Pete Bethune

Pete Bethune, el capitán planeta

Texto: Andreas Rottenschlager
Fotografías: Jonas Bendiksen

El neozelandés Pete Bethune ganó mucho dinero como ingeniero en una plataforma petrolera. Luego renunció a su carrera y a su familia para hacer lo que lo hace feliz:  con un puñado de soldados de élite, caza a los contrabandistas de animales en la selva y en alta mar   

El bote de Pete Bethune se precipita sobre las olas en el Océano Pacífico a cinco millas marinas de la isla filipina de Palawan, un proyectil negro, con un rugiente motor fuera de borda. Bethune, con la cara al viento y los ojos entrecerrados, se sujeta con fuerza a las amarras de proa.

Detrás de él están agachados cuatro hombres con ropa camuflada y cascos de combate. Sus ojos se fijan en un movedizo pesquero azul en el horizonte, en la cubierta se mece un mástil de bambú al ritmo de las olas. El bote neumático de Bethune persigue al barco desde el estribor. Cuando lo alcanza, Bethune da la orden de abordar.

Pete Bethune

Bethune (derecha) aprendió el abordaje de barcos durante su época con los militantes de la organización protectora de animales Sea Shepherd.

Ahora todo tiene que hacerse rápidamente. Cuatro hombres aparecen uno tras otro por la barandilla del pesquero. Uno asegura la popa y dos se posicionan en la cubierta de proa. Bethune se precipita en la cabina de mandos: “¡Manos arriba!” grita. El capitán, con camiseta naranja y chancletas, pone sus manos sobre el timón. Durante un largo lapso, ambos se miran fijamente antes de hablar. 

“Un buen adversario”, dice Bethune. El capitán sonríe. Es una tarde calurosa a fines de marzo, en la que Pete Bethune y su equipo practican el abordaje de naves enemigas. Durante cuatro horas atacan al pesquero una y otra vez, suben a bordo, arrestan a la supuesta tripulación, vuelven a saltar al bote neumático y el juego inicia una vez más. La práctica les vendrá bien pronto. “Descanso de veinte minutos”, dice Bethune. “Luego vamos a practicar cómo apresar a la tripulación”.

Pete Bethune no es un ambientalista común. Este neozelandés persigue delincuentes ambientales. Sus herramientas de caza son los hombres en su bote neumático: todos ellos ex soldados de comandos. Matt, de 34 años y Tim de 25, formaron parte de los marines de EU, Phil, de 27, sirvió como teniente en los Seals, Stéphane, de 48, fue paracaidista del ejercito francés y antes de comenzar a trabajar para Bethune, era guardaespaldas de reporteros de televisión en Siria.

Bethune tiene su unidad estacionada durante cuatro meses en Palawan, para dar caza a los pesqueros ilegales, cazadores furtivos y contrabandistas de animales. Un pequeño equipo de filmación documenta sus misiones, que salen en televisión bajo el título de The Operatives. Se trata de una unidad de comando para la protección del medioambiente. Sin armas. Con adversarios reales. Bethune financia las misiones a través de donaciones. “Apoyamos a las autoridades ambientales en los países en desarrollo”, dice Bethune, “ofrecemos la tripulación y la tecnología de vigilancia. Las detenciones las llevamos a cabo en conjunto”.

La idea se le ocurrió a Bethune por la noche en la cárcel: ¿Se pueden formar ecologistas con soldados élite?

Bethune, sentado en la compuerta de carga de la cubierta se saca la camiseta y se la envuelve en su cabeza calva como si fuera un turbante. Tiene 50 años, una cara angular y la figura de un kick boxer. Cada semana se sienta durante varias horas en la bicicleta fija. Al amanecer hace flexiones en la playa.

Bethune fundó los Operatives en 2011 para presionar a los gobiernos a través de los medios de comunicación. Sus hombres filmaron la matanza de focas en la costa de Namibia (no apto para impresionables, Bethune Seal Hunt en YouTube), rastrearon con drones a los pesqueros ilegales y dieron caza a los buscadores de oro en Costa Rica. El equipo de filmación de Bethune fue atacado con rifles de asalto AK-47 mientras hacía su trabajo.

“¿Será mejor el mundo porque yo vivo en él? Creo que sí”
Pete Bethune (50), ecoactivista

En el pesquero, se inicia la segunda sesión de entrenamientos. Los soldados de Bethune le enseñan a los hombres de la guardia costera cómo buscar sospechosos y capturarlos. 

A Matt Griffin, el marine de EU, le gusta el death metal noruego y los tatuajes; que incluyen unos nudillos de acero y la cabeza de una cabra en su espalda. Phil, el Seal de la marina, que no quiere leer su nombre en la revista, es un hombre fornido, con barba y largas pestañas. Un interlocutor sorprendentemente elocuente cuando conversa. Aunque por lo general permanece callado. 

Matt cruza los brazos de Phil por detrás de su cabeza y grita: “¡Al suelo!” Phil se queda inmóvil. Matt le da una patada en la rodilla. Phil cae al suelo. Matt se arrodilla sobre él y presiona sus rodillas sobre las piernas y el cuello de Phil. Luego saca unas abrazaderas de plástico y ata las muñecas de Phil. Los hombres de la guardia costera asienten en silencio. Bethune cuenta que en 2011, dos marineros surcoreanos fueron apuñalados por pescadores ilegales chinos cuando intentaban arrestarlos. “Desde entonces vamos a lo seguro”.

Pete Bethune

Pausa en la cubierta: los ambientalistasStéphane Rousseau (izq.) y Bethune a bordo del pesquero. Desde hace cuatro horas practican el abordaje del barco.

EN PRISIÓN EN JAPÓN

El camino de Bethune hasta ser el líder de esta unidad de comando se lee como si se tratara de un libreto extraño: estudió ingeniería en Nueva Zelanda y trabajó en una plataforma petrolera. Ganó mucho dinero, pero se aburrió. Así que construyó un bote de alta velocidad y con él marcó en 2008 el récord de la vuelta al mundo más rápida sobre un bote a motor. Navegó durante cuatro años alrededor del mundo.

“He visto cómo la gente destruye los océanos”, dice Bethune. “En Fiyi los barcos de pesca se meten por las reservas marinas sin que nadie los moleste. En Filipinas los pescadores inyectan cianuro entre los corales para matar más rápido”.

“Una vez que el gobernador da el visto bueno, mis hombres aparecen por la puerta” 
Pete Bethune

Bethune fue contratado como capitán de Sea Shepherd, la radical organización de EU protectora de animales. Allí bloqueó barcos balleneros en la Antártida y le disparó a los pesqueros con ácido butírico. En enero de 2010, un barco de 490 toneladas que acompañaba a la flota japonesa embistió contra su bote. Sobrevivió a duras penas. Las imágenes del incidente dieron la vuelta al mundo.Bethune no se desanimó con esto, por el contrario, decidió abordar el barco.

Con una moto de agua, se dirigió de noche hacia un lado del buque, trepó a cubierta y confrontó al capitán. Bethune fue arrestado y llevado a Tokio, donde permaneció durante cuatro meses en una prisión de alta seguridad a la espera del juicio por vandalismo y el abordaje ilegal. Dormía sobre una estera delgada, su celda medía tres metros por uno y medio. Por la noche caminaba a lo largo de las paredes para mantenerse en forma. Una vuelta de diez pasos… mil vueltas noche tras noche.

La idea de los Operatives se le ocurrió alguna vez durante sus caminatas. “En la cárcel estuve pensado mucho acerca de la efectividad”, dice Bethune, “quería crear mi propia unidad, pero no de manifestantes, sino de profesionales. Hombres que puedan rastrear barcos y abordarlos de forma eficaz”.

 

En julio de 2010, Bethune fue puesto en libertad condicional. Un amigo del ejército le consiguió contactos de ex soldados. Bethune los contactó por Facebook y les ofreció 200 dólares por día de salario. Para cada una de sus misiones forma un nuevo equipo, no hay escasez de candidatos: para las misiones en Asia de finales de 2014 se postularon cerca de cien ex militares. Bethune eligió cuatro y voló a Palawan con ellos.

Entretanto, sobre el barco de pesca azul frente a Puerto Princesa, los hombres de Bethune se preparan. Bethune quiere abordar el barco una vez más. Por la noche, de vuelta en Puerto Princesa, Bethune desembarca, se sube a su jeep y se dirige hacia el norte a través de la capital de la isla; un paraíso para mochileros, lleno de mototaxis.

SALVADOR DE ESPECIES

El viaje desde el puerto a la ciudad, a través de un camino rural y de tierra que lleva al escondite de los Operatives, demora unos 30 minutos. Tiene una playa salvaje al este de la isla y por el lado del mar está cubierta de manglares que ocultan el campamento. Todos duermen en chozas de bambú entre las palmeras. Bethune camina descalzo por la arena. Su choza, construida sobre pilares de madera, es el centro de control.

Puerto Princesa es un núcleo del comercio ilegal de mascotas en Asia, dice. “Desde aquí se envían a China tortugas de mar y pangolines. Ambas especies están protegidas”. La carne del pangolín, un insectívoro similar al tejón europeo, se considera un manjar en China. Ningún otro mamífero se comercia ilegalmente más que él. Hace dos años la guardia costera de Filipinas descubrió un carguero chino con 3,000 especímenes muertos.

Pete Bethune

La unidad especial de ecologistas de Bethune entrena el abordaje de barcos (con replicas de rifles de asalto M4), frente a la isla filipina de Palawan.

Desde hace dos semanas los Operatives vigilan a un comerciante en las afueras de Puerto Princesa. Quieren confirmar la sospecha de que contiene animales protegidos en sus contenedores. “Durante el día filmamos su almacén desde el aire con un drone. Por la noche dos soldados acechan la propiedad”. Bethune sonríe. “Además, escondimos un rastreador GPS en su barco”.

¿Cómo llegar de forma desapercibida hasta un barco de contrabandistas? “Esto lo hace Phil”, dice Bethune, “nuestro Seal de la marina. Nadó hasta el puerto por la noche, se subió a bordo, se subió al mástil y fijó el transmisor cuando la tripulación dormía en cubierta. Al cabo de 20 minutos estaba todo listo”.

En el campamento, Bethune abre su laptop. En la pantalla aparece una carta náutica. Una línea roja conduce desde Puerto Princesa hacia el norte del Pacífico. “Podemos rastrear el barco en tiempo real. Hemos notado que una vez a la semana hace un desvío hacia el Oeste, entrando bien en el océano. Este barco está registrado como pesquero de costa, no debería estar allí. Creemos que tiene contactos con otros barcos en alta mar”.

Pete Bethune

Reunión de equipo en el escondite de los ambientalistas: Bethune consulta con el Seal de la marina Phil (izquierda) y el soldado estadounidense Tim (derecha).

Si el gobernador de la isla emite la orden de allanamiento, los Operatives se lanzan al almacén de los contrabandistas o capturan a la tripulación en el mar. Bethune quiere enviar a Matt, el marine “death metal”, con los hombres de la guardia costera. Lo llama “nuestro hombre que aparece por las puertas”.

A la caza: las 4 reglas de Bethune en una misión ecologista   

Escruta tu personal
Antes de planificar misiones en el extranjero, Bethune comprueba la integridad de las autoridades locales con un laboratorio de ideas.

Aplica alta tecnología
Bethune montó cámaras infrarrojas en drones militares para buscar las fogatas de los cazadores furtivos en la selva. 

Adáptate
En lugar de lanchas rígidas, utilizan botes Zodiacs. Los botes inflables son más fáciles de maniobrar y de ocultar. 

Aprende de la élite
Bethune elige a sus soldados de acuerdo al potencial que le aportan a su equipo.

 Pete Bethune casi se ahoga en 2013 durante una inmersión frente a Costa Rica. Durante sus misiones le dispararon en cuatro países diferentes. En Palawan, después de un patrullaje por la selva, terminó en el hospital, con una fiebre aparentemente producida por el dengue. ¿Por qué un hombre de 50 años hace estas cosas? ¿Por los pangolines?

“Siempre me he preguntado si el mundo es un lugar un poquito mejor porque yo vivo en él”, dice en su choza de bambú al final de un largo día. “Creo que será un poco mejor si persigo a los pescadores ilegales y a los contrabandistas”.

Pete Bethune no tiene dinero como particular. Su casa se la dejó a su ex esposa. La ropa que tiene cabe en cuatro bolsas de plástico. Viaja por el mundo con tres uniformes militares camuflados, dos pares de borceguíes y una camisa blanca bien planchada. Los trajes camuflados los usa en el trabajo, la camisa cuando se presenta frente al tribunal. Pete Bethune dice que la felicidad llega cuando has encontrado algo por lo que vale la pena luchar.

Este neozelandés renunció a su trabajo de ingeniero en una petrolera y con soldados de élite, caza a los contrabandistas de animales en la selva y en alta mar.

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07 2015 The Red Bulletin

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