Hell on Wheels

Infierno sobre ruedas

Texto: Andreas Rottenschlager
Fotografía: Jim Krantz

Motos en circuitos verticales. Los pilotos del Wall of Death mantienen vivo el deporte extremo más antiguo de Estados Unidos. Para ellos, quien ama sus sueños tiene que sufrir por ellos

Son las 10 de la mañana en Fort Meade, una extensión plana de tierra ubicada a 100 kilómetros al este de Tampa. Por la ventana del auto de Ransom se oye el ruido de motores distantes. Su show de acrobacias será en una expo de tractores históricos, en medio de la nada en EE.UU.

En una hora, Ransom estará girando sobre una moto Indian Scout de 90 años, en la pared vertical de un motodrom, una caldera de madera de cinco metros de altura y nueve metros de diámetro en la que 200 espectadores miran desde arriba como si se asomaran a una olla gigante. El trabajo de Ransom ya es peligroso en días normales, pero hoy sabe que no es una jornada común. El piloto de pared vertical con 15 años en el oficio realizará su primera función con un tobillo roto.

© Jim Krantz

“Me lo torcí caminando”, dice Ransom. “Pero quejarse no sirve de nada. No me puedo permitir un día libre”. Ransom, de 52 años, tiene una barba gris tipo ZZ Top y su pelo castaño lo lleva meticulosamente recogido en una cola de caballo. Para su espectáculo se ha puesto una camisa blanca como la nieve y pantalones de equitación color arena. Luce como el maestro de ceremonias de un circo del siglo pasado.

Hell on Wheels

Vista desde abajo en el muro de la muerte: la fuerza centrífuga mantiene a los pilotos acrobáticos en la pared vertical.  

Para completar su atuendo, sólo le falta su bota de motociclista derecha. El problema: el pie hinchado no entra. Ransom tiene que improvisar. Con una navaja corta la costura por un lado de la bota y divide la piel en dos mitades. Luego hace presión y mete su pie inflamado. El dolor le hace fruncir el rostro. Lo acompaña un gemido. El pie está dentro. Ransom lo cubre con cinta plateada alrededor de la bota. Ahora sí, está listo. 

Conducir en una pared vertical es un deporte antiguo. Comenzó a principios del siglo XX en las carreras Board Track Races de los EE.UU., donde los motoristas retumbaban en tasas circulares hechas de listones de madera. Los diseñadores construyeron trazados cada vez más delirantes. Añadieron curvas pronunciadas y quitaron las rectas. Lo que quedó fue un recipiente circular de pocos metros de diámetro, donde los motociclistas utilizan la fuerza centrífuga para mantenerse sobre esa pared vertical (el motodrom, un autódromo vertical). Los pilotos se convirtieron en las estrellas de las ferias de esta nación. En 1930 había un recorrido de más de 100 circuitos por todo el país.

Desde 1930 se salieron de control. Algunos pilotos sentaban sobre el tanque a un oso pardo
The Wall of Death

“¡Es hora del show!”. Pilotos de Ransom atraen al público en Fort Meade, Florida.

La competencia intensificó la batalla por el público… y los espectáculos se salieron de control. Hay fotografías históricas en las que se ve a un león de circo montado en el sidecar de una moto. Algunos hasta se atrevían a sentar a un oso pardo sobre el tanque de combustible.

Los pilotos aceleraban uno frente al otro e intentaban evitar el choque en el último instante. Así murieron algunos y de ese destino viene el nombre en inglés de la pared vertical, Wall of Death (muro de la muerte).

Tras la Segunda Guerra Mundial, el interés por los espectáculos disminuyó. Con su equipo de motociclistas y pilotos de karts, Ransom es uno de los últimos en mantener viva la tradición de la pared vertical. “Es una vida en libertad”, dice Ransom. “En el muro de la muerte ningún jefe te observa por encima del hombro”.

Una pared vertical es un juego contra la física. El piloto de Ransom comienza a girar en la base del motodrom, hace una vuelta inclinada al pie de la caldera y de allí sube a la pared vertical. La fuerza centrífuga lo mantiene arriba. A menos que se rompa una cadena. O que se le tuerza el manubrio. O se reviente un neumático. O la velocidad descienda por debajo de los 50 km/h. De ser así, en cuestión de segundos entra nuevamente en juego la fuerza de gravedad y lanza al piloto al suelo desde cinco metros de altura.

The Wall of Death

Ransom acaricia su Indian Scout de 1926, la reliquia sagrada de los pilotos de paredes verticales.  

“Las cifras que piden las compañías de seguros son astronómicas en esta profesión”, dice Ransom. Ninguno de sus pilotos está asegurado. Por lo tanto, cada dólar del precio de la entrada es importante. Por eso no hay días libres. Ni siquiera con un tobillo roto.

A las 10:30, Ransom se coloca sus muletas debajo de los brazos y sale de la caravana. Da unos pasos rengueando y queda frente a su motodrom. La pared exterior está pintada de rojo y blanco. En el dosel sobre la caldera flamea la bandera de los Estados Unidos. En el cartel que se tambalea en los escalones de entrada se lee: “Hell on Wheels” (infierno sobre ruedas).

The Wall of Death

El piloto de pared vertical Hobo Bill frente al motodrom de Ransom. El show sale de gira por EE. UU. con hasta 12 toneladas de equipo.  

Hacia las once, los primeros asistentes se reúnen en el recinto de la exposición de tractores. Este es el problema número dos del día. El 90 por ciento de visitantes son hombres de alrededor de 60 años, que pasean en carritos de golf admirando tractores destartalados. Este no es el típico público que verías en un espectáculo de acrobacias en moto.

Ransom dice que todo está bien. Un piloto del Wall of Death siempre debe ser un artista. Sube al escenario frente al motodrom, agarra su micrófono de mano modelo Elvis Presley y empieza a atraer a los agricultores y jubilados: “¡Es horaaa de que comience el show!”.

“Es una vida en libertad. En el muro de la muerte ningún jefe te observa por encima del hombro”
Charlie Ransom, 52 años

Las viseras de las gorras John Deere giran en su dirección. Ransom anuncia su espectáculo con la oscura voz de un locutor de radio: “¡Vean a los pilotos más temerarios, en la pista más empinada del mundo!”.

Frente al escenario se detienen varios carritos de golf. Más gorras John Deere, pantalones cortos, calcetines de tenis hasta las rodillas y bigotes. Incluso la construcción del muro de la muerte de Ransom cuenta la historia de un sueño hecho realidad. 

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05 2016 The Red Bulletin

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