El juego profundo de Jimmy Ho

Texto: Chris Palmer
Fotografía: Brian Bielman

El jugador profesional de videojuegos sabe lo que es soportar la presión. La apnea le ayuda aún más a aumentar su fuerza mental 

Todo lo que anhelaba era tomar aliento. Una única vez. Sólo un poco de aire fresco. Pero en ese momento, respirar era justo lo que no podía hacer. Estaba acostado boca arriba y escuchaba la voz tranquila pero insistente de su entrenador.

“Ya casi lo logras. Relájate. Mantén la calma”, le decía.

Y comenzó una cuenta regresiva. “15… 14… 13…”.

Jimmy Ho, a quien en su deporte lo llaman “DeMoN”, oía las palabras como entremezcladas.

“12… 11… 10…”.

A Jimmy le parecía que su entrenador contaba cada vez más lento. ¡Aire, aire! Su cuerpo se tensó, los dedos de sus pies se contrajeron. Le dolía el diafragma. Cuando apretó sus labios las mejillas se le hincharon. En su frente brillaban  gotas de sudor.

“9… 8… 7…

¡Ya casi lo consigues!”. Lo alentaba su entrenador. “¡Aguanta!”. 

El rostro de Jimmy se tiño de un rojo intenso y peligroso.

En una fracción de segundo supo que no lo lograría. Hizo un último intento por conseguirlo, pero fue en vano. Entonces expulsó el aire que había atrapado en sus pulmones durante casi dos minutos con un violento espasmo.

Luego de un grito lleno de alivio, enojo y decepción, Jimmy se encontraba sentado en posición vertical sobre la alfombra con dibujos de palmeras en la pequeña sala de conferencias climatizada del Royal Kona Resort de Kailua-Kona, en Hawái.

Su corazón latía enloquecidamente. Su inmersión, la real, estaba programada para el día siguiente en la bahía de 30 metros de profundidad, equipado únicamente con un traje de neopreno y un snorkel. Jimmy estaba asustado.

La apnea lo ayuda a controlar su estrés.

En agosto Jimmy Ho, un jugador profesional de videojuegos a nivel mundial muy exitoso, abandonó radicalmente su zona de confort durante cinco días para asistir al Red Bull High Performance Camp en Hawái –junto a siete atletas de deportes extremos, incluyendo estrellas como Travis Pastrana, el ironman Matt Poole y los freeskiers Dara Howell y Bobby Brown; un total de 30 medallas de X Games y olímpicas.

“No puedes permitir que tus miedos te derroten” 
Jimmy Ho

El objetivo del campamento: trabajar la concentración, la motivación y la aptitud mental de los atletas participantes con métodos novedosos.

El hecho de que se haya quedado sin aire en el entrenamiento fuera del agua –y además fue el único de todo el campamento– no fue el primer golpe bajo para este jugador profesional en el verano. En el campeonato del juego online multiplayer de guerra DOTA 2, su equipo finalizó en el decepcionante noveno puesto.
El premio: 50,000 dólares. Si hubieran alcanzado el octavo lugar el premio hubiera sido de 500,000 dólares.

Ahora, después del fracaso, espera en la habitación del hotel por su gran desafío. Porque Jimmy Ho le tiene terror a las aguas profundas.

Pero exactamente por eso es que fue allí. “Se trata de mirar de frente tus miedos y superarlos”, dijo al final de la noche un poco desafiante. “Tus miedos no te pueden vencer”. 

“Aquí queremos enseñarle a los atletas a lidiar con el estrés”, dice Kirk Krack de 46 años, canadiense, instructor de buceo, exbuzo profesional y jefe del campamento.

Esta frase no fue para ninguno de los ocho participantes tanto como para Jimmy.

Al igual que muchos adolescentes, Jimmy desarrolló un temprano interés por los videojuegos. El Sonic the Hedgehog y el Mario Kart eran un pasatiempo de todos los días para el segundo más grande de los cinco hijos de Roland, un mecánico y Lisa, la madre, quien trabaja en un salón de belleza.

“En los deportes tradicionales era pésimo”, dice Jimmy. “Mis padres querían que mi hermano y yo jugáramos al futbol. Pero a mí no me divertía en absoluto”. 

En 2003, cuando tenía trece años, su hermano le mostró la modificación del Warcraft 3: Defense of the Ancients. Año tras año mejoraba cada vez más. En un momento dado era tan bueno, que los patrocinadores empezaron a interesarse en el chico y le proporcionaron audífonos, teclados y otros equipos. Jimmy disponía de hasta unos cientos de dólares cada mes para jugar –y no era precisamente poco dinero para un adolescente.

Jimmy tiene 24 años. Con su rostro angelical y sus suaves modales se podría pensar que aún es un colegial. Pero esos días por suerte ya terminaron. Porque la época en que iba a la Ayala High School, en un suburbio de Los Ángeles, fue marcada por pésimas calificaciones, problemas con los maestros y mucho miedo –Jimmy era intimidado por sus compañeros de clase.

Jimmy Ho es uno de los mejores jugadores de videojuegos del mundo, cuatro veces campeón de DOTA 2. Aquí lo vemos en sus dominios frente a la pantalla. 

© Photo: Cameron Baird

El juego DOTA era su refugio. Jugaba todos los días durante 14 horas. Un año entero se recluyó en su habitación y jugaba hasta altas horas de la madrugada. En el aislamiento consiguió enormes progresos con el DOTA y atrajo la atención de los fans, los patrocinadores y, de hecho, de todo el mundo.

Por cosas como la salud o la vida social no tenía ningún interés.

“Algunos de mis amigos pensaban que estaba muerto”, dice ahora recordando aquel momento. Aquellos que todavía tenían contacto con él eran de una opinión ligeramente diferente. Estaba pálido, demacrado y, con una altura de 1.73 m, pesaba apenas 45 kg.

Jimmy Ho abandonó radicalmente su zona de confort para asistir al Red Bull High Performance Camp en Hawái.

 Entonces quitó la faja de clausura de su habitación, se inscribió en un gimnasio y comenzó a entrenar cuatro veces por semana. Aumentó 15 kilos.

Cuanto mejor se sentía físicamente, mejores eran sus resultados en los juegos.

En 2011, con motivo del lanzamiento de DOTA 2, se anunció un torneo dotado de 1.6 millones de dólares en premios. “Mi padre siempre pensó que los videojuegos eran una porquería”, dice Jimmy. Sin embargo, como miembro del equipo Meet Your Makers, alcanzó el quinto puesto y llegó a casa con un cheque de 16,000 dólares. Ese fue el momento en que su padre se tomó en serio el deporte en que su hijo sobresale a nivel mundial. Ronald vio el cheque como una señal de que su hijo había crecido o, por lo menos, que era capaz de pagar el seguro del coche y la factura del teléfono celular de su propio bolsillo.

Entretanto, Jimmy lleva la vida de un profesional. Durante la semana se levanta a las ocho de la mañana y hasta la una del mediodía entrena DOTA. A las cuatro, después de una siesta, va al gimnasio. A las 22 horas normalmente se registra en el servicio de streaming en línea Twitch y muestra sus sesiones de entrenamiento al público. Más de ocho mil fanáticos lo siguen diariamente hasta las largas horas de la madrugada.

Pero el estado de ánimo de vivir cerca del mar resultó ser una historia completamente diferente a la de llevar a cabo una guerra virtual en línea.

La mañana siguiente, Krack tuvo que esforzarse bastante sólo para conseguir que Jimmy suba al barco. Ya en el agua Jimmy tuvo un ataque de pánico, su ritmo cardiaco estaba fuera de control, tragó agua salada y abortó la inmersión. De vuelta en el barco vomitó.

Durante la cena el resto del equipo hizo un repaso de los acontecimientos del día. “Todos se divirtieron, ¿por qué
yo no?”, preguntó Jimmy. De vuelta en su habitación vomitó nuevamente.

Sólo le quedaba una oportunidad más: el último día del campamento.

“En los deportes tradicionales era pésimo”
Jimmy HO

Al final del día había llegado a una profundidad de 21 metros.

 
Ese último día el agua estaba tan azul que brillaba. En el desayuno los demás participantes del campamento se acercaron a Jimmy para animarlo. Y Jimmy se armó de todo su valor.

Esta vez, en realidad también fue la primera que se puso el traje de neopreno y se metió en el agua.

Su objetivo eran seis metros. Apenas 40 segundos después de que su cabeza desapareciera bajo la superficie del agua, volvió a aparecer. Había logrado ocho metros. Apretó el puño y sintió cómo la confianza le hinchaba el pecho. Pastrana volvió a gritarle palabras de aliento cuando Jimmy se sumergió una vez más en el agua. El aliento era una cosa contagiosa que le daba la fuerza que le faltaba. “Bien hecho, Jimmy”, también lo felicitó Poole. “¡Tú puedes hacerlo!”.

Al final del día había llegado a una profundidad de 21 metros.

De vuelta en el barco pudo, por primera vez, tomar aire, con la certeza de haber superado el miedo y la falta de confianza. Nunca había tenido una sensación así.
Su mirada era firme y sonreía. Ese fue su momento. El día de Jimmy.

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02 2015 The Red Bulletin

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