el miedo a saltar desaparece y ahí es cuando me empecé a aburrir”. Por lo tanto, este suizo inventó un deporte que esconde muchos de estos “no te atreverás a hacerlo”: el barranquismo freestyle. La primera regla del barranquismo freestyle dice: olvida todo lo que sabes sobre el descenso de barrancos.

“Al estar parado al borde de una cascada me imagino la línea por la cual podría deslizarme y saltar…”
Warren Werboon

En el barranquismo se atraviesa un barranco de arriba hacia abajo, siempre siguiendo el curso del agua. “Se trata de una gran experiencia en la naturaleza”, dice Verboom. Pero al chico inquieto en su interior no le basta con emprender experiencias hermosas en la naturaleza.

Por este motivo, Verboom, de 1.80 m de altura y musculoso cuerpo de 80 kg, combina elementos de otras disciplinas deportivas en el barranquismo. Por el medio de la cascada se desplaza de piedra en piedra como un freerunner, salta hacia las profundidades como
un clavadista, analiza la roca como un escalador y, finalmente, el curso del agua como un kayakista.

“El barranquismo freestyle tiene un enorme potencial”, dice, “porque aquí se pueden reinventar atletas de todas las disciplinas”. Hay muchos lugares vírgenes que esperan ser descubiertos. Nuevos trucos podrían ser inventados o adaptados al medio ambiente en las tres dimensiones: la roca, el agua y el abismo. Pero por encima de todo, ese juego con las estrepitosas fuerzas elementales te obliga a enfrentar tus miedos. “Al estar parado al borde de una cascada me imagino la línea por la cual podría deslizarme y saltar…”, dice y hace una pausa enigmática. Es el momento en el que sus ojos resplandecen, como los de un niño pequeño frente a la vidriera de una tienda dejuguetes, “entonces sí reaparece esa sensación de hormigueo”.

Warren Verboom

Warren Verboom y su interpretación de rock ’n’ roll: un salto hacia atrás en una minialberca de poca profundidad, a la que tiene que acertar milimétricamente. 

Salto BASE desde la cama alta   

Verboom conoció esa sensación de hormigueo con tres años al estudiar el piso de su habitación desde el borde de la cama alta. “No te atreverás”, pensó el niño de tres años. Y, sí, su diminuto cuerpo respondió: “¿Quieres apostar?”.

Warren terminó enyesado ese día. Pero lo llevaba como si fuera un trofeo. “La emoción que sentí ese día, el triunfo de superar el miedo… Esas son las sensaciones que persigo”, dice. 

El precio de la entrada a esta tierra desconocida, más allá del miedo, suma hasta la fecha diez huesos rotos, un par de docenas de esguinces, contusiones y una fractura de cráneo. “Pero haciendo barranquismo freestyle todavía no me ocurrió nada grave”, agrega. Nada grave significa una rotura de ligamentos y cuatro perforaciones de tímpano.

El agua es más fuerte que tú  

Warren Verboom, hijo de una suiza y un holandés, se mudó hace apenas dos años a Tesino, Suiza. Aquí la naturaleza ha provisto al lugar con escenarios muy bellos especialmente apropiados para la práctica del barranquismo. Verboom entrena actualmente en uno de los tantos barrancos extremos que existen: el Val d’Iragna, muy apreciado por los barranquistas por su complicado descenso en rápel. Verboom tiene una desgastada guía en la cual están descritos en detalle todos los puntos clave del barranco. Con una advertencia
valiosa: “Nunca hacer barranquismo durante el derretimiento de nieve”, se lee en letra negrita que resalta y las impresionantes imágenes ilustran el porqué. El enorme volumen de agua que arrastra esta cascada en primavera es más fuerte que el barranquista
mejor entrenado.

“El secreto es trabajar con la fuerza del agua en lugar de hacerlo en contra de ella” 
Warren Verboom

En este lunes de finales de mayo, las imágenes de la guía en realidad
parecen algo apacibles frente a la atronadora realidad. Con su traje, Verboom se detiene con seguridad sobre una roca plana y resbalosa al lado de la masa de agua que se precipita velozmente. “El secreto es”, grita Verboom a través de la niebla de gotitas de agua finamente atomizadas, “trabajar con la fuerza del agua en lugar de hacerlo en contra de ella”. 

Warren asciende la pared junto a la cascada con sólo tres o cuatro
movimientos de brazo y se balancea sobre una piedra redonda, que resulta tan estrecha que ni siquiera tiene lugar para apoyar los dos pies. Allí el tipo se abstrae del ruido, la humedad y el frío, hasta que sólo quedan él y su total concentración. A su derecha el agua cae abruptamente sobre el valle: la vista es espectacular, hay diez metros hasta llegar a la próxima cuenca.

Warren Verboom está casi listo para lanzarse, para practicar el clavadismo más extremo que cualquier clavadista olímpico pudiera imaginar. Pero aún hay algo que considerar. 

Las medidas estimadas de la zona de aterrizaje son de sólo dos metros por dos metros y no es uniformemente profunda. “No debería caer en el agua por el medio, sería un terrible error”, dice, “porque allí es demasiado plano. Más bien tengo que lograr hacerlo lo más cerca posible de esa roca que está más hacia la izquierda”. Aclaración: “Esa roca que, lamentablemente, desde aquí no se puede ver”.

Warren Verboom

Salto de 11.5 metros de altura haciendo un sideflip y backflip

Warren Verboom ha combinado elementos de Freerunning y de Cliffdiving con el barranquismo clásico.

Verboom se concentra, se pone de rodillas y se aproxima al vacío. La
pared que tiene por debajo no cae verticalmente, sino que forma una pendiente pronunciada. Por lo tanto, primero debe tomar una distancia de seguridad de dos metros de la pared. Entonces salta dando una voltereta hacia atrás, antes de caer de pie.

“En aguas poco profundas como estas tus piernas hacen el trabajo de dos amortiguadores”, nos cuenta un tiempo después. Pero el éxito de la acrobacia, en realidad, se decide mucho antes de caer al agua: cuando saltas. “Tienes que permanecer de forma estable sobre ambos pies y, sobre todo, estar muy tranquilo interiormente sin que te importe cuántos metros de altura tiene el abismo que espera frente a ti. Y sólo debes saltar cuando ya no tienes absolutamente ninguna duda de que el salto será tan preciso como lo habías imaginado previamente”.

Warren Verboom aprendió cómo hacer esto con algo de atrevimiento: con 2,000 saltos en paracaídas. ¿Y el miedo? ¿Cuándo se te activa el miedo, Warren, ese hormigueo del que has platicado antes? 

“Mucho, mucho antes”, dice. “El miedo aparece cuando se me ocurre una nueva idea que suena totalmente loca. Y cuando me doy cuenta de que tengo que ponerla en práctica, porque hasta que no lo haga no voy a poder pensar en otra cosa, toma el primer y último lugar en mi mente hasta el momento después del salto”.

Warren Verboom

Encontrar los escasos centímetros entre las rocas filosas, la hierba y los bordes invisibles para sus clavados mortales hacia la profundidad del barranco es más que un desafío.  

PRIMERO BUCEAR, DESPUÉS SALTAR

Lo que hace Warren Verboom no todos lo encuentran del todo razonable. “Algunos me consideran un loco porque sólo ven a un tipo haciendo un salto acrobático en una cascada”, dice. “Pero no ven lo que he hecho antes. No saben que ya estuve miles de veces en ese lugar sujetado con cuerdas, ni que conozco cada piedra y cada remolino. Tampoco saben que antes de un salto, por seguridad, siempre hago una inmersión en el lugar donde voy a caer, incluso cuando se trata de un lugar en el que ya lo hice muchas veces sin tener ningún problema”.

Warren tiene un lado osado y muy decidido, pero también es un estratega genial que hace realidad sus visiones a partir de un paciente y meticuloso plan y lo realiza paso a paso. Esto no sólo es así con sus objetivos deportivos inmediatos, sino también con el plan maestro, con el cual él pretende establecer el barranquismo freestyle como una nueva disciplina de deporte extremo.

Hace tres años reunió a un equipo de exclavadistas, freerunners y gimnastas artísticos: el “Deap Team”. En 2012 atrajo a algunos patrocinadores para rodar con los miembros de Deap The Beginning y subió un vertiginoso tráiler a Youtube. 

 

Ahora lanza su segunda película: Continue. Y lo próximo que quiere hacer es diseñar equipamiento profesional destinado a barranquistas y llegar a producirlos.

“Míranos, ves lo que digo”, dice extendiendo sus brazos, “parecemos payasos. Traje de neopreno de buzo, casco de skater, arnés de escalador y nada de esto es exactamente ideal para nuestras necesidades”.

Aterrizaje de precisión

“Lo más divertido”, dice Verboom, “es cuando se combinan varios elementos en un solo recorrido”. Esta vez está a 18 m sobre una cuenca y observa desde una placa horizontal hacia la cascada que resuena intimidante a su derecha en el valle. Toma envión y salta con las piernas hacia adelante tres metros de largo hasta un canal liso con agua, que lo lleva verticalmente hacia abajo como si fuera el tobogán de un parque de diversión acuático.

Con el fin de distribuir la energía del impacto tiene que hacer contacto con el canal con los hombros, la espalda y las piernas y al mismo tiempo levantar la cabeza. “Es algo así”, nos explica, “como un judoca practicando una técnica de lanzamiento”.

Verboom logra un buen aterrizaje exactamente en el blanco. Un poco más afuera es demasiado plano y un poco más adentro demasiado empinado. Un poco más a la izquierda hay un borde afilado y un poco más a la derecha hubiera caído en el canal.

Warren practica la precisión de sus acrobacias en la alberca y en el trampolín, una vez en la cascada ya no hay lugar para el error. El canal lo lleva unos metros más abajo con la corriente de agua y lo
catapulta sobre una rampa. Si no tuviera la velocidad suficiente, seguro se golpearía contra una roca. Pero él agita sus manos en el aire desde lejos y aún ensaya otra acrobacia antes de sumergirse en la gran cuenca donde desemboca esta poderosa cascada en las afueras de Iragna.

Cuando sale del agua, Verboom no deja de mirar hacia arriba. “Allí arriba, esa otra saliente”, dice. Si hiciera desde allí un salto hacia atrás, entonces aún podría hacer otro cork en el canal antes de aterrizar. “No te atreverás a hacerlo”, le dice su niño interior.

Warren Verboom

El éxito de la acrobacia se decide mucho antes de caer al agua: cuando saltas. “Tienes que estar muy tranquilo interiormente sin que te importe cuántos metros de altura tiene el abismo que espera frente a ti”.

Seguir leyendo
08 2014 THE RED BULLETIN

Siguiente historia