Sebastien Loeb

Sébastien Loeb: “ya conduje a ciegas”

Texto: Werner Jessner
Fotografías: Flavien Duhamel

¿Realmente vemos sólo con los ojos? ¿Se pueden entrenar los sentidos de tal manera que la imagen en la mente sea más nítida y fiable que la propia retina? Sí se puede; dice la leyenda del automovilismo Sébastien Loeb

No hace falta ser aficionado al automovilismo para reconocer que Sébastien Loeb es un deportista excepcional. Es  suficiente con observar a este francés de 41 años en su trabajo para que la fascinación sea inmediata.

Él creó esos “momentos Loeb” especiales. Momentos de alta precisión, que sólo él puede lograr. Estas instantáneas son más impresionantes que los nueve títulos del Campeonato Mundial de Rally, el podio conseguido en las 24 Horas de Le Mans, las victorias en el Mundial de Turismos, los increíbles tiempos en las pruebas de conducción de la Fórmula 1 o el récord en el circuito de la carrera de montaña Pikes Peak Hill Climb, en la que incluso batió el mejor tiempo que se podía hacer, en teoría, calculado por computadora.

Cuanto más difícil sea la tarea, más preciso es Loeb. Cuando para sus rivales es suficiente con el papel cuadriculado, Loeb trabaja en papel milimetrado. La penúltima curva de la Pikes Peak, en 2013, en la que consiguió el récord del circuito, fue uno de esos “momentos Loeb”. Después de 19.5 de los 20 kilómetros, llega la penúltima de las 156 curvas, una curva triple hacia la derecha… “… a 150 kilómetros por hora y sin guardarriel. Un lugar en el que no desearías cometer ningún error”.

Sebastien Loeb im Peugeot

Sébastien Loeb será debutante en el Rally Dakar 2016. ¡No hay reto sobre cuatro ruedas que se le resista!

Ningún otro encontró el punto de giro ciego a 4,300 m sobre el nivel del mar. La gran mayoría de los pilotos estaban felices de haber sobrevivido y, de alguna manera, pasaron temblando por ese pasaje. Mientras buscaban el lugar y no lo encontraban, Séb giró con la rueda delantera pisando la línea blanca que delimitaba la pista –con total y absoluta perfección.

¿Qué ves cuando piensas en esa curva?

“Dos ondulaciones que la hacen aún más difícil”.

¿La ves en 3D?

“No tengo idea si en verdad las veo. Cuando estoy en la carrera puedo recuperar información que guardo durante el recorrido de reconocimiento o en los entrenamientos”.

“Los estímulos acústicos perfeccionan lo que ves o crees ver. La imagen se hace más nítida. Los esquiadores no sólo ven el hielo, también lo oyen”
Sébastien Loeb

¿Conoces todos los circuitos de memoria?

“Los de los autódromos por supuesto. Pikes Peak también lo aprendí de memoria. Y además algunas de las de rally probablemente, en especial aquellas donde el paisaje cambia. Me oriento por las colinas, los árboles, los ríos”.

Sebastien Loeb im Peugeot

Largos días en Marruecos: en su debut en el rally raid, en otoño de 2015, Loeb aprendió por las malas lo que significa una competencia maratoniana. Primero se perdió, luego tuvo problemas técnicos y finalmente hizo un doble vuelco lateral. Terminó en el puesto 44. Pero aprendió.

¿Teóricamente podrías conducir a ciegas?

“Ya lo hice”.

¿Perdón? 

“En una etapa nocturna del Rally de Gales, las luces de mi auto no funcionaban bien. Un faro iluminaba hacia el cielo y el otro, hacia un costado. Llovía y había niebla. Así que tuve que apagar las luces y continué la prueba especial en la oscuridad hasta el final”.

¿Absolutamente a ciegas?

“Es preferible no tener luz a tener una luz mala. La luz de la luna dejaba ver grosso modo los contornos, el resto del camino lo tenía en mi cabeza. Y lo que me anunciaba mi acompañante me daba la tranquilidad de que las imágenes en mi cabeza eran correctas”.

¿En el auto también ves con los oídos?

“Los estímulos acústicos perfeccionan lo que ves o crees ver. La imagen se hace más nítida. Los esquiadores no sólo ven una capa de hielo, también la oyen. El hielo suena muy diferente a la nieve. Algo así pasa conmigo, si lo que he oído no coincide con lo que veo o espero ver, entro en modo de alarma interna. Y ese activador es justamente la información que recibo de mi copiloto”.

¿Y cuando estás solo en el auto, la voz de quién escuchas? 

“No lo sé exactamente. La de mi compañero seguro que no. Probablemente sea mi propia voz”.

Sebastien Loeb im Peugeot mit Beifahrer

Este hombre puede hacerlo todo: después del rally, los autos de turismo y las carreras de montaña, en 2016 Séb Loeb hace su debut en el Rally Dakar.

EL GIMNASTA 

Séb Loeb fue gimnasta, la mejor escuela de todas para conocer tu cuerpo, según dice. Para Loeb el cuerpo funciona como un segundo par de ojos, ya que siempre sabe la posición en la que se encuentra –y con una altísima precisión. Lo describe con un ejemplo de la gimnasia. Muchos de los que intentan hacer un salto mortal hacia atrás cierran los ojos en el aire y confían en haber saltado correctamente.

Loeb, sin embargo, mantiene los ojos abiertos en el aire con el fin de poder hacer finas correcciones si fueran necesarias. Si realiza mal un salto –algo bastante raro– aún puede reaccionar en el aire, porque su cerebro sabe en todo momento cuál es la posición de su cuerpo y, además, tiene la capacidad de calcular la información óptica.
 

SOBRE LA PISTA DE FÓRMULA 1

Esta habilidad lo ayudó en las pruebas de Fórmula 1. Allí, sin ninguna preparación, se acercó hasta 1.8 segundos del mejor tiempo de los recién llegados. “Sobre un coche de Fórmula 1 todo sucede mucho más rápido que en cualquier otro lugar.

“Apagué las luces. Es preferible no tener luz a tener una luz mala”
Sébastien Loebs, sobre el Rally de Gales

 Si normalmente frenas en 110 metros, sobre un F1 frenas en 70 y vas a una velocidad más alta. Aquí lo que sientes con el cuerpo es compatible con lo que ves con tus ojos”. Está convencido de que cuando la interacción entre el ojo y el cuerpo funciona de manera más precisa, obtienes más placer y más seguridad en la vida cotidiana. Esta capacidad ayuda a los que hacen deporte regularmente, así como también a la gente mayor, tal vez sobre el hielo o en una escalera.

Aprender a ver con el cuerpo es un consejo que Loeb recibía de sus padres: “A los cuarenta quizás ya no eres más gimnasta, pero puedes inscribir a tus hijos en el club. Algunas cosas se aprenden con mucha facilidad cuando eres niño y te beneficias de ellas toda la vida”.

 

Sebastien Loeb im Peugeot

Además del nuevo Peugeot 2008 DKR16, el Team Peugeot llega con un elenco de estrellas al inicio del Dakar 2016. El ganador del récord, Stéphane Peterhansel; Cyril Despres y Carlos Sainz.

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En el caso concreto de Loeb, además, hay que agregarle un par de ojos prodigiosos. ¿Suerte? ¿Herencia? Este hijo de una profesora de matemáticas y de un instructor de gimnasia no tenía que comer zanahorias para mejorar su agudeza visual, nos dice. Algunos a los 41 años usan lentes. Loeb, por el contrario, no ha perdido nada de su visión; la cual incluso tendría cualificada para hacer la formación de piloto. Durante la entrevista, en el lado opuesto de la habitación, cuelga la imagen de un Citroën Xsara en el Rally de Suecia. Loeb puede leer fácilmente el número de la matrícula. ¿O se trata de un truco y en realidad sólo recuerda su antiguo número? Se lo pregunto. “Ese es mi compañero de equipo Carlos Sainz; no soy yo”.

“Inevitablemente, su visión se ha especializado en los últimos años”, dice Loeb. “En las pruebas donde estás de pie delante de una pared, en la cual se encienden brevemente luces por arriba, por abajo, a la izquierda, a la derecha y tienes que tocarlas lo más rápido posible, soy increíblemente malo”. Increíblemente malo, seguramente, según sus propios estándares.

NUEVO RETO: RALLY DAKAR

Y justamente esta capacidad de tener todo en la cabeza al mismo tiempo es lo que necesita para su actual desafío. En el Rally Dakar, tiene que ver a larga distancia y de cerca instantáneamente. Un ojo busca el camino que su acompañante sólo le puede describir grosso modo, curva por curva, piedra por piedra, rampa por rampa. Se trata de una voz extraña en su cabeza que nuna le falla al confirmar su impresión visual –lo cual de por sí ya no es nada fácil.

Mientras ese ojo intenta no equivocar el camino entre dunas, árboles y lechos de ríos, el otro escanea el suelo de rocas y otros obstáculos que, a 160 km/h, podrían dañar al auto o un neumático y le pondrían rápidamente fin a la carrera; a su carrera. “Es realmente agotador. Tienes que procesar demasiados estímulos al mismo tiempo. Si afuera hace 40 grados, en el auto hace 60. Tu cerebro funciona perfectamente en dos canales paralelos. Y si cometes un error, se puede terminar todo en un instante. Tan rápido no se puede ver cuando se usan solamente los ojos”.

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01 2016 The Red Bulletin

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