The Zombie Kids

Incendiarios

Texto: Andreas Rottenschlager
Fotografía: Yuky Lutz

Barcelona vive la música electrónica como el futbol. El Razzmatazz es el Camp Nou y The Zombie Kids son Messi y Neymar Jr. El ataque decisivo comienza a las 3:30 de la madrugada  

El que quiera comprender cómo funciona la música en la actualidad debería fijarse en cómo The Zombie Kids produjo su primer éxito. “Face”, video subido a YouTube en mayo de 2011, comienza con el sonido de un teclado, a continuación, la cámara enfoca al cantante: negro, calvo y con dientes de plata. Chamarra de cuero con plumas en los hombros y el torso desnudo. En principio, esto es un poco: hmmm. A los 16 segundos comienza a cantar. A los 19 segundos sabes que el tipo que canta logró hacer un hit.

En The Zombie Kids se encargan del acompañamiento rítmico: Cumhur Jay al sintetizador y Edgar Candel Kerri al bajo. Jóvenes vestidos con camisetas de colores bailan. Ellas son bonitas y los hombres están tatuados. El video verifica los gustos de la banda. “Rodamos el video en la sala de estar de Jay”, dice Edgar. El cantante se llama Aqeel y en 2011 era un desconocido. Nos gustó la ropa que usa. Así que lo dejamos”.

The Zombie Kids ahora son estrellas. Esa canción les valió 3.2 millones de clics en YouTube, un contrato con Universal, otro publicitario con la cervecería más grande de México y un premio MTV.
El que quiera contratar al dúo debe ofrecerle una habitación cinco estrellas y un menú vegetariano. Los billetes de avión con Ryan Air ya no se aceptan.

¿Este éxito tiene alguna explicación? “Seguimos una vieja premisa del punk”, dice. “Haz todo tú mismo”. 

de entre los muertos

Una noche de agosto en Barcelona. Edgar Candel Kerri y Cumhur Jay descansan en el sofá del apartamento de Edgar; paredes blancas y una enorme pantalla plana. Los Zombie Kids están algo cansados. Han pasado los últimos tres años de gira. Tocaron en Abu Dhabi y rodaron varios videoclips en Guatemala. Realizaron 26 conciertos en los últimos 30 días. Al mismo tiempo están un poco tensos. Esta noche tocan en el Razzmatazz, algo así como que el FC Barcelona juegue en el Camp Nou. “Un partido de local”, dice Edgar y señala en la pantalla plana un partido amistoso de la Primera División.

Edgar, 35 años, las cejas arqueadas y bermudas de surfista. Antes tocaba en una banda de hardcore, con la que realizó giras en autobuses destartalados por toda Europa. Tiene tatuajes por todo el cuerpo. En los nudillos de la mano derecha tiene tatuadas las letras: P - U - N - K.

Jay tiene 34 años, la barba negra y una gorra de beisbol puesta al revés sobre su cabeza. Estudió Economía en Londres, pero se gastó todo su dinero en discos. Jay es el encargado del sonido de la banda. También tiene tatuado los brazos y las piernas, pero viste una camisa de manga larga cuando negocia los contratos. “Una apariencia discreta siempre ayuda”, dice. 

 

“Los chicos escuchan house, rock y rap, todo mezclado. Producimos música para la generación Spotify”
Edgar

Ellos son ya famosos por los excesos de sus shows en vivo: bañan de champaña al público y visten al cantante con extraños trajes. En Madrid arrojaron 6,000 billetes de un dólar a la audiencia. Jay: “La gente creyó que eran falsos y continuó bailando”.

Su carrera es una rebelión contra los límites estilísticos. “Producimos música para la generación Spotify”, dice Edgar. “Los chicos escuchan house, rock y rap, todo mezclado. Los DJ nos dedicamos a mezclar diferentes estilos de música o a revivir viejos estilos. Como zombis que regresan de entre los muertos”.

En los álbumes del dúo hay himnos inmortales de las fiestas, como “Spanish Sauce Mafia” junto a temas contundentes de rap, “Broke”. En sus videoclips cantan hipsters en pantimedias rosas, raperos con dreadlocks y perros de pelea.

The Zombies kids

Cumhur Jay (a la izquierda) y Edgar Candel Kerri encienden una de las más conocidas salas de la capital barcelonesa. 

Backstage 

Una de la madrugada. Edgar y Jay están en un taxi camino al Razzmatazz, que se encuentra en una antigua zona industrial de Barcelona llamada Poblenou. El club fue inaugurado en 1986 en una antigua fábrica de hilados. El camerino huele a sótano. Tiene paredes de azulejos, un sofá rojo desgastado y se ven latas de cerveza en una nevera destartalada.

“Debes atrapar a la gente en el clímax de la noche, entre las tres y las cuatro de la madrugada”
Jay

¿De qué se trata esta noche? “No hay un mejor trampolín que Barcelona para hacer una carrera internacional”, dice Jay. Esto se debe a los festivales de música electrónica como Sónar y Primavera, que imponen nuevas tendencias cada año y atraen a las estrellas internacionales a la ciudad.

En Razzmatazz el nivel de las actuaciones principales es alto, dice: “En una buena semana vienen aquí A-Track, Fatboy Slim y Diplo. La gente gusta de un nivel top. El público es muy crítico”. ¿Cuál es la regla principal para los DJ en Razzmatazz? “Debes atrapar a la gente en el clímax de la noche, entre las tres y las cuatro de la madrugada”.

 

Fuego

A las 2:30 horas Jay conecta su pen drive de 32 gigabytes en la tornamesa de DJ que está en el escenario, 929 canciones, munición suficiente como para un set de dos horas y media. Edgar y Jay arman la lista de reproducción espontáneamente. Al borde del escenario, su equipo trae y lleva cosas; cañones de confeti, máquinas de humo y dos botellas de Moët. 

Luces fuera. La primera canción suena en las bocinas; una versión de DJ Assault, amplificada por 13,000 watts. La canción se llama “Suck my motherfucking Dick”. 2,000 personas se agolpan frente a la cabina del DJ, casi todos son menores de 30 años. Edgar y Jay hacen un remix de “Billie Jean”. La voz de Michael Jackson se mezcla con otros ritmos y aceleran la velocidad al doble de tiempo.

The Zombie Kids calientan el lugar. La hora decisiva inicia en el Razzmatazz con un cambio de ritmo. Exactamente a las tres de la madrugada, la hora indicada, Edgar y Jay incrementan el número de beats por minuto de 100 a 128 bpm. Y ahora el público se convierte en una gran ensalada de manos extendidas, con los teléfonos celulares listos. Edgar está despatarrado detrás de la tornamesa como un pistolero listo para el duelo. 

Razzmatazz

En el Razzmatazz no hay un código para vestir. Sin embargo, unos shorts sexys siempre son muy adecuados para el lugar.   

3:30 horas: Jay y Edgar ponen una nueva canción de Aqeel, el cantante de “Face”, el video al que le deben toda su fama. La canción se llama “Fire”. 2,000 personas cantan el estribillo: “Got me burning inside like fire”.  

The Zombie Kids encienden el club. Máquinas de confeti lanzan purpurina dorada. Edgar rocía a la multitud con champaña. El DJ y el público son una sola persona. Y encima del escenario bailan mujeres jóvenes. Sin embargo, el fan más emotivo en el lugar ni siquiera las mira. Pallis Lyons, de 30 años y pelo rizado, viajó 17,000 km desde Sídney para ver a The Zombie Kids. Jay le consiguió un pase para el backstage. Pallis está de pie junto a la cabina del DJ y toma varias fotos con su celular. “Los Zombies iban a tocar en Australia”, se queja. “Pero no fue posible. Así que pensé: no me importa, yo voy a viajar entonces”.

Una segunda lluvia de purpurina cae sobre la multitud. La fiesta dura hasta las cinco de la mañana. A las 5:15 Edgar y Jay están sentados en su camerino. El partido de local en Barcelona llegó a su fin. Gran victoria en casa. Jay dice, sólo puedes ser mejor cuando haces muchos conciertos. Edgar dice que en ocasiones no sabe en qué ciudad se despierta. De cualquier modo sonríe al despedirse. En 2014 los Zombie Kids harán en total 200 conciertos en diferentes clubes. En ocho horas despega su avión hacia Madrid.

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12 2014 THE RED BULLETIN

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