Urban highlighning

Un paseo por las nubes

Texto: Ann Donahue
Fotografía: Dan Krauss

Hacer slacklining en las alturas lleva la caminata sobre la cuerda floja a otro nivel: una complicada prueba de fuerza y balance sobre una cinta que se mece caprichosa muchos metros por encima del suelo

Una pulgada (2.54 cm) es la longitud de una brizna de césped, de una zanahoria baby, de medio mondadientes. Es lo que comúnmente llamaríamos casi nada. Pero para los slackliners, estas diminutas medidas son la base de su deporte.
 

Primero, una definición: practicar slacklining no es caminar sobre la cuerda floja. No es por ofender a Nik Wallenda y sus recientes cruces tamaño mamut de las Cataratas del Niágara y el Gran Cañón, pero hacer slacklining es una disciplina distinta. A diferencia de lo que su nombre implica, una cuerda floja es un alambre de 1.27 cm tensado. La línea no da de sí y el balance y el centro de gravedad del caminante se ven aumentados al cargar con una vara de algunos metros de largo. 

Urban highlighning

La correa de seguridad que es utilizada por los highliners va alrededor de un punto del cuerpo, por lo general, en el tobillo o en la cintura.  

El slacklining se desarrolla sobre una cincha elástica de una pulgada que está sujeta a ambos lados de la brecha. Debido a su flexibilidad, la slackline responde a los elementos, en particular al viento y al movimiento del atleta mientras camina de orilla a orilla. Mientras que la cuerda floja simplemente está inmóvil, la slackline oscila y aquellos que la caminan dependen de una línea que se comporta como una cuerda para saltar a la que un niño retacado de azúcar sacude.

 

“En vez de controlar la línea y caminarla, te dejas llevar por el paseo”, dice Hayden Nickell,  un slackliner profesional de 22 años, de Nederland, Colorado (en la foto principal realiza un truco sobre una highline sobre Las Vegas Strip). “Tienes que caminar en unos intervalos extraños. Cuando la cuerda va hacia arriba, hay momentos en que puedes dar ocho pasos. En la parte opuesta, estás fuera de control y estás a merced de la línea y del viento”.

«La gente no quiere verte hacer cosas así.
                                                Ya no hay respeto por la habilidad.
    Las personas están demasiado temerosas de arriesgarse»
Andy Lewis

El slacklining, relegado a parques y playas como el hobby más hippie de los hippies, ahora empieza a ramificarse en disciplinas profesionales: tricklining, donde los artistas combinan gimnasia y coreografías; urbanlining, que cambia los desfiladeros naturales por los cañones entre edificios; y yogalining, que agrega asanas a aquellos que se balancean sobre la línea.

 

urban highline

En octubre, muchos highliners caminaron sobre el abismo entre los edificios del Mandalay Bay, en Las Vegas.

Pero la encarnación más espectacular es el highlining, donde una slackline es fijada muchos metros sobre el suelo en ubicaciones sorprendentes, sean naturales o hechas por el hombre: el Parque Nacional de Yosemite, Hell Roaring Canyon, en Utah, o Las Vegas Strip, donde el récord mundial de highlining fue impuesto, lo que puso en la mira este arriesgado deporte. Protegidos ante una caída solo por una correa alrededor de sus pies o cintura, los slackliners responden a los cambios dinámicos de balance debajo de sus pies. 

 


“Es como surfear”, dice Nickell. “Esperas las condiciones correctas. Esperas a que el viento deje de soplar y entonces tienes una ventana de entre 15 y 20 minutos para salir y hacerlo. Entonces otra racha de viento viene y te retrasa por un minuto”.

Urban highline

“Piensas en ‘muerte al instante’ en lugar de simplemente quedar hecho pomada”, dice Hayden Nickell.

El viento le da a la highline un sonido ominoso, una espeluznante vibración grave que se escucha al reverberar la cincha entre los anclajes. Cuando un caminante mira hacia adelante en una slackline, el cerebro solo registra cierta cantidad de altura (unos 30 m) a través de sus 45º de visión periférica.

Subir más (100, 120, 150 m) no provoca una diferencia perceptible. Pero es entonces que los changos parlantes de tu cerebro empiezan a actuar. “Piensas en ‘muerte al instante’ en lugar de simplemente quedar hecho pomada”, dice Nickell. “La highline es un reflejo de cómo te sientes por dentro. Si estás nervioso, si piensas en algo, de súbito la línea está toda mal y tú no dejas de decirte: ‘Ay, no’”. 

La caída es aterradora, por obvias razones, y volver a la posición es un reto adicional. Después de caer y ser rescatado por la línea de seguridad, un highliner tiene que ponerse en pie solo con una línea de rebote.  

Para los adeptos a los deportes, es una mezcla de concentración aguda y riesgo mortal que hace que el slacklining sea una labor casi espiritual.
 

Andy Lewis, de 26 años, tiene un currículo envidiable para cualquier atleta en un deporte de nicho: posee múltiples récords mundiales en slacklining; a finales de 2013 impuso el récord mundial de highlining urbano al caminar sobre una línea de 109 m a 124 m de altura en el Mandalay Bay en Las Vegas.
 

Él ha sido el estelar en numerosos videos de slacklining en escenarios para dejar boquiabierto vive en Moab, Utah y se presentó con Madonna en el espectáculo del medio tiempo en el Super Bowl 2012. Pero, honestamente, eso no le importa. “¿Por qué cara*os no puedo decir que el slacklining es una religión?”, pregunta. “El estilo de vida detrás del slacklining tiene todas las metáforas: un paso a la vez. Mantén el balance. Controla tu destino. Se traduce directamente en la vida”.

Urban highline

Lewis tiene la palabra ‘slacklife’ tatuada en el brazo y se ganó el sobrenombre Sketchy Andy gracias a sus acrobacias llenas de adrenalina, incluyendo saltos BASE desde slacklines y highlining libre en solitario, donde no utiliza la correa de protección al caminar por líneas de metros y metros de largo.
 

urban highline

Asombrados: esas caras no son de observar a pájaros.

Lewis cree que estirar los límites es la esencia del slacklining y al crecer el deporte, él conquistará líneas más largas, elevadas y sorprendentes para alimentar a su alma, incluso si eso aterroriza al público.


“En realidad, la gente no quiere verte hacer cosas así”, dice Lewis. “Pero es horrible que en la vida actual ya no haya respeto por la habilidad. Las personas de ahora están demasiado temerosas de arriesgarse. Tantos cobardes por todos lados que ni siquiera permiten que sus hijos se raspen las miserables rodillas. El riesgo no es malo; puedes ser el infeliz más seguro del planeta y morir en un accidente dentro de tu auto”.

Disfruta del video donde Andy Lewis bate el récord mundial en highline.

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