El Dios del desierto

Texto: Andreas Tzortzis
Fotografía: Alex de Mora

Los amos del rock n’ roll pusieron a Jesse Hughes en la Tierra para mantener viva la llama. Al menos eso es lo que él cree –¿y quiénes somos nosotros para negarlo? Un día y una noche en el desierto con el líder de Eagles of Death Metal   

Son las 11 de la noche pasadas en el High Desert, por eso Pappy y Harriet’s ya está cerrado. Igual es raro porque este bar y restaurante también es un lugar de conciertos. Pero aún así hoy es un día entre semana. Jesse Hughes pisa el acelerador de su Toyota Scion blanco con 300,000 km en su haber y se dirige hacia la parte baja del desierto del sur de California. 

Exactamente a Palm Desert, la ciudad de poco menos de 50,000 habitantes en la que creció luego que su madre se trasladara con él desde Carolina del Sur por causa de su divorcio. También es el lugar donde conoció al prodigio de la música, Josh Homme, en la preparatoria y el lugar que, en última instancia, lo pondría sobre el camino hacia el estrellato en la escena del rock –o por lo menos la aproximación moderna de ello.

Mientras conduce enciende un cigarrillo y desliza las carpetas de música de su iPhone pasando por Prince, James Brown y el artista que sea necesario para enfatizar lo que está haciendo en ese mismo momento. El carro hace movimientos espasmódicos mientras circula a una velocidad, digamos, ligeramente alarmante cuesta abajo, en la parte sinuosa de la Ruta Estatal 62 desde Joshua Tree a Low Desert. Surge el tema de la primera actuación de su banda en el Coachella Valley Music Festival, a pocos kilómetros de distancia de aquí. Allí fue donde Eagles of Death Metal tocó frente a todas las personas que para Hughes eran unos p****jos en la preparatoria.

“No sabía si ser amable o un cretino con ellos”, dice. “Terminé siendo amable. Danny DeVito nos presentó en el escenario y fue como ‘CH*NG**N A SU M*DR* TODOS’”.

El resentimiento sobre sus espaldas es muy importante. Lo salvó de un horrible divorcio y de un trabajo en una tienda de videos y lo condujo a una carrera en la industria de la música –la envidia del 99% de las bandas que hay tocando por ahí. Tienen cuatro álbumes, contando el que termina ahora; melodías pegadizas que encajan tanto en comerciales de cerveza y Nike, como en giras internacionales siendo teloneros de bandas de mega calibre. Eagles of Death Metal ha sido profusamente elogiada por los Foo Fighters y fueron expulsados de una gira de Axl Rose en la primera noche. Hughes se convirtió en un rockero famoso con la ayuda de Homme, su mejor amigo, y al mismo tiempo el líder de Queens of the Stone Age. Ese resentimiento se une a un intelecto mordaz y un enfoque casi científico del éxito en el rock n’ roll: escribe buenas canciones, nunca muestres tu verdadero ser y kill rock and rape roll (mata al rock y viola al roll).

Hughes aprendió a tocar la guitarra al inicio de sus 30 años, seis meses antes había escrito las canciones del primer álbum de EODM.  

“Intento que la gente pase un buen rato conmigo”, dice Hughes. “No estoy tratando de darles un buen momento,estoy teniendo un buen momento. ¿Tú quieres pasar un rato agradable conmigo? Vamos a compartirlo. Mi padre decía: ‘Hay una banda de rock n’ roll que se masturba para que todos en la sala lo vean. Y hay una banda de rock n’ roll que trata de ch*ngarse a todos en la sala. ¿Cuál de ellas quieres ser?’. Así que estoy intentando ch*ngarme a todos en la sala. Trato de darle a todos algo de ejercicio”.

La banda es familiar y compulsivamente agradable al oído. Las letras son asaz inteligentes y empapadas de desamor hollywoodense y salidas nocturnas en busca de la santísima trinidad y una de ellas es el sexo. Es música para bailar, para distraerse. Es pop rock: puro y sin complejos y lo transmite visceralmente este tipo estilo Fu Manchú con pantalones vaqueros ajustados.

“Los Beatles definen la música pop”, dice. “Y nuestra obligación es hacerla mejor. Y eso es lo que intento hacer. No quería hacer música con barreras. No quería ningún ‘esnobismo’”.

Diez horas antes en el departamento de Hughes en Silver Lake en Los Ángeles, la puerta blanca del garaje luce astillada por los cuchillos que le han lanzado.

Hughes llama a este lugar “House of Wayward Rockers” (la casa de los rockeros descarriados). Aquí las largas noches son inevitables y el drama es parte de las historias. Justo el fin de semana pasado su novia, la exestrella de cine para adultos Tuesday Cross, puso en su lugar a una mujer muy borracha que comenzó a acosarla. “¡Fue increíble!”, dice Hughes. “¡Honestamente hermano! Era una chica de esas que… yo ya lo había notado. Su nariz reventada no daba lugar a dudas, era previsible”.

En un sofá andrajoso está la almohada en forma de cráneo que le regaló Jay Leno y una cabeza reducida posa en un estante. Otro estante tiene un rifle de asalto Mak-90 y dos pares de pistolas de carga de pólvora de la vieja escuela –un par de él y un par de Cross– réplicas de las armas utilizadas por Wild Bill Hickok y el general confederado Robert E. Lee. 

Un brazalete nazi cuelga en una pared y Hughes está convencido de que Hitler lo utilizó en algún momento, porque tiene la documentación que prueba que fue firmado por su ayudante. Está enmarcado en una cama de estrellas. Pero ¿por qué? “Porque les pateamos el culo”, dice encogiéndose de hombros. Quien se lo dio, un coleccionista de curiosidades de Canadá, también le entregó la cabeza reducida. “Quería utilizar una de nuestras canciones en anuncios publicitarios”, dice Hughes, “y preguntó qué hacía falta para que le diéramos nuestro consentimiento. Le contesté: una cabeza pequeña”.

Suelta el remate de la historia como si nada y rápidamente pasa a la siguiente anécdota. Una conversación con Hughes es un arrebato total de opinión experta sobre la cultura pop, con observaciones polarizantes y pesadas y fundamentadas dosis de filosofía política de derecha. Al parecer el chico tímido de quien se burlaban en la prepa, ahora tiene pulmones para hablar, proclamar y cantar. “Esperaba ser senador de Estados Unidos”, dice. 

Está convencido de que sería el antídoto perfecto para el movimiento conservador sin rumbo de EU. Hughes no cree que Obama estaría allí si él estuviera detrás del aparato político republicano –aunque, en realidad, es muy difícil imaginarse a Hughes detrás de algo.

“Básicamente me propuse convertirme en el máximo exponente de la extrema derecha, dude”, confiesa Hughes. “Y dio frutos porque es verdad, yo digo lo que creo y nunca defiendo nada malo. Y es imposible acusarme de algo tan grave como racista. Porque he pasado mucho tiempo siendo un tipo tranquilo, eso me protege”. Hace una pausa. “Aunque no por mucho tiempo”. 

 

Sinceramente, yo esperaba ser un senador de Estados Unidos” 

Si llegara a ese punto, este hombre podría volverse un serio problema: un religioso elocuente, teórico en contra del cambio climático, con una opinión a favor de las armas, que hace música para bailar y para compañías de calzado deportivo.

Pero eso es el futuro. Ahora, Hughes está trabajando en el primer álbum de los Eagles después de más de cinco años. Ya escribió las canciones, las escribió en 2012 pero estaba esperando el momento adecuado para ponerlas en un disco. 

“El momento tiene que ser el correcto. Al estar de gira, si sé que puedo llenar un lugar para mil personas, mejor rento uno para 500, porque se ve mejor tener un montón de gente esperando afuera”.

Hughes se casó joven. Su divorcio fue un desmadre que le rompió el corazón y lo llevó directo al peligroso sendero del alcohol y las drogas. En ese momento fue que Homme se interesó por algunas de las canciones que había grabado con su computadora. “¿Hay más?”, le preguntó.

“El primer disco lo escribí basándome en el consejo de Barry Manilow, el cual fue: ‘cada tema es una canción comercial pop’”, dice Hughes. “No hay ningún problema si estás robando, siempre y cuando seas honesto al respecto. Yo no robé de gente que hace mala música. Todas las canciones ya fueron escritas en mi opinión, así que por qué hacerlo difícil. No voy a tratar de ser como Poison, voy a intentar ser como los Stones. Por lo menos así me imagino que estoy mejorando mis posibilidades”.

Pero en los primeros años de la década del 2000, entraba en una industria que ya experimentaba un cambio tectónico en los hábitos de consumo y de distribución. Con la paranoia galopante en el negocio de la música, amplificada aún más por este cambio. Guiado por libros de autoempoderamiento de Robert Green, (un favorito de los empresarios del rap como Jay Z) el enfoque de Hughes es metódico. Sin embargo, fue su inclinación hacia la provocación lo que impulsó su fama. Tras el segundo álbum, Death By Sexy en 2006, la banda fue invitada a la gira de Guns N’ Roses. La primera noche en Cleveland terminaría en una infamia del rock. Después de su presentación llegó Rose y le preguntó a la multitud qué les parecían “Pigeons of Shit Metal” (palomas de metal de m*****) y dijo que los había corrido de la gira. 

“Tuve un momento de pánico pero me di cuenta que quería que Axl me odiara”, dice ahora. “Sabía que lo necesitaba”.

El rancho está lleno de distracciones que les resultan agradables. Ya sea fuera en el campo de tiro al aire libre o dentro, en la casa donde la novia de Hughes, Tuesday Cross, se distrae viéndolos tocar.   

El líder de los Foo Fighters, Dave Grohl, ya un amigo de Homme y Hughes, se pronunció públicamente a favor de la banda. Dos años después, EODM lanzó Heart On. Su single para sacudir las caderas, “Wannabe in L.A.”, podría ser lo más cercano a un éxito global de la banda. De hecho lo fue en Guitar Hero 5. Pero para Hughes el éxito de EODM se define por la dominación de las estaciones de radio, estadios a reventar y más y más exposición en todos lados. Es por eso que los anuncios como “Winner Stays” de Nike –que actualmente cuenta con más de 70 millones de visitas en YouTube y una serie de comentarios que preguntan por la canción que suena de fondo– son tan importantes. (La respuesta: “Miss Alissa”, de Eagles of Death Metal).

“En la mente del ejecutivo promedio de radio, diez millones (visitas) sigue siendo un disco de platino”, comenta. “Incluso cuando en este caso te están viendo la cara. Pero cuando ven 71 millones para ellos representaría siete discos de platino. Esta m***** va a cambiar su vida”.

“Yo sabía que quería que Axl Rose me odiara. Lo necesitaba” 

El sol a principios del verano es tan fuerte que comienza a hacer sudar a las lagartijas y la temperatura asciende a unos 37 grados Celsius, cuando Hughes se encuentra con su amigo y guitarrista Dave Catching en el estudio de grabación Rancho de la Luna. En realidad, todavía no ha llegado. Se le hizo tarde. 

“Es un p*nche genio, pero se mueve a su propio ritmo”, comenta Catching, un hastiado veterano del rock y propietario del rancho: una casa y estudio con un encanto algo destartalado, en 30 acres de desierto vacío. La barba de Catching lo hace parecer un poco a Santa Claus o a un asistente de los ZZ Top. Ha tocado con los Eagles of Death Metal en todas sus giras salvo en dos. 

“Nuestro público son mitad chicos y mitad chicas”, dice. “En muchas de mis otras bandas hay un montón de chicos en los conciertos que no bailan y no es tan divertido. Jesse da el 100% para fomentar que lo hagan. Es el mejor líder de una banda que jamás he visto”. 

Hughes viene en el Scion con Cross. Ahora artista y música, ella está junto a Hughes desde hace cinco años. Es la contracara tranquila frente a la presencia eléctrica de Hughes. “Tuesday es la gran locura de mi vida”, dice. Las pistolas Wild Bill Hickok fueron un regalo para ella.

Hughes saluda a Catching y ambos pierden algo de tiempo con un tomahawk (hacha de guerra) que sacó del auto antes de zambullirse en el interior del estudio. En una habitación cubierta de baratijas de tienda de segunda mano, esqueletos de muñecos y muchas, muchas guitarras y pinturas cursis, Hughes conecta su iPhone a la consola de mezcla y pone algunas canciones del nuevo álbum.
Las escondió de las miradas indiscretas en una carpeta llamada Tony Robbins, convencido de que: “¿Quién va a querer echar un vistazo en una carpeta llamada Tony Robbins?”.

Si llegara a ese punto, este hombre podría volverse un serio problema: un religioso elocuente, teórico en contra del cambio climático, con una opinión a favor de las armas, que hace música para bailar y para compañías de calzado deportivo.

Pero eso es el futuro. Ahora, Hughes está trabajando en el primer álbum de los Eagles después de más de cinco años. Ya escribió las canciones, las escribió en 2012 pero estaba esperando el momento adecuado para ponerlas en un disco. 

“El momento tiene que ser el correcto. Al estar de gira, si sé que puedo llenar un lugar para mil personas, mejor rento uno para 500, porque se ve mejor tener un montón de gente esperando afuera”.

“Tienes que matar al rock y violar al roll”

 Hughes se casó joven. Su divorcio fue un desmadre que le rompió el corazón y lo llevó directo al peligroso sendero del alcohol y las drogas. En ese momento fue que Homme se interesó por algunas de las canciones que había grabado con su computadora. “¿Hay más?”, le preguntó.

“El primer disco lo escribí basándome en el consejo de Barry Manilow, el cual fue: ‘cada tema es una canción comercial pop’”, dice Hughes. “No hay ningún problema si estás robando, siempre y cuando seas honesto al respecto. Yo no robé de gente que hace mala música. Todas las canciones ya fueron escritas en mi opinión, así que por qué hacerlo difícil. No voy a tratar de ser como Poison, voy a intentar ser como los Stones. Por lo menos así me imagino que estoy mejorando mis posibilidades”.

Pero en los primeros años de la década del 2000, entraba en una industria que ya experimentaba un cambio tectónico en los hábitos de consumo y de distribución. Con la paranoia galopante en el negocio de la música, amplificada aún más por este cambio. Guiado por libros de autoempoderamiento de Robert Green, (un favorito de los empresarios del rap como Jay Z) el enfoque de Hughes es metódico. Sin embargo, fue su inclinación hacia la provocación lo que impulsó su fama. Tras el segundo álbum, Death By Sexy en 2006, la banda fue invitada a la gira de Guns N’ Roses. La primera noche en Cleveland terminaría en una infamia del rock. Después de su presentación llegó Rose y le preguntó a la multitud qué les parecían “Pigeons of Shit Metal” (palomas de metal de m*****) y dijo que los había corrido de la gira. 

“Tuve un momento de pánico pero me di cuenta que quería que Axl me odiara”, dice ahora. “Sabía que lo necesitaba”.

Hughes junto a su amigo y guitarrista Dave en los estudio de grabación del Rancho de la Luna.

Las pistas están todas sin las voces. Una recuerda a “Hollaback Girl” de Gwen Stefani, otras suenan al más puro swamp rock de Nueva Orleans. Hughes canta en voz baja los estribillos, mientras se pone de pie junto a la consola moviendo sus piernas y fumando en todo momento.

El cómico Andrew Dice Clay tenía un personaje de película con el nombre de Ford Fairlane; el detective del rock n’ roll. Hughes vio la película en 1990 y quedó influenciado por su arrogancia. “Tomé la regla de que la gente sólo sabe lo que tú le dices y me la tomé muy en serio”, dice. La imagen de Hughes es un homenaje de ironía al pasado: un poco de Joan Jett, un poco de rockabilly. 

En cierto modo, es una lástima que Hughes no haya nacido una década antes, con la oportunidad de hacer estragos en el panteón del rock junto a artistas de la talla de Freddie Mercury o David Bowie. ¿Por qué está aquí ahora justo cuando el rock se está desvaneciendo y muriendo? Por supuesto que Hughes también tiene una respuesta para esto.

“Tal parece que los dioses del rock han invertido en mí para mantener viva la llama”, dice. “Eso está muy bien, por eso estoy ardiendo”. De fondo suenan los acordes de “I Believe (When I Fall in Love It Will Be Forever)” de Stevie Wonder. Hace una pausa, el predicador continúa con su sermón más querido: “Tienes que matar al rock y violarte el roll. Tienes que estar realmente excitado. Tienes que creerlo de verdad. Tienes que vivirlo. Yo creo que los héroes son importantes… creo en el baile”.

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5 2015 The Red Bulletin

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