Mario “El Superman” Olascoaga

El valle de los mamados

TEXTO Y FOTOGRAFÍA: FLORENCIA ESCOBEDO

Existe un paraíso fitness en el corazón de la Ciudad de México, donde puedes ponerte mamey sin pagar un solo peso


Ya quisiéramos estar como Mario Olascoaga, aka El Superman, que con casi 57 años aún se trepa a las barras como si nada. Claro, no es magia. El señor entrena todos los días en El valle de los mamados, un gimnasio al aire libre en la segunda sección del Bosque de Chapultepec, desde hace más de 40 años.

Como él, muchos dudes de todas las edades van a construir sus cuerpos a base de puro sudor y esfuerzo; sin proteínas ni aparatos de alta tecnología. Lo mejor de todo es que es gratis, pero no siempre es fácil entrar a estos gimnasios callejeros porque la gente que va allí forma una hermandad bastante cerrada, en algunos casos, pero en Chapu son más amistosos y siempre están dispuestos a aceptar a uno más, siempre y cuando tenga ganas de partírsela en las barras. ¿Cumples con el requisito?

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Nos quedamos de ver con El Superman un domingo a las 10 am para conocer el dichoso valle y platicar un rato con él. La segunda sección del Bosque de Chapultepec es enorme y es un poco complicado encontrar el lugar, pero de repente –cerca de la fuente de las ranas– aparece una enorme estructura de metal perdida entre los árboles. Así se debieron sentir los colonizadores cuando llegaron a América. Fue como encontrar la tierra prometida de los mamados en medio del bosque.

Estábamos muy emocionados, pero conforme nos fuimos acercando nos dimos cuenta que había que avanzar con cierta cautela, finalmente estábamos entrando en territorio desconocido. En los alrededores empezamos a ver tipos de aspecto rudo con pitbulls y boxers que inmediatamente nos clavaron la vista como diciendo: “¿Tú qué haces aquí?”, perros y humanos. Pero no nos dejamos intimidar y seguimos avanzando entre los aparatos para hacer ejercicio hasta que llegamos al epicentro de esta meca del fitness, la gran estructura de metal.

Nos acercamos a un grupo que se veía un poco más amigable, al menos no tenían perros, y preguntamos por El Superman. Inmediatamente nos lo señalaron. Estaba del otro lado de las barras con su esposa y su hijo. Nada que ver con lo que esperábamos, a simple vista Mario parecía ser un tipo normal que va a Chapultepec con su familia un domingo por la mañana; sólo que ese tipo “normal” tiene 56 años y una fortaleza como de 40.

El físico de Mario es impresionante. ¡Y pensar que logra mantenerse así con sólo una hora de ejercicio diario!

Empezamos a platicar con el Súper. Entre risas burlonas y música hip hop del grupo del fondo, nos contó que ese lugar es como su segunda casa, porque allí va a hacer ejercicio desde que tenía 15 años y no ha parado. A su edad ya se hace llamar Mario, a secas, porque piensa que ya no le queda eso de El Superman. Pero nomás hace falta ver la facilidad con la que se trepa a las barras para saber que está equivocado. Este Don es más un superhombre hoy, de lo que fue hace años. Es por eso que en los gimnasios callejeros y en su barrio todavía lo saludan y le dicen: “¿Qué onda Súper?”. Pero esto se lo ha ganado a pulso, con años y años de entrenamiento en lugares como El valle de los mamados.

Como Mario, muchos de los que hacen barras en los gimnasios callejeros provienen de barrios hostiles y tienen un background bastante denso. Sin embargo, cuando llegan al gimnasio se olvidan de todo y se desconectan de sus broncas. Dejan que el sudor y el cansancio les borre la memoria por un rato y socializan con otros dudes que buscan exactamente lo mismo que ellos: un lugar gratis donde puedan hacer ejercicio al aire libre y despejarse.

Mario entrenando

Es increíble la fuerza que tiene en los brazos; trepa por todas las barras como si nada. Lo hace parecer tan fácil, pero claro, son años de entrenamiento y constancia.


¡¿Pero cómo demonios hace alguien como Mario para mantenerse en esa forma con la edad que tiene?! Con una rutina corta, pero intensa. Va todos los días de la semana, excepto sábados y domingos, a distintos gimnasios callejeros y durante una hora se avienta dos rondas de 12 repeticiones de cada aparato. Empieza con los aparatos que están abajo, haciendo fondos, cristos, etc. y luego El Superman emprende el vuelo con los aparatos aéreos; se avienta el tubo recto, inclinado, escalera, y todo lo que te puedas imaginar. ¡Es impresionante verlo en acción!

“Todo esfuerzo es un triunfo, pero se trata de seguir siempre avante y constante”
Mario “El Superman” Olascoaga

Poco a poco fuimos descubriendo que este parque y su gente es más que solo eso. Es una tribu que se empeña en sacarle jugo a lo que los paisajes urbanos tienen que ofrecer. Porque para ellos, el gimnasio clásico es como una caja donde se sienten sofocados, y en cierta manera tienen razón. No hay punto de comparación entre ver una pantalla y ver árboles, o respirar aire puro en lugar del sudor del sope del de al lado. Y por su aspecto no tienes de qué preocuparte, algunos de los mamados del valle pueden aparentar ser muy rudos con sus tatuajes y sus caras de matones, pero la verdad es que son buenas personas dispuestas a ayudarte si ven que le echas ganas. Ellos son los primeros en acercarse y decirte: “La estás cagando. Así te puedes lesionar o si quieres marcar tal músculo hazlo así”.

Los Súper: Mario Olascoaga y Mario Olascoaga Junior

Los Súper: Mario Olascoaga y Mario Olascoaga Junior. Un legado fitness.

Estos weyes nos enseñaron que no necesitas un dineral para transformar tu vida. Tampoco necesitas la más alta tecnología para tener la mejor condición física y cuerpo y por supuesto que no necesitas hacerlo todo tú solo, porque aquí todos se apoyan.

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02 2017 THE RED BULLETIN

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