48 hours with the ALASKAN COAST GUARD

48 horas con los guardacostas de Alaska

Texto: Andreas Rottenschlager
Fotografía: Justin Bastien

The Red Bulletin se arriesga y pasa dos días con los valientes socorristas de las heladas aguas de la estación de salvamento Kodiak
  • Cómo batallar con olas del tamaño de una casa para salvar vidas 
  • Cómo realizar misiones en helicóptero sobre tempestades sobre el mar de Bering 
  • Cómo entrenar para lo imposible 
  • Cómo sobrevivir a la presión de este trabajo 

                   Lee esto y verás de lo que eres capaz de hacer 
 

En una mañana de mayo a las 8 a. m., el socorrista O´Brien Starr-Hollow parpadea bajo pleno sol frente a la base de la Guardia Costera de los EE.UU., hubicada en Kodiak, Alaska.

En unos minutos dará inicio su entrenamiento de supervivencia. “Aquí hacemos el recorrido Star Run” dice Starr-Hollow de 42 años, vestido en shorts, un hombre con la cara de un joven y la estatura de un triatleta.

El Star Run es una ruta sobre la montaña que recorren los socorristas de Kodiak. Un camino de grava rodeado de pinos que serpentea en estrechas curvas sobre la montaña Old Womens. El trayecto termina en lo alto, donde se encuentra el monumento aéreo de la ciudad, una estrella de cinco picos hecha de acero.

Alaskan Coastguard

El socorrista O‘Brien Starr-Hollow durante su entrenamiento de carrera en Kodiak. Él carga una cuerda de amarre que pesa 50 kilogramos.   

 Sobre una altitud de 110 m, los socorristas corren cuatrocientos metros cuatro veces consecutivas a modo de entrenamiento. Algunos vomitan al llegar a la estrella de acero.

Para el entrenamiento de hoy, Starr-Hollow trajo algo para hacer ejercicio. “Es una cuerda de amarre”, dice mientras extiende hacia arriba un extremo de la desgastada amarra. “Con esto se fija el bote al muelle”. La cuerda de amarre es tan ancha como una anaconda, mide quince metros de largo y pesa 50 kilos. Starr-Hollow quiere llevarla arrastrando mientras corre por la montaña: “La meta del ejercicio es nunca darse por vencido”, dice Starr-Hollow. Él se echa al hombro el extremo de la cuerda y sale corriendo. Más allá de los pinos, la cuerda de amarre corre detrás de él como la cola de un animal, dejando un rastro sobre la grava.

EN EL entreno PARA NUEVOS NADADORES NO EXISTE LA PIEDAD: EN ALGUNAS CLASES TODOS FRACASAN

Correr sobre la montaña hasta toser y llevar a cuestas 50 kilos extras… Ese tipo de entrenamiento matutino revela muchos datos sobre el trabajo de Starr-Hollow. En su profesión, la fuerza de voluntad y la resistencia son decisivas a la hora de sobrevivir el día. Starr-Hollow es socorrista en helicóptero en la Guardia Costera de los Estados Unidos. Su trabajo es deslizarse por la cuerda y salvar a los náufragos que están en peligro sobre las costas de América.

Los socorristas de la Guardia Costera tienen que ser capaces de cargar a pescadores de cien kilos ataviados con resbaladizos trajes secos, ponerlos en cestas de rescate y llevarlos a cuestas nadando contra enormes olas en tormentas árticas.

Alaskan Coastguard

Entrenamiento en la isla Kodiak: guardacostas y un mecánico prueban en el bote auxiliar la cuerda de rescate.  

La formación es igual a la de un militar norteamericano. Dieciocho semanas de ejercicios acuáticos en la escuela de natación de Carolina del Norte, seguido de siete semanas de aprendizaje sobre medicina de emergencia. La tasa de abandono en esta escuela de natación es de más del cincuenta por ciento. Hasta en algunas clases, todos los reclutas se llegan a dar por vencidos como resultado de nadar constantemente con falta de sueño y con mucho estrés mental. 

Sobre la colina de Kodiak Starr-Hollow arrastra su cuerda de amarre por segunda vez hasta el monumento. Ahora él lleva la cuerda con ambas manos y tiene la mirada fija hacia la estrella de acero. Detrás de él, compiten cinco socorristas corriendo cuesta arriba. La mayoría de ellos son muy atléticos o fornidos, algunos tienen la estatura de un luchador. Desde la colina se tiene la mejor vista de la base de la Guardia Costera. Los techos blancos de los hangares reflejan los rayos de sol por la mañana. Detrás de la pista empieza el océano de un azul grisáceo. Su agua cubre todo el horizonte.

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La isla Kodiak se encuentra a una hora en avión al sur de Anchorage, la ciudad más poblada de Alaska, en el Pacífico Norte. Kodiak es una isla montañosa con densos bosques de coníferas. Sobre sus escasas calles pasan anchas pickups con cubre defensas.

La tienda de deportes en la ciudad de Kodiak vende espray pimienta como arma contra los ataques de osos.La estación áerea de la Guardia Costera ocupa una bahía entera al este de la isla. Tres hangares para los helicópteros y aviones de transporte, además de un poderoso edificio de mando enfundado en paneles de madera. La pista que conduce directamente al océano es la plataforma de lanzamiento que se encuentra en las aguas más peligrosas de EE. UU. Desde Kodiak salen los helicópteros de rescate hacia el Océano Ártico, donde témpanos tan grandes como una cancha de futbol flotan sobre el agua. El área de la estación aérea de Kodiak se extiende sobre 10 mill. de metros cuadrados. En algunos días se llegan a crear hasta dos climas diferentes dentro de sus fronteras.

Alaskan Rescue Swimmers

Turno de noche en el hangar: mecánicos de vuelo acondicionan el empenaje de un helicóptero Jayhawk.  

A las once de la mañana: Starr-Hollow conduce a través del hangar de helicópteros. Está recién bañado. Hace sólo media hora que terminó su entrenamiento de dominadas con la cuerda de amarre colgando sobre su cuello. 

Starr-Hollow es hijo de un Navy SEAL. Él creció en Montana y estudió silvicultura. En su tiempo de entrenamiento como nuevo recluta tocaba el saxofón en la capilla musical de la Guardia Costera. Desde hace ocho años vuela sobre el mar de Bering, más tiempo que cualquier otro socorrista en la base.

Al tratarse de la vida de un ser humano en peligro, los equipos de la Guardia Costera hacen rondas de día y noche, inclusive en el peor de los climas. Los pilotos han reportado tormentas de nieve con visibilidad cero, en las que los faros reflejan únicamente copos de nieve. Desde la cabina del helicóptero pareciera como si uno estuviera volando dentro de una bola de nieve. La tripulación de un helicoptero MH-60-Jayhawk de la Guardia Costera se constituye de un piloto, un copiloto, un mecánico de vuelo y un socorrista. El piloto maneja, el copiloto calcula el consumo de combustible, el mecánico de vuelo prepara el torno de cable en la puerta lateral derecha y en el extremo del cable de acero, del ancho de un dedo, se encuentra colgando el socorrista. “La buena comunicación entre el equipo es muy importante para la supervivencia”, dice Starr-Hollow. ¿Cómo se logra tener una buena comunicación? “Trata a cada uno con respeto, mira a tus compañeros a los ojos y dales una retroalimentación sincera”. 

Alaskan Rescue Swimmers

La manera más rápida de llegar al lugar de la operación: un guardacostas salta del helicóptero.  

El equipo de rescate trabaja bajo el sistema “Just Culture”. Un sistema que también se usa en el ámbito médico.

“Trata a cada uno con respeto, mira a tus compañeros a los ojos y dales una retroalimentación sincera”
Starr-Hollow

La meta es crear un ambiente en el que uno pueda abordar los errores sin miedo al castigo, de tal manera que el rendimiento del equipo completo mejore. “Recientemente me di cuenta de que mi lámpara portátil estaba descompuesta”, dice Starr-Hollow. “No la chequé antes de iniciar el vuelo. Nadie se dio cuenta de este error. A pesar de eso, di cuenta de aquello en la retroalimentación. El confesar un error alivia la conciencia. 

Y los compañeros se acordarán de revisar sus lámparas también”. La “Just Culture” es un sistema fenomenal para ser mejor en cualquier trabajo, dice Starr-Hollow: “Imagínate que haces enojar a un cliente porque usaste el tratamiento incorrecto al dirigirte a él en un correo electrónico. Si escondes tu error, le puede pasar a tus compañeros también. Si lo compartes, todo el equipo se beneficiará al adquirir tus conocimientos o experiencias”.

In the cockpit

Un mecánico de vuelo en el helicóptero Dolphin. Los equipos de rescate vuelan cientos de kilómetros sobre el Pacífico.  

Starr-Hollow enumera los principios básicos de la Guardia Costera: estar en todo momento dispuesto a exigirse de forma mutua, hacer con cuidado hasta las más pequeñas tareas, coser un cinturón, por ejemplo. “Cada socorrista aprendió a usar la máquina de coser”, dice Starr-Hollow, “debido a que queremos conservar en buen estado los paracaídas”. De hecho hay cuatro máquinas de coser y mesas de trabajo que se ubican en el taller de los socorristas, en el primer piso del hangar. Las máquinas están cubiertas con fundas de tela de un rojo carmín. Los hombres más valientes del mar de Bering han hecho sus propias fundas a la medida y cosieron los logos de los salvavidas en los costados. 

Al día siguiente, entrenamiento en la piscina. El socorrista Jon Kreske se sienta en la orilla del trampolín de cinco metros y se prepara para saltar. Él ensaya la caída libre desde el helicóptero, la salida más rápida de rescate sobre marea baja.
Kreske extiende sus piernas y se impulsa firmemente con ambas manos desde el borde. Con ambos pies por delante se sumerge en el agua. Los rescatistas entrenan en la piscina para sobrevivir en el océano. Kreske, nueve años más jóven que Starr-Hollow, todavía recuerda bien las clases de natación: “Te levantan a las tres de la mañana y te dejan haciendo ejercicicios durante cuatro horas. Después tienes que salvar a seis hombres que fungen de víctimas de un accidente, dentro de una alberca y en medio de la obscuridad. Dos de ellos ya no se mueven, los otros cuatro lanzan golpes al aire”. Kreske fue anteriormente explorador y también competidor de natación. Es un hombre de espalda ancha y sorprendentemente tiene una voz suave. 

Uno puede imaginarlo fácilmente colocando una venda o consolando a un niño herido. ¿Cómo pudo acreditar el entrenamiento para nuevos reclutas? “Un noventa por ciento de eso es mental”, dice Kreske. Para ser socorrista no es necesario ser un bodybuilder o poder nadar muy rápido. “Los entrenadores sólo tienen una meta: quieren ver si colapsas bajo presión”.

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Un ejercicio que inventaron para responder a esa cuestión se llama La cerca del toro y es un ejercicio para ponerte a prueba con pánico bajo el agua.El recluta nada con los ojos vendados hacia los entrenadores que están en círculo en el fondo de la alberca.

Jon Kreske

El socorrista Jon Kreske en la alberca de entrenamientos en Kodiak: “Quieren ver si colapsas bajo presión”.  

Cuando el recluta ciego llega al círculo, el primer entrenador sumerge su esnórquel bajo el agua. Se abalanza sobre el recluta, como un hombre en pánico que se ahoga, agarrando sus brazos y lo arrastra hasta el fondo de la piscina. El recluta debe de liberarse de él y llevarlo de regreso a la superficie. Cuando el recluta vuelve a sumergirse en el agua, los siguientes entrenadores lo vuelven a arrastrar hacia el fondo. Los ataques se repiten a discreción. Tres, cinco, siete veces…

“Lo que quieren es ver si te rindes”, dice Kreske. Él no se rindió, pues ya había preparado su estrategia a lo largo del día: “Dividí mi trabajo en segmentos”, dice Kreske. “Durante el entrenamiento de la mañana te pones a pensar hasta el desayuno. Te olvidas de todo lo demás. Mientras tomas el desayuno te preparas mentalmente otro rato. Después de eso vas por la siguiente meta: superar la primera unidad en la alberca. Con este método resuelves las grandes áreas una a una y así evitas que te sofoquen mentalmente como un conjunto”. Kreske dice que su estrategia funciona tanto para el entrenamiento élite como para días de trabajo con juntas que duran largas horas. “Hasta el mejor entrenamiento llega a darnos apenas una idea de la realidad”, aclara Kreske. 

Pool Training

El entrenamiento de choque: socorristas en Kodiak le muestran a un piloto cómo liberarse cuando se está atrapado en la cabina bajo el agua.  

“Pregúntale a Starr-Hollow sobre su caso”. En una mañana de pascua del año 2008, Starr-Hollow fue arrancado del sueño por un piloto de rescate.

Él estaba durmiendo en la cama de acampar de su barraca en la isla del Pacífico St. Paul, un puesto avanzado de la Guardia Costera en el Mar de Bering, 1,200 kilómetros al oeste de Kodiak. Starr-Hollow es parte de un equipo que está de guardia durante la temporada de pesca de cangrejo.

Piscina–gimnasio

Un socorrista de la Guardia Costera de EE.UU. debe ser capaz de sacar a personas del agua durante treinta minutos en un fuerte oleaje. 

Para mantener ese nivel de condición física, además del entrenamiento que tienen de resistencia, entrenan dos veces a la semana en la piscina.

Los ejercicios más importantes son los de cargar a los compañeros, que hacen de víctimas (BuddyTows), aprender a usar el equipo de natación con las aletas y el esnórquel, así como saber las maniobras de rescate con personas en pánico.

 Ocho minutos antes, el barco rastreador Alaska Ranger emitió una llamada de auxilio. Una fuga en la proa. El Alaska Ranger se hunde 370 km al sur de la isla. Starr-Hollow salta de la cama. “Después del aviso, yo sabía que se trataba de algo serio”, recuerda. “La mayoría de las veces salvamos tripulaciones de tres a cinco hombres de pequeños botes pesqueros”, dice Starr-Hollow. El Alaska Ranger era un barco pesquero de 57 metros de largo. A bordo trabajaban 47 hombres”.

En unos pocos minutos Starr-Hollow empacó sus cosas y junto con el piloto salió disparado en el SUV hacia el área de maniobras. La noche estaba muy oscura y nevada, estábamos a una temperatura de menos 22 grados.

Ya una vez en el hangar, subían el piloto y el copiloto a la cabina del helicóptero Jayhawk portando sus dispositivos de visión nocturna. Él iba atrás en el área de carga junto al mecánico de vuelo. El espacio de carga no es mayor que el interior de una camioneta SUV.

47 hombres…

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Poco después de las 5 de la mañana llegó el Jayhawk al lugar del accidente. No había ningún rastro del Alaska Ranger. “El barco ya se había hundido”, dice Starr-Hollow. “La tripulación ya estaba dispersa sobre el océano, una milla a la redonda. Sólo se alcanzaban a ver las luces reflejantes de sus chalecos salvavidas, parecía como si fueran las luces de una pista de aterrizaje. Starr-Hollow se puso su equipo: traje seco, chaleco salvavidas, radio, luces de emergencia, dispositivo de localización por satélite, esnórquel y aletas.

El buque gemelo del Alaska Ranger y el cúter de la Guardia Costera llegarán en una hora. La tripulación del helicóptero se encuentra sola.

47 personas…

Alaskan Rescue Swimmers

Trabajo de precisión: dependiendo del clima y de la marea, el helicóptero llega a 60 metros sobre el lugar del accidente.  

En los libros de texto está escrito que en la bodega de carga podemos llevar hasta cinco sobrevivientes a bordo o en una emergencia tantos como quepan. El mecánico extendió el cable del torno  y enganchó el extremo en el mosquetón del pecho del socorrista Starr-Hollow. “Él señaló hacia una luz parpadeante”, explica. 

“Empezamos la operación con el hombre al que se había llevado más lejos la corriente”. Starr-Hollow se lanzó al océano. Al llegar al sobreviviente, con el agua a la cadera, enganchó al pescador a su propio arnés y luego levantó los pulgares hacia el helicóptero. Esa es la señal para que el mecánico de vuelo suba la cuerda con ambos a bordo. Tan pronto como Starr-Hollow va ayudando a los sobrevivientes a entrar al área de carga, el mecánico señala hacia el siguiente punto brillante sobre el agua. Starr-Hollow rescató esa noche a 16 hombres del Pacífico. La tripulación del Munro de la Guardia Costera y de la nave hermana del Alaska Ranger sacaron a otros 26 del agua. Cinco marineros no sobrevivieron la noche.

48 hours with the ALASKAN COAST GUARD

Trabajo de precisión: dependiendo del clima y de la marea, el helicóptero llega a 60 metros sobre el lugar del accidente.

 A lo largo de los 226 años de historia de la Guardia Costera de Estados Unidos de América, el caso del Alaska Ranger ha sido uno de los mayores rescates hasta el momento: “Nuestra operación duró hasta el mediodía”, comenta Starr-Hollow. 

Él está sentado en el salón de clases de la base de la Guardia Costera. Afuera los mecánicos de vuelo mueven un Jayhawk sobre la pista. Al final de la bahía relucen los picos blancos de las montañas. “En una misión de rescate te comportas como una máquina de producción. Tienes que seguir, no hay tiempo para pausas, no puedes darte por vencido”, dice Starr-Hollow. “Como cuando eres llevado en la cuerda sobre una montaña”.

“TODA PERSONA ES SIMPLEMENTE UN SER HUMANO. CUANDO SE ESTÁ ENTRE LA VIDA O LA MUERTE TODOS REACCIONAMOS IGUAL”  

¿De qué manera te ha cambiado tu trabajo?

“Comprendes que toda persona es simplemente un ser humano”, dice Starr-Hollow. “El idiota que se te mete en el tráfico, la mesera refunfuñosa, etc… Cuando se está entre la vida y la muerte cada uno de ellos lo único que quiere es regresar a casa con su familia. Todos tenemos eso en común. Así es como ha cambiado mi manera de ver a las personas”.

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09 2016 The Red Bulletin 

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