Diego López Montull

El forja caminos

TEXTO: ALEJANDRO SERRANO
FOTOGRAFÍA: Dan Krauss

Nada como tener un manual en donde te dicen cómo hacer las cosas, cómo avanzar… Diego López Montull es de los que inventa los caminos cuando parece ser que no existe ninguno

Hay quienes evitan estar en esta situación y se mantienen dentro de lo conocido, en áreas seguras, en la famosa “zona de confort”. Para nada es el caso de Diego López Montull, alias “Hanson”. Él vive de adentrarse en territorios no explorados, alejado de la civilización, de la seguridad que otorgan los servicios básicos que das por hecho, a fin de encontrar la siguiente roca, o “boulder”, que todo mundo querrá escalar. Diego se dedica a desarrollar rutas para escaladores y lo que ofrece para compartir le sirve a aquellos que tienen corazón de pionero.

“Se trata de poder encontrar rocas nuevas, para dar noticias nuevas”

Diego López Montull escalando

El deleite de llevar noticias nuevas 

Diego pasa meses en la montaña, en total soledad, para después informar de un nuevo logro que nadie más ha realizado. “Se trata de poder encontrar rocas nuevas, para dar noticias nuevas”. Aunque a veces, estas se reciben antes de que él llegue a su hogar. “Normalmente estoy solo en el cerro y cuando regreso a México la gente ya sabe y me felicita por el trabajo. Eso ocurrió en Peñoles, salieron videos de unos americanos subiendo y cuando regresé me felicitaron por el esfuerzo que hicimos”. Cuando regresa y recibe buenos comentarios, Diego tiene la certeza de que su trabajo comienza a dar frutos, pero este es sólo uno de los tantos beneficios que se obtienen al desarrollar caminos para que otros los puedan disfrutar. Desde luego saber que nadie más lo ha hecho tiene su mérito, pero en realidad, esta fascinación con las rocas es algo más enriquecedor que el simple hecho de subir hasta la punta antes que otros. Desde el desarrollo de la estrategia, hasta la culminación del proyecto y la estandarización del grado de dificultad. Todo es parte del desafío en la vida de Diego.

Conecta con los locales

Diego comienza con viajes frecuentes para conocer a la gente de los pueblos cercanos a las rocas: “Utilizo de pretexto mi profesión para ir a estos pueblos pequeños en México y conectar con ellos. Los conoces por años y se vuelven como familia”. Y es que a la larga, esto le será de utilidad a él y a los demás. Si la nueva ruta trazada adquiere popularidad, habrá quienes buscarán contribuir al desarrollo de las comunidades, de modo que más escaladores se animarán a visitar el nuevo lugar para escalar. Con el tiempo llegan los restaurantes, los hoteles y también el mantenimiento de las áreas para poder hacer ascensos. Digamos que Hanson es uno de los primeros contactos. “Se trata de ir dejando una banderita en una parte remota. Siento satisfacción cuando estoy logrando uno de mis sueños, sabes que empiezas desde cero y el avanzar es muy gratificante. Sé que si me lo propongo lo puedo lograr”, explica.

Diego López Montull con su equipo de escalada
Diego López Montull retrato

“En vez de ir a la prepa comencé a escalar. Mi educación fue estar en el cerro por cinco meses seguidos, subiendo y bajando. No tuve un profesor que me estuviera presionando. Pero yo sí me presioné. Es una enseñanza muy especial”

Para aprender a crear reglas, hay que vivir sin ellas

Contrario a lo que muchos hacen, Diego no fue a una escuela de ingenieros de escalada, sólo comenzó a practicarla una y otra vez: “En vez de ir a la prepa, comencé a escalar. Mi preparatoria fue estar en el cerro cinco meses subiendo y bajando. No tuve un profesor el cual me presionara, pero yo sí me presioné. Tienes que ser autodidacta”. Sí, obviamente aprendió los principios básicos, pero justo la ausencia de la educación tradicional sembró en él una libertad creativa que pocos poseen, justo por el hecho de que no siguió el camino trazado para la mayoría. “Tienes una enseñanza muy especial, pocos son los que tienen esa oportunidad de estar tanto tiempo en el cerro. Desde lograr ascensos hasta aprender a hacer tortillas a mano, cosechar frijoles en la sierra Tarahumara, lidiar con borrachos y seguir adelante”.

Lienzo en blanco

Justo el espacio abierto al que estuvo expuesto lo llevó al siguiente requisito: desarrollo de la creatividad: “Al encontrar la roca, mucha gente no sabe qué hacer. Hay quienes ni la observan, no le ponen atención. Yo hago una lectura de la roca para ver dónde pondré mi brazo o pierna”. Esta habilidad para analizar un objeto de la naturaleza que no tiene lógica alguna, sin ideas preconcebidas o sin aprendizajes condicionantes, le permiten a Diego saber qué hacer. Obviamente la prueba y error han estado ahí desde que comenzó a escalar. “Años de tratar de leer una roca y tener errores me dieron experiencia, pero además me hicieron ver esta práctica como algo artístico”, aclara Hanson. “También busco una roca con estética, con colores y figuras interesantes, es lo que me llama la atención. Una piedra me inspira”, agrega. Por supuesto, uno podría trabajar con cualquier material pero, si este te inspira, pues como que la cosa fluye mejor. “Hay piedras muy bonitas y hay gente que no escala, pero al verlas, también aprecian la belleza de las rocas”. Pareciera que la naturaleza es la musa y Diego es el artista: “Yo no escojo rocas agradables a la vista sólo para mejorar mi imagen, simplemente me gusta contribuir al desarrollo de la escalada y pienso que un lugar visualmente atractivo es mejor”.

“Me inspiro más cuando la roca está en ese límite en el que te preguntas si es posible o no resolver el trazado de la ruta”

Diego López Montull muestra sus heridas sonriendo

¿Es divertido?

También es importante que el lugar sea un reto para los demás: “Me inspiro más cuando la roca está en ese límite en el que te preguntas si es posible o no resolver el trazado de la ruta”, afirma Diego. Se requiere que el ascenso sea atractivo para los que buscan retos. “Hay personas que por comodidad, por hacer más fácil el deporte, no se salen de lo mismo. Si estoy en un muro en el DF, me despierto y a cierta hora voy al gimnasio”, menciona Diego. “Todo eso está alrededor de mi casa, donde tengo regadera, restaurantes y luz”. Pero el salir a buscar un lugar especial sin las comodidades de una ciudad, le da su encanto. “En el momento” cuenta Diego, “no me fijo si hay servicios básicos cerca. Si estoy muy retirado pues compro comida y agua como para un mes”.

Momento de la concepción

Normalmente pensamos que la creación de caminos es una actividad funcional, pero Diego lo trata todo como una expresión artística: “Para mí es como dejar un lenguaje, con la magnesia, que todos entienden. Si viene un coreano a escalar, que no habla nada de español, puede ver por dónde me moví, según los trazos que he dejado”. Diego se mueve según las convenciones de la escalada, pero para nada lo ve como obligación: “Me fascina tomar una foto antes y después de escalar, y ver la obra sobre el lienzo natural”.

Diego López Montull escalando un acantilado
“A veces me quedo un día más para checar si es necesario renunciar o no. Es parte de madurar, saber hasta dónde llegar”

Valida el camino

Quien presume de no tener dificultades poco puede compartir a los demás. Hanson no es así. “Hoy es más difícil estandarizar porque todo mundo quiere ser el mejor. Cuando la gente replica alguno de mis ascensos luego dice que es más sencillo de lo que yo había señalado”, cuenta. “Pero trato de dar un nivel medio siempre. Para cada persona puede ser muy diferente por su complexión”. De qué sirve pensar sólo en lo que tú puedes lograr, si seguro hay más personas que querrán llegar a la cima. “Tengo que subir de la manera más fácil para ser objetivo. Si subo de la forma más ineficiente, luego a veces asigno un nivel muy alto cuando en realidad no es necesariamente así”. Sin embargo, Diego ha aprendido también a no ser terco: “Hay momentos en los que pienso que algo es imposible. A veces me quedo un día más para checar si es necesario renunciar o no. Es parte de madurar, saber hasta dónde llegar”. En ocasiones, cuando parece que todo está perdido, Hanson descubre otra forma de recorrer una roca: “Hay veces que estoy saturado. Una vez una roca se rompió y me cambió la forma de abordarla”. Los mismos amigos le han sugerido otras maneras de ascender y, al intentarlo de nuevo, lograr llegar a la punta. “La creatividad depende también de saber escuchar a otros o a la misma roca”. Así de simple. Pero al final, hacer caminos es cosa de arriesgarse, de buscar una nueva meta y perseguirla hasta alcanzarla.

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11 2015 THE RED BULLETIN

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