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Chis Sharma y el último reto

Texto: Ann Donahue
Fotografías: Keith Ladzinski 

El escalador Chris Sharma ataca las rutas más difíciles del mundo tantas veces como sea necesario para llegar a la cima. ¿Su mantra? No tomes atajos. Estudia lo que tienes frente a ti. Disfruta del viaje

Cualquier estudiante de primer año de la preparatoria podría recitar el tropo de las tres posibles fuentes de conflicto en una historia: el hombre contra la naturaleza, el hombre contra el hombre y el hombre contra sí mismo. Ahí tienes a Moby Dick, El conde de Montecristo y El corazón delator, pero ¿qué tendrías si se tratara de una prueba que combina los tres conflictos?

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Cuerpo El entrenamiento de Sharma es simple, pero no fácil. Evita el gimnasio para poder escalar y luego escala un poco más.

Esta es la situación que Chris Sharma enfrenta en este momento. Está a unos 15 metros del suelo, abrazado con brazos y piernas a la corteza de una secoya gigante en las afueras de Eureka, California. La escena parece gigantesca e improbable. Sharma, de 34 años, es un escalador de roca conocido por completar primero ascensos de ruta diabólicamente difíciles en todo el mundo. Ahora quiere ser el primero en subir una secoya haciendo escalada libre. El árbol es inmenso, el dosel superior se ve difuminado a casi 90 metros por encima de un vago y brumoso follaje al estilo El Señor de los Anillos. Sharma está solo, expuesto como un escarabajo humanoide con una camisa azul y pantalones amarillos, en un árbol de 800 años de antigüedad que ya ha visto de todo –excepto algo así.

La naturaleza, el hombre, uno mismo. Todos estos elementos están en juego cuando Sharma vuelve a sentarse en su arnés de seguridad, se balancea muy suavemente y estudia el patrón de la corteza durante otra hora. Logra hacer un par de metros, pero la composición de la corteza cambia y su agarre se resbala. Allí arriba la corteza está más suelta, más indisciplinada y es menos estriada. Los lugares para sujetarse con las manos son pocos y con los pies menos. “Estoy tan sorprendido de cuánta variación tiene”, dice. El árbol no quiere ser escalado.

Sharma podía simplemente darse por vencido, caer de nuevo a la base del árbol e ir con sus amigos a tomar una cerveza. De hecho, escalar 15 metros de un gigante tan antiguo no deja de ser increíble. Pero no lo hace. Eso sería un atajo y para Sharma el viaje es lo importante.

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“Cuando escalo soy capaz de hacer mucho más de lo que normalmente podría. Sólo hay que poder imaginarlo”, dice el escalador.

El sistema de clasificación de dificultad para una escalada en roca es arcano e impenetrable para quienes son ajenos al deporte. Basta con decir que empieza “algo difícil” y luego aumenta hasta “despiadadamente difícil” y la roca se burlará de ti mientras tú gimes y sangras y luchas para aferrarte a ella”. Sharma es un especialista en primeros ascensos de esta última dificultad, en rutas con nombres tan sugerentes y desafiantes como El cazador de sueños, Lucha o huye y Avivando el fuego.

“Hay muchos que son escaladores realmente dotados y fuertes, pero creo que hay una diferencia entre ellos y los que tienen una visión para encontrar nuevos primeros ascensos”, dice. “La escalada es mucho más que meramente hacer algo difícil, porque si sólo fuera eso podríamos hacer una competición de flexiones de brazos y encontrar al mejor”.

Puro vigor, de sonrisa amable y pelo moreno enmarañado, Sharma luce como soñado por la junta de turismo de su ciudad natal Santa Cruz, California. Encarna la onda playera, medio hippie y deportiva de la ciudad y está feliz de recordar su camino desde que creció en la costa central de California hasta llegar a convertirse en uno de los atletas más dinámicos de los deportes de acción.

El padre de Sharma trabajó en el mantenimiento de la Universidad de California en Santa Cruz, un campus que es digno de mención por estar tan densamente cubierto de bosque, que es difícil divisar los edificios entre tantos árboles. “La forma en que empecé a escalar fue con los árboles, como cualquier niño”, dice Sharma. “Es fácil para todos tomarnos en serio a uno mismo –tal vez demasiado en serio a veces– y la razón por la que escalamos es simple, es porque es divertido”.

Cuando tenía 12 años se abrió el primer gimnasio de escalada indoor en Santa Cruz. Enseguida Sharma estaba enganchado. Evidentemente no era el típico adolescente. “Inmediatamente nos preguntamos: ‘¿Quién es este chico?’”, dice su amigo de la infancia, Justin Vitcov. “Todos los ojos estaban puestos en él. Al cabo de seis meses era obvio que tenía que estar compitiendo a nivel nacional”.

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Sharma prepara lo necesario para esta actividad. Él  trabajó con arbolistas de la Universidad de Berkeley para asegurarse de que no dañaría el árbol en el ascenso.

En 1997, Sharma ganó la medalla de plata en el campeonato mundial, en 1999 ganó el oro en los X Games de boulder. Le siguieron más campeonatos y muchas más medallas, pero lo que motivaba a Sharma no era el recuento de trofeos, sino la poesía del movimiento que se producía cuando estaba en la roca.

“Mi habilidad siempre fue poder lograr  primeros ascensos, la búsqueda de nuevas líneas es un proceso creativo y deportivo,  una mezcla genial entre deporte y arte de acción”, dice. “En la escalada, como todo en la vida, las oportunidades están condicionadas por nuestra percepción sobre ellas. Es posible ir al mismo acantilado una y otra vez, tal vez 1,000 veces, y luego un día llegas y piensas: ‘¡Guau!, mira eso. Sería una gran ruta. No puedo creer que nunca la haya visto”.

La paciencia de Sharma –él la llama perseverancia– es afortunada en una época en que cada movimiento puede grabarse en video. Ver sus escaladas online es como ver las aventuras de un superhéroe particularmente bohemio: aquí se presentan Chris Sharma y sus amigos en uno de los lugares más gloriosos del mundo, anotándose la cara de una roca, agarrándose entre sí por seguridad y alentándose unos a otros. Lo contrario de los tres conflictos universales; aquí el hombre está en armonía con la naturaleza, con los demás y con él mismo.

“¿Sabes que hay autores que son autores para autores y músicos que son músicos para músicos?”, comenta Vitcov. “Chris es único porque es un escalador para escaladores y también el tipo de escalador que le gusta al público general. Es un escalador de escaladores que hace las cosas más difíciles, pero que no se limita a ir y ascender a cualquier cosa sólo porque puede. Lo que lo motiva es encontrar las líneas más hermosas y de esta manera inspira a otros escaladores a buscar esas líneas”.

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“Si sólo te pones feliz cuando llegas a la cima, no vas a ser feliz muy a menudo”.

El éxito de un primer ascenso y la exaltación visceral de Sharma cuando lo logra, incluso cuando se observa por  la pequeña pantalla de un iPhone, es la parte más llamativa, pero como la mayoría de la evidencia en la era de Internet, se trata de una tercera parte de la verdad. Esos conflictos siguen ahí, amenazantes justo fuera de la pantalla. Lo que no se muestra es el trabajo duro, la presión que Sharma se puso a sí mismo para ser el primero, para completar el ascenso y hacer que parezca fácil. “Este soy yo, así me expreso, así es como intento llegar a un nivel superior del ser”, dice. “No para compararme con Superman, porque una persona puede ser un nerd en todo lo demás. Yo cuando voy a escalar soy capaz de hacer mucho más de lo que normalmente podría hacer. Sólo tienes que tener esa inquebrantable voluntad de imaginarlo”.

Sharma toma un sorbo de su té chai y, a continuación, se disculpa por ser tan esotérico. “La realidad es que en estos grandes proyectos fallas el 99 por ciento de las veces”, dice. “Si sólo puedes ser feliz cuando llegas a la cima, vas a lograr ser feliz apenas un pequeño porcentaje de tu tiempo en esta vida”.

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Sharma recogió datos del árbol con el fin de estudiar el impacto de la sequía récord en California.

Pero en este momento Sharma tiene el derecho de estar exageradamente feliz y alocado por sus logros. Cuando se señala que fue el primero en subir con éxito la ruta que se considera la más difícil del mundo a principios de este año –El Bon Combat, un cruel acantilado cerca de su casa en España– Sharma se encoge de hombros. No en un gesto despectivo, sino de aceptación. “Sí, observé esa roca durante ocho años y luego tomó un año de trabajo y planificación y preparación y sangre, sudor y lágrimas para finalmente hacer el primer ascenso. Y con cada agarre tuve que esforzarme y gritar hasta que mis pulmones se quedaban vacíos. Fue una experiencia magnífica”.

Con esto, el secreto de su resistencia mental se hace evidente, y tal vez se  trate de lo más simple y lo más difícil del mundo. Encuentra algo que te apasione. Hazlo hasta que te mueras. Respeta el camino. No te preocupes por tener éxito, sino por tus logros. Los conflictos se resuelven por sí solos. “Si se trata de algo que va a ser para toda la vida, tiene que ser algo que trascienda la necesidad de ser el mejor”, dice. “En la vida intentamos encontrar la manera de reconocer nuestro potencial. Para mí, la escalada fue el medio que he tenido la suerte de encontrar”.

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Chris a collaboré avec certains arboristes de l’université de Berkeley afin de respecter l’intégrité du séquoia. 

En el primer intento de Sharma en la secoya gigante, cayó dos veces en el arnés de seguridad, pero al final llegó al dosel arbóreo con un grito de alegría, al igual que cualquier niño emocionado de haber subido a un árbol. Un logro tenaz de la elegancia y la fuerza bruta, un divertido viaje que le recordó su infancia, pero no por las estrictas normas de escalada de un primer ascenso. Para tener éxito haciendo escalada libre en un árbol, tendría que llegar a la cima sin depender del arnés.

De modo que Sharma hizo un segundo intento. Y un tercero al día siguiente. Y luego un cuarto. Y claro, un quinto el día después…¿Si finalmente tuvo éxito? ¿Importa? “Ayer hice flexiones en el árbol”, dijo Sharma después de su primer intento. “Hoy quiero tomarme mi tiempo. Quiero descubrir sus secretos”.

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Más de cerca, escalada libre en una secoya, en el Sequoia Park de Eureka, California.

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08 2015 The Red Bulletin

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